SEMANA: Se sabe que Venezuela es un país con un potencial petrolero muy grande. En términos sencillos, ¿de qué estamos hablando?

Frank Pearl (F. P.): Venezuela cuenta con el mayor volumen de reservas probadas de petróleo del mundo, estimadas en cerca de 303.000 millones de barriles, lo que equivale aproximadamente al 19 % de las reservas globales. Históricamente, el país llegó a producir más de 3 millones de barriles diarios, aunque hoy se encuentra muy por debajo de ese nivel, debido a limitaciones estructurales, con una producción de alrededor de 1 millón de barriles diarios.

¿Cuáles son las posibilidades de negocios en esta nueva etapa de Venezuela? “Los primeros que lleguen van a tener más oportunidad”

Desde el punto de vista geológico, el potencial existe: con las condiciones adecuadas de inversión, estabilidad y operación, Venezuela podría producir entre cuatro y cinco veces su nivel actual.

SEMANA: ¿Cuál es el panorama actual para el desarrollo de negocios en hidrocarburos en Venezuela?

F. P.: Aunque todavía hay incertidumbre debido a que se encuentra en periodo de transición, con múltiples reglamentaciones por desarrollar, hay un panorama prometedor para el desarrollo de negocios a largo plazo, pero con restricciones significativas en el corto y mediano plazo. En las actividades de exploración y producción aún es preciso definir si para empresas que no sean estadounidenses se va a autorizar la operación a través de licencias individuales o si se expedirá nueva reglamentación general de participación.

Además, la industria enfrenta deterioro de la infraestructura, falta de inversión sostenida, limitaciones operativas y un entorno político, regulatorio y sancionatorio que aún no se ha normalizado. En consecuencia, no se prevé una recuperación rápida ni automática del sector; cualquier desarrollo relevante dependerá de cambios estructurales profundos y sostenidos en el tiempo.

Las principales oportunidades identificadas se concentran en la rehabilitación de campos existentes, mejora de infraestructura y la recuperación gradual de producción. Foto: adobe stock

SEMANA: ¿Cuáles han sido las modificaciones más importantes en materia regulatoria y legal en el sector?

F. P.: En general, estamos viendo una reapertura gradual del sector, con señales más favorables para la inversión privada. Esto marca un cambio importante frente a un modelo históricamente más cerrado.

Lo más importante ha sido la expedición de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, que regula las actividades de la industria, buscando el incremento volumétrico de la producción de petróleo, incentivar la actividad, la inversión y brindar estabilidad económica.

Uno de los cambios más destacados es la apertura del sector petrolero a una mayor participación del capital privado (nacional e internacional). Antes, el Estado tenía un control predominante y las empresas privadas solo podían participar mediante empresas mixtas con mayoría estatal. Ahora, con esta ley, se permite una participación más flexible de empresas privadas en actividades como exploración, producción y comercialización; con flexibilización también de contratos, posibilidad de arbitraje internacional, incentivos fiscales y tributarios y menor control del Parlamento.

Adicionalmente, se han expedido licencias que autorizan la realización de operaciones encaminadas a incrementar la producción y exportación de hidrocarburos.

Sin embargo, todavía es un entorno de alto riesgo que se encuentra en transición y definición de toda la regulación de la industria. Aunque se ha reducido, aún se mantiene la incertidumbre institucional y política. Es una oportunidad relevante, pero aún no es un mercado estabilizado, condición indispensable para atraer inversiones de largo plazo.

SEMANA: ¿Todavía pesan las sanciones de Estados Unidos?

F. P.: Sí. Las sanciones siguen siendo un factor determinante para la operación y el desarrollo del sector. Si bien se han otorgado licencias temporales que han permitido la participación limitada de algunas compañías internacionales, el levantamiento total y permanente de las sanciones no se ha materializado. Las sanciones aún condicionan el acceso a financiamiento, la participación de empresas y la estabilidad de largo plazo. Mientras no haya una normalización completa, el riesgo país seguirá siendo alto. Además, el alivio de sanciones, aunque necesario, no es suficiente por sí solo para lograr una recuperación estructural del sector.

Si bien se han otorgado licencias temporales por parte del Gobierno de Donald Trump, las sanciones en la Lista Ofac siguen siendo un factor determinante para la operación y el desarrollo del sector. Foto: AP

SEMANA: En el nuevo escenario en Venezuela, ¿qué oportunidades se han identificado en petróleo y gas?

F. P.: Las principales oportunidades identificadas se concentran en la rehabilitación de campos existentes, la mejora de infraestructura y la recuperación gradual de la producción. Se estima que, en un panorama de recuperación de la producción, es decir, con condiciones favorables para la inversión que permitan la reconstrucción de la industria, lograrían un crecimiento sostenido de la producción, alcanzando el millón y medio de barriles por día (1,5 MBPDC) en 2030.

También existen oportunidades en el desarrollo de áreas aún no explotadas, tanto en la Faja Petrolífera del Orinoco como en proyectos costa afuera, que han despertado el interés de grandes compañías internacionales. Sin embargo, su materialización depende de la consolidación de condiciones habilitantes, como mayor estabilidad institucional, reglas de juego claras y el levantamiento o flexibilización de restricciones externas. Dada la limitada capacidad de inversión de PDVSA, estos desarrollos dependerán en gran medida de esquemas de asociación con empresas internacionales que aporten capital, tecnología y experiencia.

