Los pasados 23 Y 24 de septiembre alrededor de 1.400 personas se reunieron en Bogotá, en El Cubo Colsubsidio, en el marco de la ‘13.ª Cumbre Líderes por la Educación: la generación del cambio’, de SEMANA, para escuchar y conversar sobre el papel de la educación como motor de desarrollo, competitividad y movilidad social, y sobre las transformaciones que necesita para responder a una nueva realidad marcada por la inteligencia artificial, los cambios demográficos, las nuevas formas de aprender y las demandas de un mundo laboral en transformación.

“En Colombia, la mitad de los niños todavía no lee a tiempo”: Tanya Chapuisat, representante de Unicef en Colombia

La apertura del evento estuvo a cargo de Rodrigo Peñailillo, gerente regional del Norte Andino y Panamá y representante de CAF, quien expuso que el lugar de nacimiento en América Latina sigue condicionando las oportunidades de aprendizaje y proyectos de vida de los niños y que el reto del sector va más allá de mejorar indicadores: “El desafío, por lo tanto, no consiste solo en elevar los promedios, sino en asegurar que el origen no determine quién desarrolle esas capacidades”.

Peñailillo dijo, además, que para cerrar esas brechas es crucial articular tres ámbitos esenciales: los espacios de aprendizaje (infraestructura), los entornos educativos (capacidades de docentes y directivos) y la ruralidad (adaptación al territorio).

Rodrigo Peñailillo, gerente regional del Norte Andino y Panamá y representante de CAF Foto: Alejandro Acosta

Por su parte, Tanya Chapuisat, representante de Unicef en Colombia, destacó que el futuro no comienza al terminar la escuela, sino desde la primera infancia, cuando los niños empiezan a descubrir el mundo, se inscriben en modalidades de atención integral, encuentran maestros que creen en ellos y entienden que tienen derecho a soñar.

Planteó también que, si un niño no aprende a leer a tiempo y no entiende lo que lee, todo lo demás se vuelve más difícil, ya que la lectura es la base para materias más complejas. Según Chapuisat, “en Colombia, la mitad de los niños todavía no leen a tiempo. La lectura no solamente abre las puertas del conocimiento; también es la base sobre la que se construyen los demás aprendizajes”.

Tanya Chapuisat, representante de Unicef en Colombia Foto: Alejandro Acosta

Durante la jornada del primer día, especialistas del sector señalaron que las reglas tradicionales en el aula son insuficientes para la convivencia si no se acompañan de la construcción de vínculos afectivos, empatía hacia los docentes, gobernanza democrática y un liderazgo distribuido que involucre activamente a las familias.

Igualmente, se destacó la importancia de conectar el aprendizaje con un propósito de vida y una mentalidad activa, transformando la relación entre el sector educativo y el productivo para formar ciudadanos con criterio ético, capaces de utilizar la tecnología como una extensión de sus capacidades humanas y de tomar decisiones responsables frente a un futuro incierto.

Confianza y reconstrucción

El segundo día contó con la intervención especial de Andreas Schleicher, director for education and skills en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde). Inició su intervención expresando su solidaridad con los niños, familias y docentes afectados por el reciente terremoto en Colombia y recordando que la recuperación tras un desastre natural no se limita a reconstruir paredes, sino a restablecer la confianza, las relaciones y la esperanza.

“La educación es el espacio donde las sociedades construyen su futuro y, en la generación actual, el cambio ocurre de manera vertiginosa, impulsado por tecnologías como la inteligencia artificial y la fragmentación social. Por ello, las grandes preguntas educativas ya no deben centrarse únicamente en qué deben saber los jóvenes, sino en qué deben ser capaces de hacer y cómo pueden asumir su propia agencia para convivir con los demás y con el planeta”, dijo.

En un entorno en el que la tecnología provee respuestas inmediatas, Schleicher enfatizó que la educación debe enseñar a formular las preguntas correctas al promover un aprendizaje más profundo que priorice el juicio ético, la navegación en la ambigüedad y la colaboración con personas que piensan diferente.

En su opinión, el futuro no pertenecerá solo a quienes sepan usar la inteligencia artificial, sino a quienes sepan cuándo confiar en ella, cuándo cuestionarla y cuándo debe prevalecer el juicio humano. Schleicher resaltó que los cambios reales suelen nacer de las crisis profundas, que exponen las debilidades del sistema y desafían rutinas obsoletas.

