En las primeras palabras que expresó el ministro de Hacienda, Germán Ávila, al instalar el Foro Económico sobre política económica, descrito por el gobierno como “progresista”, lo que hubo fue muchos dardos.
El funcionario no solo se refirió a la ausencia de Leonardo Villar, gerente del Banco Central, que envió una carta, momentos antes del inicio del evento para anunciar que no asistiría, sino que expuso las diferencias entre el pensamiento del gobierno y el de la entidad que maneja la política monetaria, y que, por mandato constitucional, está llamada a ser autónoma.
Ávila arrancó su intervención planteando la concepción de la economía como una ciencia social o como una ciencia exacta, alrededor de lo cual, enfatizó en que se inclina por la primera. De ahí partió para criticar los modelos que se hacen para tomar decisiones en la junta del Banco Central, los cuales inscribió en una “economía ortodoxa”.
Según Ávila, “a veces los modelos van por un camino y la realidad por otra, mientras que se utilizan para intentar sustentar que la equivocada es la realidad”.
Destacó que, aunque el debate sobre lo que sucedió en la última junta del Banco de la República se centró mucho en su retiro de la reunión, ahora el país está debatiendo sobre política monetaria.
De ahí en adelante, Ávila expuso las teorías que sustenta y que difieren de las de la mayoría de miembros de la junta del Banco de la República. “Hay dos modelos de crecimiento, el de la economía rentista y el de la productiva”, manifestó, en relación con los cálculos que tienen como gobierno, según los cuales, un apretón con las tasas de interés como el que se está aplicando, enfría la economía, lo que ellos han considerado como ataques políticos para que a la actual administración no tenga resultados.
En ese punto aprovechó para referirse a la ausencia de Villar en el foro. El gerente del Banco había expresado que no asistiría pues el país está de cara a un escenario político electoral, dentro del cual, el propio Ministro, como le recordó Villar, “ha ido más allá y nos ha acusado, a mí y a varios de mis colegas, de adoptar decisiones encaminadas a beneficiar a los banqueros. Se trata de una acusación infundada y abiertamente contraria a la verdad”. Al respecto, Ávila respondió que ellos también piensan que la posición del Emisor es política.
Ávila recogió todo el discurso que ha utilizado en los últimos días, desde que se avivó la tensión entre el Emisor y el Gobierno. Criticó la ruptura de esa conversación necesaria entre política monetaria y económica, que debería ser el camino abordado por el Banco Central, al que catalogó como “un regulador de la inflación”, en el contexto en el cual, hay una meta, del 3 %, en la que insiste el Emisor y es una de las razones para la toma de decisiones con las tasas, tratando de que ese indicador converja a la meta prevista.