Antes de tomar su vuelo a Colombia, país que visitará por primera vez en el marco de la Filbo 38, donde formará parte de dos charlas, el novelista Benoît Coquil habló con Arcadia desde Borgoña, Francia. Su libro Cositas (Seix Barral) es un fenómeno celebrado por la crítica con justa razón. En capítulos ágiles e irresistibles, a lo largo de 250 páginas, narra la historia de la globalización colonizadora de las setas, del nacimiento de la etnomicología en el mundo “moderno”, en la que mucho tuvieron que ver un hombre de Wall Street y su visionaria mujer, Tina. Pero demuestra ser una historia de raíces y repercusiones mucho más profundas, que nació al descubrir la figura de la chamana mexicana María Sabina. Coquil hilvana su cuento con un tono que educa, ironiza y cuestiona. Al respecto, con versión extendida en semana.com/cultura, esto nos dijo.

ARCADIA: Es profesor de civilización y literatura latinoamericana. ¿Qué encendió esa llama?
BENOÎT COQUIL: Hice estudios de letras después del bachillerato, y la pasión nació por mi profesora de español, que se interesaba mucho en la literatura latinoamericana. Nos hizo leer a los clásicos, muchos argentinos. Por ella descubrí a Borges, Cortázar y otros clásicos del siglo XX. Empecé a leer y a interesarme cada vez más en la literatura de Latinoamérica y luego pasé un tiempo en Buenos Aires. Hice un año de máster en la UBA y después empecé una tesis de doctorado sobre Sergio Chejfec, un autor argentino que empezó a escribir en los ochenta y falleció en 2022. Así que fue por lecturas y por esa profe, no hay razones familiares.
ARCADIA: ¿Leyó a García Márquez?
B.C.: Sí, apasionadamente; Cien años de soledad y algunos cuentos. Pero me avergüenza no conocer más de la literatura colombiana.
ARCADIA: En tiempos de colonización de rituales ancestrales, aparece Cositas, que habla del ritual de los hongos revelado al mundo occidental en los años cincuenta. ¿Cómo nace? ¿Le habla al presente?
B.C.: La idea no vino de un cuestionamiento sobre la actualidad ni sobre el tráfico de drogas; vino por el descubrimiento de la figura de María Sabina. En 2019, de visita en México, la descubrí a través de una de esas camisetas con caras de íconos latinoamericanos, en una tienda de un mercado de Oaxaca. Su figura estaba entre la del Che y el subcomandante Marcos, en esa mezcla de categorías de la cultura pop.
Entonces, un amigo mexicano me contó un poco de ella. Descubrí a María Sabina viéndola transformada en un ícono pop, y eso habla bastante de lo que pasó en la historia que relato. Compré la camiseta y volví a Francia con la idea de saber más, y después me apareció toda la historia de la sintetización, de la artificialización, del comercio.

ARCADIA: ¿Tuvo experiencia personales con las ‘cositas’?
B.C.: Sí, tuve mi experiencia, una sola por ahora. Me gustaría renovarla, pero lo que puede parecer extraño es que la experiencia ocurrió después de la escritura del libro. Claro, esta historia despertó mi curiosidad y en algún momento quise experimentar, pero esperé mucho tiempo para que se dieran las circunstancias para hacerlo. Quería que fuera en un lugar particular con amigos, con gente segura. Tuve una noche de hongos alucinógenos en mi jardín, aquí en Borgoña, con dos amigos, y fue divertido hacerlo conociendo toda esa historia.
ARCADIA: ¿Le hizo ver distinto algo de lo que ya había escrito?
BENOÎT COQUIL: Toda la parte de alucinación visual o distorsión de la percepción, la agudización de los sonidos y de la visión, todo eso me pasó a mí también. Esos son, digamos, efectos universales. Pero luego me pareció que, con este tipo de sustancia, la experiencia difiere totalmente de un mundo cultural a otro. Lo que experimenté no tenía nada que ver con la cosmogonía mazateca de María Sabina; fue un viaje que en el plano de las percepciones y sensaciones tenía mucho que ver, pero no me apareció María Sabina para nada. Me surgió también pensar que el viaje es un objeto cultural en sí mismo.

