Para empezar este sobrevuelo sobre un documental que tiene algo inquieto a uno de los hombres más poderosos del planeta, compartimos las palabras del maestro documentalista Alex Gibney, quien viene de estrenar su película Musk, fuera de competencia, en el Festival de Cine de Venecia. Esto antes de su llegada a cines estadounidenses y, con algo más de tiempo, a plataformas de streaming (se dice que aterrizará en HBO Max).
Antes, aclaramos que si se debe tener en cuenta a Gibney es porque no ha temido diseccionar en sus películas el accionar de poderes oscuros, revelando las entrañas de la Scientology (Going Clear: Scientology and the Prison of Belief), los abusos en prisiones clandestinas como Abu Ghraib (Taxi to the Dark Side, le representó un premio Óscar en 2008) y la codicia y corrupción corporativa que marcó estafas como las de la empresa Enron (Enron: The Smartest Guys in the Room).
Sobre su producción y su personaje central, Gibney explica en su declaración de dirección: “En el cine clásico, a los directores se les enseña a prestar atención al encuadre de un plano maestro que define la cobertura visual de la escena. En el discurso público, Elon Musk ha aprendido a elaborar sus propios planos maestros que, a su vez, han definido su imagen. Según sus biógrafos predilectos y legiones de seguidores en línea, es una especie de Leonardo da Vinci moderno que parece tener respuesta para todo y trabaja incansablemente para salvar el planeta y convertir a la humanidad en una especie multiplanetaria.
En Musk, opté por volver a contar una historia biográfica conocida, pero prescindiendo del plano maestro. En su lugar, exploré el relato desde ángulos distintos que revelaban que dicho plano maestro era una ilusión y dejaban al descubierto una verdad más inquietante. La película replantea la historia de este titán tecnológico presentándolo como la reencarnación, en pleno siglo XXI, del estafador carismático.
Al subvertir los temas favoritos de Musk (los videojuegos y las simulaciones), el filme transmite los peligros de convertirse en alguien como el Game Master de Ready Player One. Es una historia sobre el poder y su abuso, pero filmada desde un ángulo contrapicado bajo: el ángulo de Toto, el perro de El mago de Oz. En lugar de quedar hipnotizado por el rostro flotante del mago, Toto vio los pies que se arrastraban tras la cortina; al apartarla, quedaron al descubierto las palancas y los engranajes accionados por un hombre común, desesperado por proyectar su poder”, concluye.
La película replantea la historia de este titán tecnológico presentándolo como la reencarnación, en pleno siglo XXI, del estafador carismático.
¿Participó Elon?
Gibney es un profesional, y por lo tanto le pidió audiencia a Musk. La esperable negativa del magnate a colaborar con la producción llevó al cineasta a optar por un recurso singular para integrar sus puntos de vista.
El proyecto se anunció en 2023, y entonces, en su plataforma digital X, Musk descalificó la investigación como un ataque, una hit piece. Esto dio pie a un cruce verbal público con el cineasta, que no derivó en nada nuevo.
El rechazo de Musk a una entrevista con Gibney fue solventada a la manera del siglo XXI: el documental incorpora un avatar tridimensional generado por computadora e impulsado por inteligencia artificial. Este Musk sintético aparece sentado en una silla de videojuegos de estética corporativa, y nutre sus parlamentos con transcripciones literales de miles de horas de declaraciones, conferencias y entrevistas concedidas por Musk en las últimas tres décadas. Entre muchas reacciones positivas al documental, esta decisión narrativa del avatar le ha suscitado algunas críticas (más al respecto en Reacciones iniciales).
Gibney explicó que el uso de este simulacro pretende reflejar, mediante una ironía formal, la convicción que el propio Musk ha manifestado repetidamente respecto a que la realidad circundante constituye una simulación computarizada de videojuegos. El documental integra gráficos vectoriales que transforman el plano en una interfaz lúdica, donde Musk adopta la figura de un Game Master que manipula variables económicas y demográficas
Reacciones iniciales
Las evaluaciones iniciales tras la proyección en Venecia han calificado a Musk como un fresco cinematográfico implacable sobre el poder ilimitado en la modernidad tardía, si bien la crítica ha abierto un debate sobre la eficacia de su lenguaje audiovisual.
Desde una perspectiva elogiosa, Owen Gleiberman argumentó en Variety que la obra es una pieza tan lúcida como aterradora que articula las contradicciones de un individuo que reviste la defensa de sus propios intereses financieros bajo el ropaje del bienestar común de la especie. Peter Bradshaw, en su reseña para The Guardian, calificó el documental con cuatro estrellas sobre cinco y remarcó la agudeza con que expone a un hombre semejante a una ojiva nuclear desprovista de guía ética, comparando satíricamente su ascenso con los relatos clásicos de H. G. Wells sobre personas banales dotadas repentinamente de un poder desmedido. En la misma línea, Matthew Carey de Deadline validó el metraje monumental de cuatro horas, sosteniendo que la densidad de sus revelaciones sobre la intersección de tecnología, política y finanzas justifica plenamente su extensión expositiva.
Por el contrario, publicaciones como The Playlist e IndieWire adoptaron una postura más distante, apuntando a una contradicción ética en el corazón estético de la película. Para estos analistas, la decisión de erigir un avatar digital generado por inteligencia artificial resulta un artificio vacuo que banaliza la fuerza del material histórico genuino, introduciendo un matiz contradictorio en una obra que simultáneamente advierte sobre los peligros deshumanizantes de la automatización.
De forma concurrente, observadores de la industria señalan que la película no aporta un gran volumen de hechos estrictamente desconocidos para quienes siguen el pulso cotidiano de la prensa económica, pero destacan que su mérito capital yace en la capacidad de Gibney para entrelazar eventos inconexos en un tapiz coherente y alarmante sobre el estado del poder corporativo.