LA RESONANCIA global de una figura como Gustavo Santaolalla se dimensiona en el nivel de críticas que recibe. Se dice que el músico, compositor, multiinstrumentista y productor argentino se apropió de caminos de otros, se hizo protagonista para elevarse por sobre otros músicos y gestores. Solo a los gigantes se los ataca así. Y eso es, un gigante.
Nacido en 1952, Gustavo es imperfecto como todos, pero también es una incansable fuerza artística que sigue sumando hitos a una carrera de décadas ejerciendo influencia mística en la escena latinoamericana. Ha inspirado a generaciones diferentes y ha llegado a oídos de públicos distintos, desde lo que sembró en Argentina, donde fue un precursor del progresivo y, luego de regresar tras la caída de la dictadura, conjurar la banda de tango electrónico Bajofondo y otros proyectos.
Pero también desde lo mucho que cultivó desde Estados Unidos, con su música propia y la de otros. En los años noventa y dos mil, en su casa adoptiva, Los Ángeles, produjo e impulsó trabajos generacionales de Café Tacvba, Puya, Molotov y Fobia (que viene al Cordillera2026), y solistas como Julieta Venegas y Juanes.
Todo sucedió mientras comenzaba a abrirse paso en el mundo con sus composiciones. En estas, que tomaron vuelo en discos solistas y en bandas sonoras como las de Amores perros, Diarios de motocicleta y The Last of Us, su fenómeno global más reciente, se hizo clave un instrumento. No sabía que con el ronroco se tomaría el mundo y crearía todo un plano sonoro que nace de lo andino, pero se despoja de fronteras. No obstante, eso hizo. Y a ese instrumento y al disco que le cambió la vida, que bautizó Ronroco y lanzó en 1998, les rinde homenaje en la gira que lo verá volver a Colombia.
El ícono, confeso fan de la cumbia y del ajiaco, tocará el 27 de agosto en el Teatro Pablo Tobón en Medellín y el 29 en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán de la capital. Desde su base en Los Ángeles, esto le dijo Arcadia.
ARCADIA: La cultura parece amenazada en Estados Unidos, en Argentina, en Colombia. ¿Cómo vive ese presente?
GUSTAVO SANTAOLALLA: Lo vivo como todos los que de alguna manera estamos despiertos y tenemos memoria, los que más o menos sabemos cómo operan determinados grupos en el mundo, con preocupación, por supuesto. Pero también con esperanza. Mi mirada me hace pensar que el bien triunfa, por simple que parezca. Con la capacidad que tenemos de destruirnos, si no hubiera una contraparte del bien, ya hubiera pasado algo peor, y no ha pasado. Hay fuerzas realmente muy negativas, pero también hay otras que las contrarrestan.
Y también hay que pensar que son fases y momentos que la humanidad tiene que vivir. Hay muchas cosas de las que no se hablan en los medios, como la precesión de los equinoccios, un movimiento de la Tierra girando en su propio eje, ¡un fenómeno que se repite en bucle cada 26.000 años, y estamos en los fines de una de esas etapas!
ARCADIA: Esa esperanza es algo a qué aferrarse y desde la cultura es esencial.
G.S.: Es clave. Las artes le permiten a la gente mantener la cordura. O sea, la posibilidad de crear. El hecho de poder pensar que en una casa puedes entrar por la chimenea, o que un árbol puede crecer al revés con la raíz para afuera, hace que puedas mantener la cordura, evita que la gente se vuelva loca. Por eso, una de las primeras cosas que atacan los Gobiernos y los dirigentes de corte más fascista es al arte, porque precisamente es eso lo que no quieren, una libertad que te haga mantener la cordura.
En estos momentos, las artes y la música, con su lenguaje universal, a veces carente de palabras (cuando es música instrumental) pero súper elocuente, son un gran instrumento, una gran herramienta para hacerle frente a todas estas situaciones.
ARCADIA: Cuando le dicen Colombia, ¿qué le viene a la cabeza?
G.S.: Me viene una gente vibrante y una música increíble. Han creado la cumbia, una música que yo comparo con el reggae porque viene de un lugar, pero se ha propagado por todo el mundo. Pero la cumbia supera al reggae, porque vas a ver bandas de reggae y en todo el mundo tratan de sonar a Jamaica. En cambio, la cumbia adopta formas propias en cada lugar desde la raíz, que es la cumbia colombiana. Tienes la cumbia villera en Argentina, la cumbia norteña en México, la cumbia rebajada en Monterrey. Valoro ese logro musical de Colombia, ¡y tengo que poner en la lista al ajiaco, uno de mis platos favoritos de la vida!
ARCADIA: Trae su Ronroco Tour, una oda a este instrumento y a un disco que le cambió la vida. ¿Qué puede esperar la gente?