En este contexto, extendió una invitación a Colombia para unirse y compartir sus experiencias en el Club de Alivio de Emergencias en Educación, de la Ocde, un espacio de colaboración internacional diseñado para que los sistemas educativos compartan estrategias, materiales de aprendizaje y apoyo docente ante situaciones de desastre, evitando que cada comunidad tenga que aprender a responder desde cero.

En el panel ‘Después del terremoto: ¿cómo reconstruimos la educación que Colombia necesita?’, se evidenció la magnitud del impacto del sismo del 10 de agosto en la infraestructura educativa de regiones como el Chocó, donde el 41 % de las sedes educativas se afectaron y más de 61.000 estudiantes se vieron perjudicados.

De izquierda a derecha, Diego Bonilla, editor político de SEMANA; Marcela Bautista Macia, especialista en Educación de CAF; Rosvier Armando Mosquera, secretario de Educación del Chocó; Sara Mercedes Rodas Soto, secretaria de Educación de Cali, y Carlos Jairo Bedoya Naranjo, secretario de Educación de Pereira. Foto: GUILLERMO TORRES REINA-SEMANA

En Cali, 246 de sus 338 infraestructuras resultaron averiadas, dejando temporalmente fuera de la presencialidad a 11.000 familias; y en Pereira hubo daños en 164 sedes, cuyos colapsos totales y parciales obligaron a implementar un modelo de alternancia o semipresencialidad para el 97 % de los estudiantes.

En este espacio participaron Rosvier Armando Mosquera Tamayo, secretario de Educación del Chocó; Sara Mercedes Rodas Soto, secretaria de Educación de Cali; Carlos Jairo Bedoya Naranjo, secretario de Educación de Pereira, y Marcela Bautista Macia, especialista en Educación de CAF.

Los panelistas coincidieron en que el principal reto es pasar de manera inmediata del diagnóstico a la acción, evitando dilaciones en el levantamiento de información, para reabrir las escuelas lo antes posible.

Durante la conversación se destacó la necesidad de que la reconstrucción física no se limite a levantar los mismos muros del pasado, sino que se realice bajo criterios de innovación, sostenibilidad y cierre de brechas históricas, especialmente en las zonas rurales y dispersas.

De igual manera, los funcionarios subrayaron que la salud mental y el apoyo psicosocial deben estar en el centro de la estrategia, y enfatizaron la urgencia de atender el miedo y el trauma emocional de los estudiantes y de los docentes y directivos, quienes vivieron situaciones críticas de estrés.

Como reflexión final, los voceros coincidieron en que la respuesta integral ante la emergencia exige reorganizar currículos, garantizar estrategias de permanencia como la alimentación y el transporte escolar, y fortalecer los círculos de escucha comunitaria para sanar el tejido social afectado.

En esa línea, Ángela Anzola de Toro, presidenta ejecutiva de la Fundación Plan, hizo hincapié en la urgente necesidad de que los niños retornen a las aulas tras el sismo, pues la interrupción escolar, por breve que sea, los expone a graves riesgos, como el reclutamiento por grupos al margen de la ley, la unión a pandillas o el trabajo infantil, como la recolección de café en Risaralda.

Ángela Anzola De Toro, presidenta ejecutiva de Fundación PLAN Foto: Brían Rosado

Asimismo, destacó la importancia de implementar aulas temporales y recuperar las rutinas diarias para proteger la salud mental de los menores, permitiéndoles superar el trauma mediante apoyo psicosocial especializado y espacios de expresión amigables.

Cerrar brechas

En la Cumbre también se abordaron las profundas brechas educativas entre las zonas urbanas y rurales en Colombia, reveladas en una diferencia de 26 puntos en las pruebas Saber 11. Panelistas señalaron que las normativas y la distribución de recursos del Ministerio de Educación suelen ser rígidas y centralizadas, sin considerar las particularidades geográficas y demográficas de regiones como la zona insular de Cartagena o la dispersión rural de Cundinamarca.

Ante esto, se propuso flexibilizar los presupuestos, adaptar las modalidades de alimentación escolar (PAE) a las costumbres locales, implementar modelos de educación flexible y aprovechar la tecnología humanizada para conectar los territorios más alejados.

De izquierda a derecha, Jonathan Toro, periodista de SEMANA; Alberto Enrique Martínez, secretario de Educación Distrital de Cartagena; Genny Milena Padilla, secretaria de Educación de Cundinamarca; Gledy María Foliaco, viceministra de Educación Preescolar, Básica y Media de Colombia, y Gloria Bernal, directora del Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana. Foto: GUILLERMO TORRES REINA-SEMANA

“Para nosotros, el área rural tiene una incidencia de retraso, de rezago en todos los aspectos. Creo que uno de los grandes retos que debe asumir el Ministerio de Educación, no únicamente en este cuatrienio, sino como política pública, es poder cerrar las brechas de la ruralidad, que se divide en dos grandes vertientes: la cercana y la dispersa. Ese es el gran reto”, dijo Gledy María Foliaco Rebolledo, viceministra de Educación Preescolar, Básica y Media de Colombia.

