Siempre que se quiere fomentar la inteligencia financiera, uno de los consejos más frecuentes de los expertos es que hay que ahorrar, ya que gracias a esto se incentiva el buen uso del dinero y se puede abrir paso a objetivos como crear un fondo económico de emergencia, aprender a comprar solo lo necesario o crear un capital que se pueda usar en inversiones, para comprar una casa o estudiar; todo esto sin tener que recurrir a las deudas y apretones en la economía del día a día.

Si bien un gran número de personas lo intentan, son muy pocos los que logran adquirir el hábito de hacerlo constantemente y volverlo parte del diario vivir; argumentando razones como que el dinero no alcanza, que surgió un gasto imprevisto o que para eso se trabaja y es necesario darse gustos de vez en cuando. Convertir el ahorro en parte esencial de la vida no es tan fácil como parece, ya que requiere mucha disciplina.

Ahorrar requiere disciplina, pero siempre trae grandes recompensas. | Foto: Getty Images

No obstante, hay casos de éxito que se han hecho muy famosos y han servido hasta para escribir libros. Uno de estos es el de Michelle McGagh, periodista financiera durante muchos años en Londres (Reino Unido), quien en algún momento de su vida tomó una decisión muy drástica que hoy en día asegura que se convirtió en punto de quiebre que cambió su relación con el dinero y le permitió en algún momento de su vida ahorrar una millonada.

“Mis amigos, familiares y colegas asumieron que era brillante con el dinero, pero eso no era estrictamente cierto”, explicó en algún momento esta mujer durante su último ensayo para Telegraph. Esto, según ella, después de darse cuenta de que últimamente había gastado miles de dólares en cosas completamente “innecesarias” (café, comidas fuera, ropa), lo que la llevó a comprometerse a no gastar durante todo un año, a partir del Black Friday de 2015.

Michelle McGagh en algún momento de su vida tomó una decisión muy drástica que hoy en día asegura que se convirtió en punto de quiebre que cambió su relación con el dinero y le permitió en algún momento de su vida ahorrar una millonada. | Foto: @mmcgagh

Si bien el primer paso se dio en 2015, esta fue una idea que empezó a rondar su cabeza dos años atrás (2013), cuando se trasladó con su marido Frank a una casa al norte de la ciudad en la que vivía y debido a esto “tuvimos que apretarnos el cinturón, ya que los pagos de la hipoteca eran más altos”.

En medio de todo esto, Michelle McGaghSu contó que su esposo estaba abrumado de la cantidad de cosas que tenían, y durante la mudanza “se deshizo del ochenta por ciento de las posesiones: cajas de vestidos, vajillas, alfombras, lámparas, sillas y cuadros fueron enviados a nuestra tienda de caridad”, lo que finalmente la llevó a pensar que muchas veces usaban el dinero en compras innecesarias y que esto podía cambiar con un poco de esfuerzo.

La idea de restringir los gastos no implicaba dejar de gastar, ya que tenían compromisos y debido a esto estableció una guía completa de lo que tenía que gastar. | Foto: @mmcgagh

Claro está que la idea de restringir los gastos no implicaba dejar de gastar, ya que tenían compromisos y debido a esto estableció una guía completa de lo que tenía que gastar: “hipoteca, servicios públicos, seguro de vida, donaciones de caridad y facturas de banda ancha y telefonía móvil [menos de $ 2,000 por mes] (...) También se permitiría artículos de tocador básicos como pasta de dientes, desodorante, champú, etc., y comida para ella y su esposo, para lo cual acordaron establecer una meta de comestibles semanal combinada de alrededor de 35 dólares.

Pero no había presupuesto para lujos, eso significaba que no había viajes al cine, no había noches en el pub, no había comida para llevar ni comidas en restaurantes, no había ropa nueva, no había vacaciones, no había membresías en el gimnasio, ni siquiera un KitKat o un atrevido pastel de queso del supermercado. Todo el dinero que quedaba libre por esta supresión de gastos iba destinado a una sola cosa: ahorrar.

Aunque a su esposo le preocupaba que el desafío fuera demasiado extremo, McGagh se inclinó hacia él, andando en bicicleta por todas partes, desgastando su ropa y, finalmente, cuando vio crecer sus ingresos disponibles, comenzó a pagar en exceso su hipoteca, lo que la emocionó. Toda esta tarea duró un año y le permitió alcanzar una suma de dinero que muchos quisieran tener.

“Yo estoy agradecida de tener ingresos disponibles para ahorrar y siento que debo aprovecharlos al máximo; espero haber alentado a otras personas a reconsiderar sus patrones de gasto también”, dijo McGagh en su momento, cuando fue consultada por los medios de comunicación, puesto que gran parte de sus aventuras las iba registrando en sus redes sociales y al final le sirvió para escribir un libro que tituló “el año sin gastos: cómo gasté menos y viví más”.

Al final, tenía aproximadamente $23,000 dólares (108 millones de pesos) más que cuando había comenzado. Sin embargo, resalta que los meses de invierno no fueron fáciles, pero llegó a apreciar más su tiempo libre y el aire libre cuando llegaba la primavera. Su ropa estaba destrozada por andar en bicicleta y necesitaba un corte de pelo, pero no tenía ganas de gastar para fin de año.

Michelle McGagh recuerda que lo último que compró, antes de empezar el año de ahorro intensivo fue una ronda de cerveza para sus amigos, a la medianoche del Black Friday, y un boleto de avión para visitar a su abuelo. Después de eso comenzó la travesía que 365 días más tarde la volvería famosa y un ejemplo de cómo usar correctamente el dinero.

Michelle McGagh recuerda que lo último que compró, antes de empezar el año de ahorro intensivo fue una ronda de cerveza para sus amigos, a la medianoche del Black Friday, y un boleto de avión para visitar a su abuelo. | Foto: Michelle McGagh

Aún así, se perdió mucho y no todos a su alrededor estaban contentos con su experimento. La acusaron de “turismo de pobreza, pero hay una gran diferencia entre la pobreza y la frugalidad. Este experimento no se trataba de vivir en la pobreza porque la pobreza no es una opción. Todavía podía pagar mi hipoteca, las facturas y la comida. El último año ha sido un experimento de extrema frugalidad y de elegir no comprar, en lugar de no tener otra opción”.