NACIDO EN PAMPLONA en 1955, ensayista, poeta y musicólogo de merecido reconocimiento, el español Ramón Andrés es una de las figuras más influyentes del pensamiento humanista actual, una posición que ha logrado desde una obra en la que dialogan música, filosofía, literatura y espiritualidad. Su trayectoria incluye trabajos que exploran la condición humana desde una mirada crítica y reflexiva, como Filosofía y consuelo de la música (Premio Nacional de Ensayo en España), Semper dolens y El mundo en el oído, entre varios otros textos vastos y cautivantes, publicados por Acantilado (cuyas ediciones, encima, son preciosas). En charla con él, en el marco de una Filbo que recién terminó, esto nos dijo.
ARCADIA: ¿Cómo lee este presente?
RAMÓN ANDRÉS: No es nuevo decir esto, pero es un presente complejo, muy conflictivo, contradictorio.También es el reflejo de un hecho que constatamos: tenemos poca capacidad de aprendizaje.Estamos cometiendo errores que se cometieron hace un siglo, hace un siglo y medio.Y se habla de que estamos al final de una civilización, de una era, de un modo de hacer, de pensar, pero no lo creo. La cultura occidental, sobre todo, es un contraste de un continuo final; históricamente, una agonía de algo que nunca termina de morir porque tiene una capacidad de regeneración. Eso es lo que está sucediendo.
ARCADIA: ¿Por qué lo mueve tanto el ensayo?
R.A.: El ensayo para mí es un género de creación, no solo especulativo; tiene el reto de que presenta un género que exige ser científico, ser un analista, pero a mí me gusta juntar esto, reunirlo con una visión literaria. Me gusta hacerlo con una escritura que no sea monótona o ensayística, sino una escritura realmente de creación, una escritura literaria.
ARCADIA: Cubre una vasta gama de temas, pero su interés en la música es evidente. Cuéntenos de ese interés y cómo lo traduce en sus letras…
R.A.: Tengo una formación musical desde niño. Para mí la música ha sido muy importante, una forma de vida y también un camino de salvación. Es otro lenguaje que está al margen de nuestra oralidad y, por lo tanto, al margen de una manera de pensar muy condicionada por la palabra. La música es muy abstracta y esto, al menos a mí, en el pensamiento, me ha permitido emprender caminos que no hubiera podido sospechar. Así que para mí la música es también un instrumento de pensamiento.
ARCADIA: Si hubiera que escoger un trabajo suyo para enviar en una cápsula al espacio, ¿cuál enviaría?
R.A.: Es una pregunta muy difícil. He escrito mucho. Estoy contento con algunos libros. Escribí un libro que se titula Filosofía y consuelo de la música, que es un libro muy grueso, de más de 1.000 páginas, una historia de la filosofía a través de la música, pero también es una historia de testimonios de quienes han buscado consuelo en la música. Este es un libro que quizá podría enviar al espacio ahora que hay tanto tráfico…
ARCADIA: No lo mandamos con Elon Musk, sino con alguien que se preocupe por la humanidad…
R.A.: Quizá el que mandaría es un libro que se titula El luthier de Delft, basado en un cuadro del pintor Vermeer. hablo de aquella época, de aquella Holanda del siglo XVII, una Holanda próspera en ideas pictóricas, en arquitectura, en filosofía, en música. Esa Holanda de los cuadros de Vermeer, de los ambientes íntimos, donde una mujer está tocando un laúd. Mandaría este libro al espacio porque es un libro sobre las manos, sobre alguien que está construyendo con unas maderas el que en un futuro va a ser un instrumento maravilloso.
ARCADIA: Ha investigado y escrito sobre Bach. ¿Qué de él lo llevó a asumirlo?
R.A.: Escribir un libro sobre Bach para mí era cumplir una deuda que tenía con él desde que era adolescente. Ha sido mi maestro y mi padre en muchas cosas. Le debo mucho, y de ahí el libro.
Pero se ha escrito tanto sobre Bach, entonces, ¿qué hice?, ¿de qué trata el libro? Escribí sobre su biblioteca. Me acerqué a Bach y a su espíritu a través de lo que leía.Y estoy muy contento porque es un libro muy específico, y ya tiene unos años, pero recibí hace poco la séptima edición...No todo está perdido.
ARCADIA: Mirando a la filosofía y a la poesía, ¿este presente las hace más necesarias?
R.A.: En este sentido quizá sí, ¿no? En el sentido que menciona, evidentemente estamos tan apresados por una forma de vida, por un sistema,por una mirada todavía burguesa que hace ver como inútil, como algo sin provecho, el leer poesía, el leer filosofía. Se ha considerado un lujo. Incluso en movimientos progresistas se ha considerado un lujo.
ARCADIA: Claro, no es solo de un bando…
R.A.: De los dos bandos se ha considerado un lujo, y ese es un grave problema. El ser humano siempre necesita, en sus momentos de quiebra, de intimidad o de soledad, recurrir a un lenguaje que sea capaz de desmentir esta realidad tan prefabricada de la que es difícil escapar. En el fondo, es lo que hace la poesía, lo que hacen el arte, la música, la filosofía.
Es enseñarte que, debajo de esta realidad que vivimos como un acontecimiento inmediato, hay otra realidad profunda que no detectamos hasta que no nos detenemos un poco y somos capaces de mirar a fondo.
ARCADIA: Cuéntenos de su biblioteca y de las letras que le dicen: “Por acá es la ruta”...
R.A.: Mi biblioteca no es numerosísima, aunque hay miles de ejemplares de volúmenes ahí. Es una biblioteca de calidad un poco rara e interesante porque me han interesado cosas poco frecuentes. Me ha interesado mucho buscar lo que está entre las fisuras, entre las grietas de la historia, entre las grietas del mundo. Entonces, he tenido la suerte de que me acompañaran autores que me precedieron y que me enseñaron muy claramente esas grietas. Así que es una biblioteca un poco rara que, si alguien la encontrara a mi muerte, diría: “¡Qué señor más raro es!”.
ARCADIA: Comparta dos o tres libros que usted considere con esa característica…
R.A.: Bueno, me han gustado mucho y es una rareza, por ejemplo, los Ensayos de Montaigne. Para mí son cruciales. He sido y soy un gran lector de libros taoístas. Me interesan muchísimo y luego me interesa muchísimo la filosofía antigua. Me interesa mucho un gran poema épico de Lucrecio, De rerum natura, sobre la naturaleza de las cosas. Es un libro que descubrí cuando tenía 20 o 22 años y fue muy determinante para mí, para reparar en la fisicidad que no vemos, en la fisicidad del mundo, de la naturaleza profunda. Son los primeros pensadores que empiezan a hablar de los átomos, de algo que intuían. Y para mí eso ha sido como un anzuelo.
ARCADIA: Cuéntenos sobre su experiencia en la Filbo, de las charlas que tuvo y cómo lo trató el evento.
R.A.: La feria no me pudo tratar mejor. Estoy muy agradecido por la acogida. Siempre tengo en cuenta que soy un escritor de ensayos; no soy un novelista de éxito, sino que soy un poeta y soy un ensayista, pero estoy muy agradecido.
Me conmovió ver que venía tanta gente con libros para que los firmara,¡gente joven! Me conmovió. En España eso es más difícil. La juventud está bastante dormida; de todo hay, pero está bastante dormida. Y tuve una entrevista; me preguntaba sobre asuntos de filosofía, de literatura, un escritor colombiano, Pablo Montoya,que fue muy bueno, muy entrañable, muy cercano.