SEMANA: ¿Cuál es la mejor anécdota que recuerda de su inicio en el mundo de los negocios?.

Jean Trinh: Cuando llegué a Cartagena, tenía muchas ganas de emprender, pero muy pocos recursos. Al ser extranjero y no tener un historial financiero en Colombia, no contaba con el respaldo de los bancos. Así que Alquímico nació con muy poco dinero y lo fuimos construyendo paso a paso, reinvirtiendo lo que generábamos y creciendo de manera completamente orgánica.

Recuerdo esa etapa con mucho cariño, porque me enseñó que los proyectos más valiosos no siempre necesitan grandes inversiones, sino perseverancia, creatividad y, sobre todo, personas que crean en ellos.

Cartagena me abrió sus puertas y Colombia me dio la oportunidad de construir mucho más que un negocio. Diez años después, Alquímico es un proyecto colectivo que genera empleo, apoya a comunidades y busca mostrar al mundo la riqueza humana, cultural y natural de este país. Y eso es, sin duda, lo que más orgullo me da.

Colombia tiene el mejor bar del mundo. ¿Dónde queda?

SEMANA: ¿Con cuánto capital inició su aventura empresarial. Qué había hecho para ahorrarlo?

J.T.: Cuando llegué a Cartagena en 2013, tenía apenas 7.000 euros de ahorros, que debían servirme tanto para vivir como para emprender. Era el fruto de varios años trabajando en la industria de la hospitalidad, y decidí apostarlo todo a este proyecto.

Así nació El Laboratorio, mi primer pequeño bar en Getsemaní, con muy pocos recursos, pero con una idea clara: trabajar con ingredientes locales, valorar la riqueza de los productos colombianos y ofrecer coctelería de calidad a precios accesibles para el público local.

Desde el principio, prácticamente todas las ganancias se reinvertían en el negocio, permitiéndonos crecer poco a poco, de manera orgánica.

Fue una etapa de mucho esfuerzo y aprendizaje, pero también de descubrir el enorme potencial de Cartagena, su gente y su cultura. Esa filosofía sigue siendo parte fundamental de Alquímico hoy.

SEMANA: ¿Cómo armó la estructura de lo que hoy es Alquímico (¿por qué en Colombia, en Cartagena, en la zona histórica?. Esas ubicaciones geográficas fueron al azar o tienen una razón empresarial?

J.T.: Elegir Colombia, y especialmente Cartagena, no fue una casualidad. Desde que llegué en 2013, me enamoré de su riqueza cultural, su historia, su diversidad humana y, sobre todo, de la calidez de su gente. Colombia es un país con una biodiversidad extraordinaria y una identidad cultural muy fuerte, que representan una fuente infinita de inspiración para la coctelería.

Cartagena, además, tiene un encanto único. Su centro histórico, su arquitectura, su vida cultural y su vocación turística la convierten en una ciudad excepcional para la hospitalidad. Cuenta con una oferta de hoteles, restaurantes y bares de gran calidad, y tiene el potencial de consolidarse como uno de los grandes destinos gastronómicos y turísticos de América Latina.

Por eso decidí desarrollar Alquímico en el corazón del centro histórico, en una casa republicana de tres pisos. Quería crear un espacio donde se encontraran la historia de Cartagena, la creatividad colombiana y personas de diferentes culturas, tanto locales como visitantes internacionales.

Desde el principio, la visión fue construir algo más que un bar: un proyecto profundamente conectado con Cartagena, su gente y el territorio colombiano.

Imágenes del interior de Alquímico, en Cartagena Foto: Cortesía / Alquímico

SEMANA: Podría contarnos alguna anécdota de su origen vietnamita y su posterior traslado a París para luego terminar en nuestro país. ¿Qué recuerdos tiene de esas culturas y cómo las conecta con lo que halló en Colombia?

J.T.: Mi historia siempre ha estado marcada por el encuentro de culturas. Soy francés de origen vietnamita y crecí en Francia, en una familia dedicada a la restauración. Desde los cinco años ayudaba en los restaurantes de mis padres, y fue allí donde aprendí que la hospitalidad es mucho más que servir comida o bebidas: es una manera de cuidar a las personas y crear vínculos.

De mis raíces vietnamitas conservo el valor de la familia, la comunidad y las tradiciones. De Francia, una cultura gastronómica muy rica y el rigor del oficio.