G.S.: Es muy distinto a mis espectáculos anteriores, que siempre han estado signados por un gran eclecticismo, en lo estilístico y en lo sónico. Nunca había hecho un concierto así, alrededor de un hábitat sónico, y fue un gran desafío para mí. Si bien en el eclecticismo de los shows pasados incluía dos o tres temas de Ronroco, nunca había hecho todo un concierto entero. Hicimos pruebas hace dos años; armé una banda, pues quería ver si funcionaba con otra gente, ya que en el disco lo hice solo. Y me encantó. El año pasado hicimos una gira por Europa, tocando en lugares increíbles, como el Concertgebouw en Ámsterdam y la Elbphilharmonie en Hamburgo, probablemente el teatro más moderno de Europa, ambos en sold out.
Lo que pasa con la gente en el concierto es muy especial y distinto a todo; es difícil de contar, ¡tienes que vivenciarlo! Y nace celebrando los 28 años de lanzar ese álbum que me abrió las puertas al cine y que me mostró otro camino para llegar a la fuente de donde tomo la inspiración. Con el ronroco realmente descubrí un camino que me llevó muy profundo a la fuente y, hasta el día de hoy, cuando tomo el instrumento, siento esa conexión. Yo estaba en deuda con el instrumento y con el álbum.
ARCADIA: La música instrumental habla como las palabras no logran hacerlo, y eso hay que experimentarlo…
G.S.: Y siempre he tenido experiencias hermosas tocando en Colombia, tanto en Bogotá como en Medellín, pero esta va a ser muy especial por lo que llevo, un concierto al que invito a la gente porque lo hacemos juntos.
ARCADIA: Ha producido discos icónicos, creado bandas sonoras memorables, ganado premios Óscar, Bafta, Grammy. ¿Algún logro lo marca más?
G.S.: Es difícil decirlo. He producido más de 100 álbumes y no tengo ninguno que esconder. Sería muy ambicioso pensar que te van a gustar todos porque mi trabajo es muy diverso, incluso generacionalmente, ya que he trabajado con gente muy joven y con los más grandes del tango, gente de 90 años. He hecho de todo: folclore, tango, rock, hiphop. Y no hay ningún trabajo que esconda porque en todos puse mi pasión y mi amor por lo que hago. Todos son, de alguna manera, como hijos, y decir cuál es tu hijo favorito es muy difícil...
Hay muchos momentos importantes en mi vida, y Ronroco es uno, que se dio en etapas: desde que descubrí el instrumento y compuse canciones hasta cruzarme con Jaime Torres (folclorista argentino, murió en 2018), que fue el que me dijo que tenía que sacar esto. El álbum reúne grabaciones que yo hice en un periodo de 13 años. Después vamos desde The Insider (de Michael Mann, primera vez que su música se usó en una película) y Amores perros hasta The Last of Us. Desde descubrir el instrumento hasta ser apadrinado por Jaime, que no solamente avaló que yo tocara con una técnica totalmente distinta a como tocan ellos, sino que también avaló mi búsqueda de que el instrumento trascendiera la música folclórica de la que proviene.
Yo hago cosas que de pronto son de carácter andino, pero nadie jamás ha venido a decirme: “Qué lindo instrumento andino que tocas”. Y eso es fruto del trabajo de Jaime y mío, porque Jaime tampoco quería que escucharas el instrumento y dijeras: “Ah, ¡un carnavalito!”. No, el instrumento carga peso propio, condiciones muy especiales por el registro y el sostén que tiene, que el charango no tiene. Es un instrumento increíble que no es ni una guitarra ni una mandolina; es maravilloso.
ARCADIA: Vamos pasando de la era del Spotify y TikTok a la era de la música hecha por inteligencia artificial. ¿Cómo asimila usted este momento y esa herramienta?
G.S.: Cuando llega algo nuevo siempre hay una revolución, pero esto es totalmente distinto. Antes la gente decía: “No, la música de antes era mejor”, y venían los jóvenes con una cosa distinta… pero aquí estamos frente a la inteligencia artificial y la genética, algo que va a llevar a que seamos distintos dentro de 50 años. No solo cambia la historia, cambia el ser humano. Las personas vamos a ser irreconocibles. “We are the last of us”. Imagínate.
Dentro de 50 años no vas a reconocer a una persona actual, y dentro de 80, menos... Eso es muy fuerte. Y, por supuesto, como en toda transformación, hay un periodo de transición. La utilización de la inteligencia artificial también va a producir otro tipo de agudeza. Por ejemplo, he notado qué facilidad tienen los chicos jóvenes para reconocer algo que está hecho con inteligencia artificial. Una persona adulta dice: “Ah, me parece real”, y un chico más joven dice: “No, esto es inteligencia artificial”. La agudeza también va a pasar por ahí…
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