En gas natural, el potencial es incluso más significativo en el largo plazo, especialmente a través de proyectos costa afuera y el aprovechamiento de infraestructura regional existente, como la de Trinidad y Tobago. Esto podría facilitar la inserción del país en mercados regionales de gas e incluso habilitar, en el futuro, esquemas de cooperación con países vecinos, incluida Colombia.

Ante una reactivación de fuentes importantes, la producción total de gas en el país podría acercarse a los 7000 MPCD en el mediano a largo plazo.

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SEMANA: ¿En qué subsectores: exploración, producción o servicios petroleros?

F. P.: Las oportunidades se concentran principalmente en producción y servicios petroleros, especialmente en actividades orientadas a recuperar y mantener campos ya desarrollados, donde hay gran necesidad de tecnología y operación. También en infraestructura y refinación, en la modernización del sistema. En el corto plazo, el mayor potencial está en recuperar lo que ya existe.

SEMANA: ¿Cómo se potencian estas oportunidades frente al contexto geopolítico actual y las tensiones en Oriente Medio?

F. P.: El contexto geopolítico está incrementando la relevancia de América como proveedor energético. Las tensiones en Oriente Medio han impulsado los precios y la búsqueda de fuentes más cercanas y confiables. En ese escenario, Venezuela vuelve a ser estratégica por su ubicación y volumen de recursos; representa un potencial de oferta futura, más que una solución inmediata.

Desde una perspectiva global, Estados Unidos ha reforzado el sector energético como herramienta estratégica, buscando mayor control del suministro y reduciendo la influencia de otros actores. No obstante, cualquier impacto relevante de Venezuela sobre el mercado global dependerá de una recuperación sostenida de su producción, que no se prevé en el corto plazo.

Sin embargo, la situación de Medio Oriente representa una necesidad de oferta en el corto y mediano plazo, lo cual no podrá suplir Venezuela, pues la recuperación de su producción tomará años.

Empresas estadounidenses son las primeras beneficiadas en la nueva regulación para la operación en el campo petrolero. Foto: Creada con IA

SEMANA: ¿Qué tanto tiempo podría mantenerse el precio del petróleo al alza?

F. P.: Los precios del petróleo responden al balance oferta-demanda, que se ve afectado, entre otros, por factores geopolíticos. En escenarios de tensión y afectación al suministro, pueden mantenerse altos mientras persista la reducción en la oferta, y, una vez nivelada, podrán recuperarse o caer si la oferta se incrementa. Sin embargo, si la infraestructura energética se ve muy afectada por los ataques y conlleva reducciones en la oferta, el precio alto puede prolongarse.

La duración de este conflicto y la afectación a la infraestructura aún no es clara, por lo que será necesario monitorear su avance.

SEMANA: ¿Cómo se podrían capitalizar esas oportunidades?

F. P.: La capitalización de oportunidades en Venezuela requiere condiciones claras: estabilidad política, eliminación permanente de sanciones, seguridad jurídica, continuidad de políticas públicas y un marco legal competitivo. Así como acceso a financiamiento y articulación público-privada. Sin estos elementos, las inversiones tenderán a concentrarse en proyectos de corto plazo y alto retorno, sin generar una reconstrucción estructural del sector. La clave es transformar el potencial en producción real, y eso exige inversiones de gran escala.

SEMANA: ¿Qué retos tienen las empresas colombianas para aprovechar esta coyuntura?

F. P.: Las empresas colombianas enfrentan retos asociados a una mayor competencia regional por capital, servicios y talento, así como al riesgo de desplazamiento de crudos colombianos en mercados clave, como las refinerías de la costa del golfo de México. Además, el entorno global de inversión es cada vez más selectivo, lo que exige altos estándares de competitividad.

SEMANA: ¿Qué impacto podría tener en Colombia este eventual boom petrolero en Venezuela? ¿La inversión se podría ver amenazada? ¿Cómo contrarrestarlo?

F. P.: Para Colombia no se prevé un impacto inmediato, aunque podría tener un efecto doble. Riesgos estratégicos de mediano y largo plazo: una recuperación venezolana podría afectar la competencia regional por inversión internacional, posible desvío de capital hacia Venezuela y presionar precios. Para contrarrestarlo, es importante fortalecer la seguridad jurídica de Colombia, la estabilidad regulatoria y fiscal, la eficiencia en el licenciamiento, la reactivación de la exploración y producción, y la garantía de condiciones de seguridad y viabilidad en los territorios, como factores clave para atraer inversiones.

Y oportunidades, de otro lado, en integración regional, complementariedad energética y fortalecimiento de cadenas de valor.

En el corto plazo, las limitaciones estructurales de la industria petrolera venezolana, junto con la incertidumbre política, regulatoria y de sanciones, reducen la probabilidad de un desplazamiento significativo de flujos de inversión hacia ese país. En este contexto, Colombia continúa beneficiándose de una posición relativa más favorable en términos de estabilidad institucional, experiencia operativa y capacidad instalada.

La coyuntura venezolana refuerza la importancia de que Colombia mantenga y fortalezca condiciones de competitividad estructural, incluyendo seguridad jurídica, estabilidad regulatoria y fiscal, eficiencia en licenciamiento y claridad en las reglas de juego para la inversión en exploración y producción. Hoy, más que nunca, se requiere que el próximo Gobierno de Colombia apueste decididamente por el sector de hidrocarburos; ello implica reactivar las rondas de asignación de áreas para la exploración y producción y desarrollar el amplio potencial del país en yacimientos no convencionales.