Cuando llegué a Cartagena en 2013, encontré algo que me conectó profundamente con esos valores: la importancia de la familia, la generosidad de su gente, la alegría de compartir y una diversidad cultural extraordinaria.

Cartagena es precisamente el resultado de encuentros entre culturas indígenas, africanas, europeas y caribeñas. Esa mezcla se refleja en su gastronomía, su música y su identidad.

Creo que por eso me sentí tan rápidamente en casa. Colombia me enseñó que nuestras diferencias culturales pueden convertirse en nuestra mayor riqueza, y esa filosofía es hoy uno de los pilares de Alquímico.

Bar Alquímico se caracteriza por la creatividad en la coctelería Foto: Cortesía Alquímico

SEMANA: ¿Por qué un ingeniero decide dedicarse a lo que usted llama las artes de la hospitalidad y al desarrollo de la coctelería.

J.T.: Aunque me formé como ingeniero, la hospitalidad siempre estuvo presente en mi vida. Mis padres tenían restaurantes y desde los cinco años crecí entre cocinas, mesas y clientes. La ingeniería me enseñó a analizar, estructurar y resolver problemas, pero la hospitalidad me permitió conectar con las personas, algo que siempre me apasionó.

SEMANA: ¿Cómo ha sido esa investigación para encontrar y probar nuevos ingredientes locales?

J.T.: Cuando llegué a Colombia, descubrí una biodiversidad extraordinaria y una riqueza gastronómica que me fascinó. Empecé recorriendo mercados, conociendo productores, probando frutas, hierbas y productos que nunca había visto. Quería desarrollar una coctelería con identidad colombiana, que valorara los ingredientes locales y contara las historias de sus territorios y comunidades.

SEMANA: ¿Es cierto que ha experimentado todos los peldaños de la actividad de Alquímico?

J.T.: He tenido la oportunidad de involucrarme en prácticamente todas las áreas del proyecto: desde la barra y el servicio hasta la agricultura, la administración y la creación de nuevos conceptos. La pandemia nos llevó incluso a trabajar directamente la tierra en nuestra finca del Quindío, transformando profundamente nuestra visión de la hospitalidad.

Creo que para liderar un proyecto es fundamental comprender y valorar el trabajo de cada persona. Hoy, lo más bonito de Alquímico es precisamente eso: un equipo de personas con talentos diferentes, construyendo juntos un proyecto que celebra la riqueza de Cartagena y Colombia, y busca generar un impacto positivo mucho más allá de la coctelería.

Jean Trinh, fundador de Alquímico, y Paola Oviedo, cofundadora. Foto: Cortesía Alquímico

Un proyecto donde las personas no son simplemente empleados

SEMANA: ¿Cómo convenció a las personas que inicialmente estuvieron con usted para que lo acompañaran en la aventura que tenía en mente?.

J.T.: Creo que más que convencerlos, fue compartir con ellos una visión y una pasión. Cuando empezamos Alquímico en 2016, éramos apenas cinco personas, con muy pocos recursos, pero con muchísimas ganas de construir algo diferente en Cartagena.

Desde el principio, quise crear un proyecto donde las personas no fueran simplemente empleados, sino protagonistas de su desarrollo, con oportunidades de aprender, crecer y aportar sus propias ideas. Siempre he creído que el talento, el compromiso y los valores humanos son mucho más importantes que la experiencia o los títulos.

No podía prometer grandes salarios ni un éxito inmediato, pero sí mucho trabajo, aprendizaje, respeto y la oportunidad de construir algo juntos. Con los años, esa confianza se convirtió en una verdadera comunidad. Hoy somos un equipo de decenas de personas, entre el bar, la finca y nuestros proyectos sociales, y seguimos compartiendo esa misma filosofía.

Para mí, el mayor éxito de Alquímico no son los premios internacionales, sino haber construido un equipo que cree en el proyecto, que se siente orgulloso de representar a Cartagena y Colombia, y que entiende la hospitalidad como una herramienta de transformación humana y social.

SEMANA: ¿Qué apoyos recibió (financieros, consejos, impulsos) sin los cuales no hubiera podido lograr el resultado?

J.T.: Al principio no conté con grandes apoyos financieros ni inversionistas. Alquímico fue creciendo de manera orgánica, reinvirtiendo prácticamente todo lo que generábamos. Pero si hay algo que he aprendido en estos años es que ningún proyecto se construye solo.

