En 2024, Colombia vio afectado uno de sus soportes energéticos: dejó de ser autosuficiente en gas natural. De hecho, desde años anteriores, ya el país, a través de la regasificadora del Caribe (SPEC), empezó a importar gas para atender las necesidades de distintas plantas de generación térmica.

De 1,3 millones de usuarios que tenían en 1999 este servicio, se llegó en 2025 a casi 12 millones, de los cuales el 85 % corresponden a estratos 1, 2 y 3. Foto: Adobe Stock

El gas natural ha sido clave en el desarrollo energético del país. Según Naturgas, cuyo congreso anual se realizará esta semana, de 1,3 millones de usuarios que tenían en 1999 este servicio se llegó en 2025 a casi 12 millones, de los cuales el 85 % corresponden a estratos 1, 2 y 3. Además, entrega 3,3 billones de pesos en regalías e impuestos, atrae una inversión anual cercana a los 800 millones de dólares, y genera más de 100.000 empleos.

Sin embargo, ante la negativa del Gobierno de realizar nuevos contratos de exploración, desarrollar los pilotos de fracking en el Magdalena Medio y la caída de campos tradicionales, Colombia empezó a registrar un déficit en el suministro de este combustible, clave en la transición energética, y que había permitido incluso el desarrollo de nuevos sectores, como el vehicular a gas, atendiendo no solo el parque automotor privado, sino también el servicio público y los transportes masivos de diferentes regiones.

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La oferta de gas ha caído de manera dramática. Cifras del gremio muestran que la disminución de la oferta ha caído 27 % desde 2022, los contratos de exploración han disminuido en un 97 % y los pozos exploratorios en 54 %, mientras que las reservas se han reducido en 25 %.

Este panorama agrava el déficit en la oferta, que inició en 5 % y para este año se estima en 20 %. Y seguirá subiendo si no entran nuevos recursos: para 2027, en 24 %; para 2028, en 41 %; en 2029 se estima en 56 % y en 2030 ese déficit ascendería a 57 %.

La planta regasificadora de SPEC en el Caribe abastece a las térmicas y puede ofrecer excedentes al mercado. Foto: CORTESÍA SPEC LNG.

A esto se suma el precio que ha venido en ascenso porque la oferta nacional se ha igualado con los precios internacionales de compra, lo que ha presionado los bolsillos de los usuarios.

En este contexto, Corficolombiana llevó a cabo un estudio, en el que hace una radiografía de la situación del gas en Colombia, en especial de los proyectos de regasificación, clave para atender la demanda en momentos de déficit, pero advierte también lo que podría pasar ante eventos climáticos.

El gas natural se enfrenta a un eventual fenómeno de El Niño en el segundo semestre. Foto: Semana/Adobe Stock

En su análisis, la entidad destaca que en los últimos meses varios proyectos de regasificación han avanzado, en lo que llamó “la respuesta correcta de corto plazo”.

No obstante, advierte que su materialización enfrenta retos relevantes, particularmente cuellos de botella regulatorios, la necesidad de reglas claras y un acompañamiento institucional efectivo que permita viabilizar su ejecución en los tiempos requeridos.

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Para Corficolombiana, el impulso reciente se ha dado por el interés empresarial. De hecho, sobre la base de SPEC —infraestructura clave que hoy sostiene el abastecimiento—, avanzan nuevas iniciativas para la capacidad de importación.

“Si bien el Plan de Abastecimiento de Gas Natural 2023–2032 ya contemplaba desarrollos en importación y regasificación, transporte troncal, conexiones regionales y flexibilidad operativa, su ejecución ha avanzado a un ritmo menor. En este contexto, los proyectos con mayor avance y cronogramas de entrada en 2026 y 2027 han sido impulsados fundamentalmente por iniciativas de Ecopetrol, Promigas, TGI y otros agentes del sector”, asegura el análisis.

Si los proyectos avanzan con el acompañamiento institucional, la capacidad adicional de importación alcanzaría cerca de 186 MPCD entre mediados y finales de 2026 —aproximadamente el 20 % de la demanda nacional proyectada por la UPME para ese año—. Al incorporar los desarrollos con entrada estimada en 2027, esa cifra escalaría a cerca de 626 MPCD, equivalente a más del 60 % de la demanda anual promedio proyectada para los próximos cuatro años, calcula el informe.

“Aunque sobre el papel esta expansión cerraría el déficit del sistema, su materialización efectiva estará condicionada al cumplimiento de los cronogramas y, de manera crítica, a la expansión paralela de la infraestructura de transporte, sin la cual la nueva oferta no podrá traducirse plenamente en abastecimiento disponible para el mercado”, dice Corficolombiana.

Pero, además del desarrollo de los proyectos y su entrada a tiempo, para garantizar la oferta, en el escenario aparece un nuevo ingrediente que genera presión, por el lado de la demanda, advierte el estudio: según el más reciente reporte de la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), existe una probabilidad de 61 % de que se presente un fenómeno de El Niño entre mayo y julio, que podría extenderse hasta finales de 2026, con un 25 % de probabilidad de alcanzar una intensidad muy fuerte.

La oferta de gas ha caído de manera dramática. Cifras del gremio muestran que la disminución de la oferta ha caído 27 % desde 2022. Foto: Getty Images

“Durante el último episodio, en 2023–2024, el consumo de gas de las plantas térmicas pasó de promedios de 180–200 GBTUD a hasta 548 GBTUD en abril de 2024, con máximos diarios de 612 GBTUD. Un aumento de la demanda de esa magnitud —entre 350 y 400 GBTUD— superaría en más del doble la capacidad adicional esperada de los proyectos de 2026 y equivaldría a cerca del 90 % de la capacidad total esperada en 2027. En otras palabras: aun si se materializan todos los proyectos previstos, un Niño fuerte puede absorber la nueva oferta o gran parte de ella, elevando el riesgo de desabastecimiento precisamente cuando la demanda es más alta. La carrera por el abastecimiento no termina con los proyectos en ejecución, termina cuando el sistema tenga la capacidad de responder a escenarios adversos sin entrar en crisis”, advierte Corficolombiana.

En su informe, la entidad anticipa que alternativas como el suministro desde Venezuela y el desarrollo de proyectos offshore como Sirius representan opciones relevantes para el cierre estructural del déficit. “Sin embargo, su materialización enfrenta restricciones y sus tiempos de ejecución limitan su capacidad de respuesta frente a las necesidades inmediatas del sistema”, dice el análisis.

Y concluye: “En consecuencia, en el corto plazo, la prioridad es clara: ampliar y diversificar la capacidad de importación, viabilizar los proyectos en curso y asegurar su articulación con la infraestructura de transporte, acompañados de un marco regulatorio e institucional claro, oportuno y efectivo. Hacia el largo plazo, será fundamental reactivar la exploración, restablecer condiciones de certidumbre para la inversión y acelerar los hitos que permitan incorporar nueva oferta doméstica. La seguridad energética del país dependerá de la capacidad de materializar estas soluciones”.

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