Colombia está mirando su biodiversidad como una oportunidad económica concreta. Frutos como el asaí, el camu camu, el copoazú y el corozo, tradicionales en regiones como la Amazonía y el Caribe, están entrando en una nueva fase: pasar de ser productos poco conocidos a posicionarse como ingredientes de alto valor en mercados de salud y bienestar.
La estrategia, liderada por Swisscontact en alianza con el programa UK PACT del Reino Unido y Selva Nevada, busca conectar nutrición, sostenibilidad y desarrollo productivo.
Más allá del discurso ambiental, el foco está en construir una cadena de valor que beneficie a comunidades rurales, especialmente mujeres, jóvenes y pueblos étnicos que conservan estos ecosistemas.
El potencial es alto, pero el reto también. Según un diagnóstico de mercado de Innovanalisis, el 70 % de los colombianos tiene poco o ningún conocimiento sobre estos frutos, aunque el 90 % manifiesta interés en consumirlos cuando conoce sus beneficios nutricionales. Esta brecha evidencia una oportunidad de mercado que aún está por desarrollarse.
“Estos frutos tienen un enorme potencial nutricional y una historia que vale la pena contar”, señaló Enrique Maruri, director de Swisscontact en Colombia, al destacar que esta estrategia busca promover hábitos más saludables y, al mismo tiempo, fortalecer a las comunidades que sostienen esta cadena de valor.
Desde el frente económico, el impulso no es menor. Según datos del DANE y del Ministerio de Ambiente, la Cuenta de Bioeconomía de Colombia valoró estas actividades sostenibles en 2,15 billones de pesos, equivalentes a cerca del 0,13 % del PIB.
Los superfrutos del bosque se presentan como una apuesta para transformar la biodiversidad en valor agregado, abrir nuevos mercados y fortalecer una economía verde con sello colombiano.