Creo profundamente que cada persona que conocemos en el camino tiene algo que enseñarnos. Desde un bartender al otro lado del mundo hasta un agricultor colombiano, un productor local, un emprendedor o alguien que comparte generosamente su experiencia. Cada conversación, cada encuentro y cada consejo pueden convertirse en una fuente de inspiración y abrir nuevas oportunidades.

Cartagena y Colombia me han regalado precisamente eso: personas extraordinarias, generosas con sus conocimientos, su cultura y sus tradiciones, que han contribuido a construir lo que hoy es Alquímico.

También ha sido fundamental la confianza de nuestro equipo, nuestros proveedores, nuestros amigos y las comunidades con las que trabajamos.

Siempre digo que Alquímico no es el resultado del trabajo de una sola persona, sino de cientos de encuentros, aprendizajes y esfuerzos colectivos. El verdadero apoyo ha sido esa comunidad que hemos construido a lo largo del camino.

Equipo de trabajo de Alquímico Foto: Alquímico / cortesía

Al que madruga...

SEMANA: ¿A qué horas se levanta a trabajar. Cómo es su cotidianidad?.

J.T.: Suelo levantarme muy temprano. Me gusta aprovechar las primeras horas del día para pensar, organizar las prioridades y coordinar el trabajo con nuestros diferentes equipos, tanto en Alquímico como en la finca del Quindío y nuestros proyectos comunitarios.

Las mañanas suelen estar dedicadas a reuniones, planificación y seguimiento de todo lo que estamos construyendo, generalmente hasta las primeras horas de la tarde.

Después, me encanta dedicar tiempo a cocinar, algo que siempre ha sido parte de mi vida y que me ayuda a desconectarme, pero también a encontrar nuevas ideas. Aprovecho esos momentos para reflexionar sobre mis últimos viajes, las personas que he conocido, los sabores y las experiencias que he descubierto, y pensar en cómo podemos transformarlos en nuevos proyectos para los próximos meses.

Mi cotidianidad combina gestión, creatividad y aprendizaje constante. Creo que la inspiración puede encontrarse en cualquier lugar, y una de las cosas que más disfruto es conectar esas experiencias con lo que hacemos en Alquímico, siempre buscando nuevas maneras de celebrar la riqueza de Cartagena y Colombia.

Bar Alquímico en Cartagena, quedó en la lista de los 50 mejores del mundo. Foto: Cortesía Bar Alquímico

SEMANA: ¿Cuál cree que ha sido el secreto del éxito de Alquímico?

J.T.: Creo que el secreto del éxito de Alquímico ha sido mantenernos fieles a nuestros valores desde el primer día: la humildad, la honestidad, el amor por lo que hacemos y el respeto por las personas y las comunidades con las que trabajamos.

Siempre hemos tenido una identidad muy clara: celebrar y compartir lo mejor de Colombia, su biodiversidad, su riqueza cultural, sus tradiciones y, sobre todo, su gente. Nunca hemos querido copiar lo que se hace en otros lugares, sino construir algo auténtico, profundamente conectado con Cartagena y con nuestro territorio.

Al mismo tiempo, tenemos una voluntad constante de aprender y mejorar. Viajar, conocer otras culturas e intercambiar experiencias con profesionales de diferentes partes del mundo nos permite descubrir proyectos extraordinarios, inspirarnos y adaptar esas ideas a nuestra propia realidad.

Creo que otro elemento fundamental es entender que nunca dejamos de aprender y que el éxito no es un destino, sino un proceso de evolución permanente.

“Aquí lo exótico está en todas partes”

SEMANA: ¿Qué es lo más exótico que ha creado en su trayectoria?

J.T.: Lo más extraordinario de Colombia es que lo exótico está en todas partes. Tenemos una biodiversidad impresionante, una riqueza cultural inmensa y una variedad de ingredientes, sabores y tradiciones que nunca dejan de sorprenderme.

Después de más de diez años en este país, sigo descubriendo frutas, plantas, técnicas ancestrales y conocimientos de comunidades que me inspiran constantemente. Desde el Caribe hasta la Amazonía, pasando por los Andes y el Pacífico, cada territorio tiene algo único que ofrecer.