ARCADIA: En este momento se discute el uso de estas ‘cositas’ como ayudas psicológicas, pero aún hay estigmas al respecto. El libro no ofrece respuestas, pero plantea esa tensión…
B.C.: Una de las ideas que quería enfatizar en el libro era la figura de Valentina Wasson, la esposa de Gordon Wasson. En realidad, antes de fallecer por cáncer, fue la primera en tener estas ideas de terapias posibles con la psilocibina. Ella era la médica, la científica de los dos, y se le ocurrió que el hongo podía servir de manera terapéutica. Una de las metas del libro es hacer reaparecer la figura de Valentina, que quedó bastante escondida por el marido y por la manera de narrar del siglo XX, que oculta totalmente la figura femenina de la ciencia.
ARCADIA: Antes que María Sabina, nos presenta a Gordon Wasson, banquero de Wall Street, y nos va llevando a otros universos, como el de su mujer, Tina Wasson; de María Sabina; de Albert Hofmann. Cuéntenos sobre esas decisiones…
B.C.: La estructura cambió muchísimo entre el principio de la escritura y la publicación. Cuando volví a Francia después de ese viaje a México, me concentré en leer sobre ella y descubrí un montón de documentación de libre acceso en internet por parte de la comunidad psicodélica y también encontré los libros de los Wasson.
Al principio, Sabina se me reveló como poeta. Empecé a leer sus palabras de trance (grabadas y traducidas del mazateco al español, al francés, al inglés) y me marcó y fascinó la lengua que desarrolló bajo la práctica de los hongos alucinógenos. Parece poesía surrealista de los años treinta, con mantras y un montón de imágenes poéticas extrañas escritas como versos.
Me enfoqué mucho en ella primero y luego empecé a descubrir a los Wasson. Empecé a escribir una versión mucho más ficcional del texto en la que María Sabina era la narradora en primera persona que hablaba después de su muerte gracias a los hongos. Pero, a partir de un momento, esta versión no me convenció. Sentí la necesidad de buscar más fidelidad con los personajes históricos, sobre todo con ella, que fue el personaje central, pero muy subalterno y del que siempre hablaron otros, así que no estaba bien imaginar esa narración en primera persona. Empecé a leer mucho los libros de los Wasson que están digitalizados en acceso libre y traté de invertir la estructura, empezando con Gordon Wasson desde su infancia hasta los años cincuenta, porque después de María Sabina me empezó a fascinar él…


ARCADIA: Un personaje muy novelesco…
B.C.: Leyendo una novela sobre su vida, descubrí esa especie de doble vida muy extraña y divertida: de banquero de Manhattan en J. P. Morgan y de aventurero apasionado por los hongos alucinógenos. Me suscitó muchos interrogantes y sonrisas pensar cómo podía escaparse de su puesto de director para ir durante 15 días hasta el sur de México.
Pero algo que sí recuerdo bien es el momento en que escribí las primeras páginas, donde el primer personaje en realidad de la novela no es ni Wasson ni Sabina, es el hongo mismo, que menciono con mayúscula, Psilocybe, como un personaje en sí. Me pareció importante porque quise escribir la historia de este hongo y todos van a gravitar en torno a él; al final, él es el personaje central.
ARCADIA: Ese tono del personaje inicial marca la novela y también las entregas cortas que hacen muy ágil la lectura. ¿Qué implicó realizar esta narración?
B.C.: Me importaba que fuera una historia crítica sobre la apropiación cultural, la occidentalización y la manera de exotizar otras culturas. Pero quería que, en un primer plano, se pudiera leer como una novela de aventura, de manera fácil y divertida, y que el contenido crítico fuera surgiendo de a poquito para dejar al lector en un estado de interrogación y placer a la vez. Sobre los capítulos cortos, no fue un esfuerzo; escribo así. Me cuesta extender un capítulo más de 15 o 20 páginas. Mis libros parten de capítulos muy breves que, en general, empiezo a escribir a partir de escenas muy visuales que me vienen.
EL ENCUENTRO ENTRE UN BANQUERO DE WALL STREET Y UNA SANADORA ANCESTRAL EN HUAUTLA, OAXACA, DA PIE A UN RELATO FASCINANTE.
ARCADIA: ¿Hubo algún sacrificio narrativo en el proceso de edición?
B.C.: Mi tendencia es escribir de manera demasiado sintética, así que con mi editora tuve que extender un poco el texto. Me hizo escribir más; me señaló momentos donde faltaba algo y me hizo reescribir muchas escenas íntimas para que el texto estuviera más del lado de la novela que de la crónica o de la no ficción. Entonces no sacrifiqué mucho, aparte de esa primera versión donde la voz narrativa era la de Sabina y quedó descartada por buenas razones.
ARCADIA: Disney aparece desde una huella cultural y un reflejo es esta fascinación y degradación del ritual de setas. Aparece la película Fantasía, con setas bailando al son de Tchaikovsky, pero también, luego, a manera de pesadilla, de Gordon Wasson, en una disneyficación de Huautla. Cuéntenos un poco sobre por qué Disney, y cómo atraviesa este relato…
B.C.: Investigando, esta historia empezó a ramificarse en múltiples direcciones, que es lo que trato de transmitir en la segunda parte del libro: el hongo se comercializa, la historia pasa a ser mundial, globalizada, y el tiempo se acelera. Descubrí que, según dicen, entre las estrellas pop norteamericanas que pasaron por Huautla de Jiménez para ser iniciadas por María Sabina, estuvo Walt Disney, que aparentemente era muy aficionado a los psicodélicos.


