El campo colombiano lleva años concentrado en una misma meta: producir más. Sin embargo, durante el evento, empresarios, inversionistas y líderes del sector coincidieron en que el verdadero desafío ya no pasa únicamente por aumentar la producción, sino por construir un modelo rural capaz de sostenerse en el tiempo, conectado con mercados, tecnología, financiamiento y oportunidades para las nuevas generaciones.
Durante el foro, empresarios, inversionistas y líderes gremiales coincidieron en que el agro colombiano no puede seguir dependiendo de coyunturas favorables ni de esfuerzos aislados.
Según lo expuesto por los panelistas, el crecimiento sostenible del sector requiere planificación, productividad, acceso a mercados y modelos empresariales que entiendan el territorio como parte central del negocio.
María Adelaida Pérez, gerente de Asuntos Corporativos y Desarrollo Organizacional del Grupo BIOS, aseguró que uno de los principales cambios para la organización fue dejar de entender el campo únicamente como una oportunidad de negocio y empezar a verlo como un sistema de desarrollo. “Tenemos a la altillanura como una potencia inmensa para convertirla realmente en una fuente de siembra de maíz y soya”.
Desde Riopaila Castilla, Guillermo Carvajal, su gerente de Asuntos Corporativos, planteó otro de los llamados más fuertes de la jornada: el agro no puede seguir funcionando desde lógicas aisladas ni desde apuestas de corto plazo.
“El que se queda solo en el campo muere y el que ve el corto plazo en el campo muere”. Carvajal explicó que el desarrollo rural no puede limitarse únicamente a producir materias primas, sino que debe generar dinámicas económicas en los territorios.
En el caso de Riopaila Castilla, aseguró que cerca del 25 por ciento de las compras de la compañía son locales y más del 90 por ciento de sus trabajadores viven en las zonas donde opera la empresa.
Jeffrey Fajardo, presidente ejecutivo de la Asociación Porkcolombia, llevó la discusión hacia otro problema estructural del agro colombiano: la comercialización. “Muchos de los porcicultores no se preguntan, cuando ponen un pie de cría a crecer, a quién le van a vender ese producto”.
Para Fajardo, una de las decisiones más importantes para el crecimiento del sector en el país fue entender que el mercado debía construirse de manera ordenada y sostenible, evitando medidas artificiales de protección. “Tampoco hemos querido caer en la tentación de crear ningún otro mecanismo interno que permita o que busque alterar las condiciones normales de competencia y libre mercado”.
Desde Asohofrucol, Álvaro Palacio, su presidente ejecutivo, insistió en que el país necesita avanzar hacia modelos agrícolas más sostenibles y planificados. “Lo difícil es hablar de planificación a diez años y cambiar un modelo productivo agroecológico”.
El dirigente gremial advirtió, además, que gran parte de los productores colombianos todavía no tiene acceso a asistencia técnica integral, una limitación que sigue afectando la productividad y la competitividad del sector. Para Palacio, sembrar ya no puede ser una decisión desconectada del mercado ni de las exigencias internacionales.
La conversación sobre el futuro del campo también pasó por el financiamiento. Diego Chona, partner de Patria Investments, aseguró que uno de los grandes errores históricos del sector ha sido enfocarse únicamente en la producción sin garantizar compradores ni cadenas comerciales sostenibles.
“Nosotros íbamos al agricultor, lo apoyábamos con asistencia técnica, le vendíamos los insumos y llegaba el momento de la cosecha y no había un comprador”.
Para Chona, cerrar ese ciclo debe ser una prioridad. De lo contrario, “no hay forma de que esto funcione”.
Tecnología para producir más y mejor
La tecnología apareció como otro de los ejes centrales del foro. Karen Díaz Toro, sales manager de Yara Colombia, aseguró que “la volatilidad es nuestra nueva normalidad” y que desde la compañía la respuesta ha sido apostarles a la productividad y a mejorar la cantidad de kilos producidos por unidad de área a fin de generar mayores rentabilidades e ingresos para el campo colombiano.
Ana María Gómez, gerente de Aprovisionamiento de Alpina, explicó que la plataforma Agrósfera permite a los ganaderos tomar decisiones con datos sobre productividad y eficiencia en finca. Entre 2014 y 2025 lograron incrementar ese indicador en un 76 por ciento.
Por su parte, Sergio Zúñiga, regional VP Latam Eatable Adventures, señaló que uno de los principales retos para acelerar la adopción tecnológica en el agro colombiano sigue siendo la resistencia al cambio y el temor frente a la tecnología, porque “va a reemplazar al productor. Totalmente falso. Es la mejor herramienta que puede tener para poder trabajar”.
Durante el panel, Jorge Enrique Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), insistió en que el reto del agro colombiano pasa por lograr que la tecnología, la productividad y el acceso a mercados lleguen realmente a los territorios rurales. “Al final del día, el campo tiene que ser rentable”.
El relevo generacional
Uno de los últimos paneles del foro estuvo enfocado en el futuro de los jóvenes rurales y en la necesidad de construir oportunidades reales dentro del campo colombiano.
Jaime Alonso Restrepo, CEO de Rotorr-Motor de Innovación, planteó que la clave está en darles a los jóvenes “un reconocimiento económico por su trabajo y luego, con base en esa estabilidad, generar programas de apropiación y uso, aprender haciendo”.
Por su parte, Catalina Echavarría, directora de la Fundación Postobón, contó que el programa Hit Social está hoy en diez departamentos del país y cuenta con más de 900 jóvenes. Explicó que empezaron a trabajar el empalme generacional al darse cuenta de que los productores cada vez estaban mayores y que el campo necesitaba relevo.
Adriana Magali Matiz, gobernadora del Tolima, cerró con un llamado a cambiar la mirada sobre el campo. “Tenemos que ver el campo como un lugar de oportunidades, un lugar de innovación y un lugar que nos haga sentir supremamente orgullosos”.