Por eso, más que destacar un cóctel en particular, creo que lo más especial que hemos creado en Alquímico es una manera de interpretar y compartir esa diversidad colombiana a través de la coctelería.

Para mí, lo verdaderamente fascinante es que Colombia todavía tiene muchísimo por enseñarnos. Nuestro trabajo consiste en seguir explorando, aprendiendo y transformando esas riquezas en experiencias que permitan a los colombianos sentirse orgullosos de su país y a los visitantes descubrirlo desde otra perspectiva.

SEMANA: Hoy en día, a cuánto ascienden las ventas del bar.

J.T.: Más allá de una cifra de ventas, para mí lo más importante es que Alquímico sea un proyecto económicamente sostenible, que nos permita cuidar a nuestro equipo, seguir creciendo y cumplir con nuestros compromisos sociales y ambientales.

Al principio de cada año, junto con nuestros equipos, definimos una serie de proyectos de desarrollo y apoyo a las comunidades con las que trabajamos. Muchos de estos objetivos están directamente relacionados con nuestros menús de coctelería, que nos permiten transformar una parte de nuestras ventas en acciones concretas, desde el acceso al agua potable y la educación hasta el desarrollo de proyectos productivos y ambientales.

Por supuesto, la rentabilidad es fundamental para cualquier empresa, pero siempre he creído que el verdadero éxito económico también debe medirse por el impacto positivo que podemos generar.

Mi mayor satisfacción no es alcanzar una cifra de facturación, sino terminar cada año viendo que hemos podido cumplir nuestros compromisos, crear oportunidades y devolverle algo a Colombia, un país que me ha dado tanto.

Bar Alquímico. creaciones gastronómicas que evidencian lo que dice su fundador, Jean Trinh: "Colombia es un país donde todo es exótico". Foto: Alquímico / Cortesía

SEMANA: ¿Cuántos empleos genera y cuáles son las condiciones laborales que tienen?.

J.T.: Hoy, sumando los equipos de operación de Alquímico en Cartagena, nuestra finca en el Quindío, las áreas administrativas y los diferentes proyectos que desarrollamos, somos más de 100 personas trabajando directa o indirectamente en este ecosistema.

Desde el principio, una de nuestras prioridades ha sido ofrecer condiciones laborales dignas, salarios justos, estabilidad, acceso a beneficios adicionales como seguros médicos privados y, sobre todo, oportunidades de formación y crecimiento profesional.

Creemos profundamente en el desarrollo del talento humano. Buscamos que cada persona pueda aprender, asumir nuevas responsabilidades y construir un futuro dentro o fuera de Alquímico. Nuestra Escuela de Hospitalidad también nace de esa visión, ofreciendo oportunidades a jóvenes de comunidades vulnerables de Cartagena.

Para mí, generar empleo no significa solamente crear puestos de trabajo, sino contribuir al bienestar de las personas y sus familias. Nuestro mayor orgullo es que Alquímico sea un lugar donde las personas puedan crecer, sentirse valoradas y construir un proyecto de vida.

SEMANA: Y ahora, ¿qué más tiene proyectado desde el punto de vista de los negocios?.

J.T.: Después de más de diez años, mi visión empresarial no consiste necesariamente en abrir más bares, sino en seguir fortaleciendo y desarrollando el ecosistema que hemos construido alrededor de Alquímico.

Cada nuevo proyecto busca complementar lo que ya hacemos, conectando la gastronomía, la agricultura, la educación, la sostenibilidad y el desarrollo comunitario. Nuestra finca en el Quindío, la Fundación Alquímico y, más recientemente, nuestra Escuela de Hospitalidad en Cartagena son ejemplos de cómo hemos ido ampliando nuestra actividad más allá de la coctelería.

La Escuela de Hospitalidad, por ejemplo, nos permite formar a jóvenes de comunidades vulnerables y ofrecerles oportunidades reales de integración laboral, al mismo tiempo que contribuimos al desarrollo del sector turístico y gastronómico de Cartagena.

Para mí, el futuro de Alquímico está en seguir construyendo un modelo empresarial donde la sostenibilidad financiera, la excelencia gastronómica y el impacto social se complementen y fortalezcan mutuamente.

Quiero demostrar que desde Cartagena podemos desarrollar proyectos innovadores, económicamente viables y con un impacto positivo en las personas, las comunidades y el territorio colombiano.