Carolina Restrepo Cañavera, directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), publicó un escrito con motivo de su concepto de familia.
Lo hizo luego de protagonizar una controversia en el Senado de la República, justamente por su concepto de familia.
Previamente, la directora del ICBF también había sostenido una polémica nacional por su definición de niñez, al punto que hubo manifestaciones y actos vandálicos en la sede del organismo en Bogotá, con presencia, incluso, de una exministra.
Este es el escrito referido publicado por Carolina Restrepo Cañavera, directora del ICBF:
La familia es una
Por Carolina Restrepo Cañavera
Sí, me reafirmo: la familia es una. Lo creo profundamente. Y quizás porque lo creo así me cuesta entender esa necesidad de ponerle apellidos a la familia, de clasificarla, dividirla y decidir que unas formas de conformarla son más legítimas que otras. Una cosa es la familia y otra, muy distinta, quiénes la conforman. Puede ser papá y mamá.,puede ser una mamá, puede ser un papá, pueden ser dos mamás o dos papás, pueden ser los abuelos, los tíos o alguien que un día decidió asumir la responsabilidad de cuidar a otro ser humano, y también está esa familia que uno va escogiendo por el camino: esos amigos que la vida convirtió en hermanos sin necesidad de compartir una gota de sangre.
Hasta nuestras mascotas terminan ocupando un lugar en ella. Quien ha amado a un animal sabe perfectamente de qué hablo. Entonces, por qué insistir en dividir lo que precisamente debería unirnos? Tengo una convicción profundamente liberal:, mi manera de vivir no me da derecho a determinar cómo deben vivir los demás. Puedo escoger para mí una forma de construir familia, defenderla, quererla y sentirme orgullosa de ella.
Lo que no puedo pretender es convertir mi elección personal en la medida con la cual se juzgue la vida de otro. La libertad también consiste en eso. Y desde el Estado la obligación es todavía más clara. El Estado no está para escoger familias favoritas, está para protegerlas. Todas. Mucho más cuando hablamos de niñez y adolescencia. A un niño poco le importa la discusión ideológica que los adultos podamos montar alrededor de la composición de su familia. Lo que necesita es algo mucho más elemental y mucho más importante: amor, cuidado, protección, alimento, educación, seguridad y alguien que responda por él. Ahí sí deberíamos ser absolutamente intransigentes. A mí me preocupa mucho más un niño abandonado dentro de una familia que algunos llaman “tradicional” que un niño profundamente amado y protegido en una familia que otros insisten en llamar “diferente”. Porque una fotografía no garantiza nada.
La sangre tampoco. La sangre establece parentescos. La familia se construye todos los días con presencia, responsabilidad, cuidado, lealtad y amor. Y tal vez por eso, mientras más años tengo, más amplio se vuelve para mí ese concepto. Uno empieza la vida creyendo que la familia simplemente le tocó y termina entendiendo que una parte maravillosa de ella también se construye. Hay personas que llegaron después y se quedaron para siempre. Hay amigos que son hermanos, hay afectos que no necesitan explicación jurídica ni biológica para ser reales. No pretendo que todos pensemos igual. Eso también sería contrario a lo que creo. Cada quien tiene derecho a defender su propia concepción de vida y a construir su hogar conforme a ella. Lo único que no acepto es que desde esa concepción se pretenda negar la del otro. Así que sí, me reafirmo. Hay muchas maneras de conformarla, millones de historias para construirla y afectos imposibles de clasificar. Pero familia hay una. La de cada uno.