A partir de esa anécdota, que no se sabe si es real o falsa, me acordé del baile de los hongos con Tchaikovsky en Fantasía y empecé a construirlo como una especie de hilo conductor subterráneo. La presencia del Imperio Disney a través del siglo XX a partir de Fantasía y Alicia en el país de las maravillas... y luego imagino la escena de Walt Disney en Huautla haciendo un mal viaje. Era una especie de venganza de mi parte porque le tenía rencor a Walt Disney por esa manera de occidentalizar y uniformizar los imaginarios culturales. Quería que pasara un mal momento y fue muy divertido escribir este bad trip. Este hilo conductor termina con la pesadilla totalmente ficticia de Wasson, que imagina que Huautla se transformó en un parque temático. Es la distopía y la exageración de lo que es Huautla ahora o lo que fue en los años setenta, imaginando un parque a lo Disney alrededor del hongo.
ARCADIA: ¿Qué reacciones a su libro lo han sorprendido?
B.C.: Hubo una recepción bastante buena en Francia. El libro fue presentado como mi primera novela, aunque en realidad es mi segundo libro. El primero era un relato entre la ficción y la no ficción.
Al presentarlo como primera novela, hubo un foco bastante grande en la rentrée littéraire de septiembre. Lo pude presentar en televisión y en radio, y hay un proyecto de adaptación fílmica en proceso (una productora compró los derechos). Además, las traducciones fueron una muy buena sorpresa. El año pasado lo presenté en Barcelona (fue traducido al catalán), y también fue traducido al italiano y al alemán, lo cual fue sorprendente.
Y mucha gente me pregunta si toda esta historia parte de una experiencia personal, de si soy un aficionado a los hongos alucinógenos, y de hecho no. Viene más bien de un descubrimiento turístico que se transformó en un interés cultural y en una investigación en los archivos.
ARCADIA: Su libro lo trae ahora a Filbo, cuéntenos de sus expectativas sobre esta visita…
B.C.: Hay dos charlas en la feria, una con una autora (Diana Obando) y una entrevista individual. Me impresiona estar invitado a un evento de tal amplitud y estoy muy feliz porque nunca visité Colombia, así que traté de organizar unos cinco días libres después de la feria para visitar. Sé que hay un montón de autores que conozco y que he leído, así que estoy curioso de escucharlos y charlar con ellos. Para mí, son figuras grandes; conozco más a los argentinos, como Patricio Pron, sobre quien uno de mis estudiantes hace su tesis de máster.
Averigüe cuándo habla Benoît Coquil en Bogotá, nuestra guía esencial Filbo 38.


ARCADIA: ¿Cómo se separa Cositas de su nueva novela Pas Perdu y de su primer escrito Buenos Aires n’existe pas? ¿Cómo conectan?
B.C.: Lo que la conecta con la primera, Buenos Aires n’existe pas, es el continente latinoamericano, porque esa habla de la estadía del artista francés Marcel Duchamp en esa ciudad. Esas dos novelas también tienen en común estar basadas en mucha investigación, por lo que pertenecen a un género híbrido. Hay muy poca ficción en Cositas, de hecho la ficción aparece en escenas íntimas o de pesadillas.
La última, Pas Perdu, es totalmente distinta: pasé a la ficción pura, cien por ciento, y me vino bien, me sentí mucho más libre. Cuando escribía Cositas estaba me preocupó mucho la fidelidad de los personajes, no quería traicionar a María Sabina. Pas Perdu es una historia totalmente ficcional, mucho más cercana a mi propia vida. Es más íntima y puse mucho más de mí. Y sí tiene en común con Cositas, una atención al medio ambiente. Todo transcurre en un paisaje de agricultura intensiva en Francia. Tiene mucho que ver con la destrucción del paisaje por la agricultura, la gestión del agua, cuestiones ambientales que se mezclan con cuestiones de identidad.
ARCADIA: Los libros que lo hicieron un apasionado de la literatura son…
B.C.: De mi descubrimiento de la literatura argentina cuando era estudiante, te diría que Final del juego, de Cortázar, y algún libro de cuentos de Borges, seguramente El Aleph. Pero leo mucha literatura francesa contemporánea. Un autor me marcó mucho cuando estaba escribiendo Cositas, Jean Echenoz. En cuanto a los temas, no tiene nada que ver, pero de él saqué este tipo de narrador un poco irónico y divertido que se dirige directamente al lector.