Para Foliaco, Colombia necesita trayectorias no solo en los estudiantes, sino también en las políticas públicas. “Nosotros vemos países como Finlandia, Australia y Japón donde sus políticas públicas trascienden los Gobiernos. Entonces, el país necesita eso y es la posición que va a tener nuestro Gobierno”.

Durante este espacio se alertó sobre el rezago en la educación inicial y la deserción escolar. Se propuso que las escuelas vuelvan a ser espacios atractivos y que la formación se extienda más allá del grado once mediante la creación de centros universitarios en los propios territorios.

Para cerrar las brechas, la viceministra dijo que desde la cartera seguirán utilizando los modelos de educación flexible e implementando tecnología en el proceso de enseñanza para todos y, en especial, para los territorios más alejados.

Gledy María Foliaco Rebolledo, viceministra de Educación Preescolar, Básica y Media de Colombia. Foto: Brían Rosado - SEMANA

Financiación, talento y tecnología

En el panel ‘¿Quién debe financiar el talento que necesita el país?’, se abordó la necesidad de diversificar las fuentes de financiación de la educación superior en Colombia para reducir la alta dependencia del presupuesto general de la nación, especialmente ante coyunturas de emergencia y reconstrucción.

Se destacó que la deserción universitaria supera el 40 % a nivel nacional y que la tasa de tránsito de la educación media a la superior es de apenas el 39,7 %, lo que deja a la mayoría de los bachilleres fuera del sistema.

Ante este panorama, se planteó la urgencia de fortalecer las alianzas público-privadas, aprovechar los incentivos tributarios para las empresas, como obras o matrículas por impuestos, y recurrir a la banca multilateral, la cooperación internacional y los convenios con universidades extranjeras para multiplicar los recursos disponibles.

Asimismo, se debatió sobre la pertinencia de la oferta académica y su desconexión con el sector productivo: un profesional tarda en promedio 18 meses en vincularse laboralmente tras graduarse. Para mitigar esto, se propuso impulsar la formación técnica y tecnológica mediante ciclos propedéuticos con tasas de crédito diferenciadas, facilitando una inserción laboral más temprana y adaptada a las vocaciones regionales.

Se alertó, igualmente, sobre la pérdida de competitividad del país debido a la caída consecutiva de la cobertura en la educación secundaria, sobre todo de sexto a noveno, un nivel educativo vital para que los jóvenes desarrollen las competencias básicas de disciplina y lectoescritura que demanda el mercado laboral.

Durante la segunda jornada del segundo día de la Cumbre, también se compartieron experiencias exitosas de educación digital en entornos vulnerables y rurales sin necesidad de conectividad permanente a internet.

Sumado a esto, se recalcó la importancia de diseñar currículos flexibles centrados en las necesidades reales y la empleabilidad de los estudiantes, y panelistas coincidieron en que la tecnología debe ser una herramienta controlada y con un propósito pedagógico claro, sin demonizarla ni caer en extremos, manteniendo siempre al docente como un guía y mentor fundamental.

En cuanto a aprendizaje en tiempos de inteligencia artificial, Sebastián Riomalo, socio y líder de la Práctica de Educación de McKinsey en Hispanoamérica, destacó que la disrupción de la IA es un cambio caracterizado por su escala, velocidad y alcance.

Propuso que los líderes educativos dejen de implementar soluciones aisladas y las orienten a resolver problemas concretos, como prevenir la deserción estudiantil y reducir la carga administrativa de los docentes.

El cierre de este evento icónico de SEMANA estuvo a cargo de Sabino García, gerente de Google for Education Región Andina-México, quien se centró en que la tecnología y la inteligencia artificial no deben ser vistas solo como planes de contingencia, sino como “herramientas poderosas” para crear experiencias de aprendizaje personalizadas y accesibles que potencien el máximo desarrollo de cada estudiante.

¿Qué puede aprender Colombia de los países que están a la vanguardia en educación?

Igualmente, destacó que la transformación digital requiere un cambio mental en el que los educadores asuman un rol de guías, mentores y arquitectos de experiencias, apoyándose en la analítica de datos en tiempo real para optimizar su labor.