Mientras Colombia debate sus resultados educativos y busca respuestas frente a las brechas de aprendizaje, hay una pregunta que va más allá de cualquier indicador: ¿qué está haciendo el país para garantizar que cada niño pueda construir su propio futuro?
La respuesta debe pasar por la escuela, los docentes, la tecnología y, sobre todo, por la decisión de no dejar a nadie atrás, incluso en los territorios más golpeados por las emergencias.


Este tema fue abordado por Tanya Chapuisat, representante de Unicef en Colombia, este miércoles 23 de septiembre en el marco de la 13.ª Cumbre Líderes por la Educación de SEMANA.
Chapuisat inició su conferencia destacando que el futuro no comienza al terminar la escuela, sino desde la primera infancia, cuando los niños empiezan a descubrir el mundo, se inscriben en modalidades de atención integral, encuentran maestros que creen en ellos y entienden que tienen derecho a soñar.
“Durante los cuatro años que llevo en Colombia, he tenido la oportunidad de visitar territorios muy distintos entre sí, Belén de Bajira, Chocó; Tibú, Norte de Santander; Barbacoas, Nariño, entre muchos otros, y en todos esos lugares he conversado con niños, niñas y adolescentes, y cada vez estoy más convencida de que algo que con frecuencia olvidamos es que el futuro no empieza cuando un joven o una joven termina la escuela”, dijo la representante.

Y planteó que si un niño o niña no aprende a leer a tiempo y no entiende lo que lee, todo lo demás se vuelve más difícil, ya que la lectura es la base para materias más complejas como las ciencias sociales.
Además, advirtió que “en Colombia, la mitad de los niños todavía no leen a tiempo” y que si un niño o una niña no aprende a leer a tiempo, todo lo demás se vuelve mucho más difícil: “La lectura no solamente abre las puertas de conocimiento, también es la base sobre lo que se construyen y demás aprendizajes”.
De igual manera, aseguró que la inversión en las personas es clave para construir país y reiteró que las naciones no se construyen únicamente con infraestructura (carreteras, energía y conectividad), sino destinando recursos al desarrollo del potencial de cada niño y niña.
“Las pruebas Pisa muestran que estamos fallando en lograr que los niños y niñas aprendan a entender lo que están leyendo y aprendan conocimientos básicos como las matemáticas. Y sí, los datos muestran desafíos importantes, pero detrás de cada indicador hay un niño, una niña, una familia y una historia”, dijo.
Sobre el rol y uso responsable de la tecnología, sostuvo que es evidente que esta ya es parte de la vida de la niñez y adolescencia, por lo que el objetivo debe ser lograr que sea más segura, equitativa y responsable, que apoye a los docentes y amplíe oportunidades, pero que siempre vaya acompañada del fortalecimiento de habilidades esenciales como la lectura, la escritura, el pensamiento crítico y la capacidad de discernir información.
Y en cuanto al impacto del terremoto y la educación en emergencias, afirmó que a raíz de este se evidenció cómo los imprevistos afectan las escuelas, interrumpen las rutinas de niños y adolescentes, especialmente en entornos golpeados por el conflicto armado, y aumentan el riesgo de rezago en el aprendizaje.
“Desde Unicef tenemos la convicción de que la educación es un derecho fundamental y una necesidad esencial que nunca debe detenerse, siendo la reapertura de escuelas clave para la recuperación y reconstrucción de las comunidades”, destacó Chapuisat.

La representante de Unicef en Colombia cerró su intervención diciendo que, para una mejor educación, el país debe trabajar en la adaptación y cierre de brechas en territorios vulnerables: “El reto general es cerrar las brechas de aprendizajes básicos y garantizar que la niñez complete sus trayectorias educativas”.
