Cartagena y Bolívar tienen hoy dos mandatarios que han apostado por una gestión conjunta. El gobernador Yamil Arana y el alcalde Dumek Turbay llevan dos años impulsando lo que describen como la mayor inversión pública en la historia de la ciudad, sin esperar al Gobierno nacional y, muchas veces, a pesar de él.
Esa sintonía quedó en evidencia durante la entrevista que ambos concedieron a Carlos Enrique Rodríguez, subdirector general de SEMANA, en El Debate, espacio central de una nueva edición de SEMANA por Colombia en la región.
Durante una hora de conversación en el Hotel Intercontinental de Cartagena, hablaron de los ocho años que, según ellos, acumula la región sin una inversión significativa del Gobierno nacional; del aeropuerto que sigue sin materializarse; de la crisis del agua; de la minería ilegal que financia estructuras criminales en el sur de Bolívar, y del escenario político que dejó la primera vuelta presidencial.
Colombia eligió los candidatos que van a segunda vuelta, pero el presidente Gustavo Petro dijo que no reconoce los resultados. ¿Cómo han visto este proceso electoral?
DUMEK TURBAY (D.T.): Es el reflejo, lamentablemente, de los liderazgos que no han unificado a Colombia. El papel del líder es buscar puntos de encuentro más allá de las diferencias ideológicas. En el caso del gobernador y de nosotros, sumando a la dirigencia comunal, los sectores productivos y la academia, el propósito siempre ha sido que a la ciudad le vaya bien y que a los que más lo necesitan también.
Desde lo nacional, eso no ocurrió. El planteamiento de división de los últimos años ha sido evidente. Ayer me preguntaban qué pensaba de esa declaración del presidente Petro de no aceptar los resultados del domingo, y yo les decía que me parecía un error. Yo no voté por el presidente Petro hace cuatro años, pero acepté el resultado y desde ese mismo día acepté que él fuera mi presidente.
Los líderes de Colombia le han fallado a su gente –todos– porque no promovieron puntos de encuentro. La expectativa que tenemos como gobernantes es que estos días por venir no sean motivo de convulsión social. Nosotros en el Caribe pensamos distinto y tenemos una forma distinta de tramitar las diferencias, pero lo que ha pasado es muy peligroso.
Al final, cuando gobernamos, lo que buscamos es que la ciudadanía nos avale frente a lo que hicimos. Yo no puedo calificar bien el gobierno de Gustavo Petro. Lo he dicho varias veces, públicamente, y lo he argumentado.
Desde mi visión de gobernante en el territorio, lo que primero hemos sentido durante todo este tiempo es desprecio por la labor que hacemos. Obras son amores y no buenas razones. No puedo sino calificar entre uno y diez con un uno al gobierno de Petro frente a la solución de problemas en Cartagena en beneficio de nuestra gente.
Gobernador, ¿cómo lee usted lo que pasó el domingo 31 de mayo?
YAMIL ARANA (Y.A.): Lo aterrizo al terreno de nosotros. Recuerdo lo que vivía el departamento de Bolívar y la ciudad de Cartagena hace algunos años: todo motivo de división. Y eso está pasando en el país ahora mismo. Los líderes de Colombia no se encargaron de sembrar la semilla de la unión. Lo que promovieron como un gran encuentro nacional terminó dividiendo a la ciudadanía entre dos extremos. Estamos peor que hace cuatro años.
Imagínense si el jefe del Estado dice que desconoce unos resultados y desconfía de la Registraduría Nacional: ¿qué queda para el ciudadano de a pie? Y no son solo estas elecciones. Ahora vienen unas regionales: ¿qué tal si eso se traslada a los miles de concejales, diputados, alcaldes y gobernadores que se eligen en menos de año y medio? Me da tristeza que el país siga dividido.
Sea quien sea que gane la presidencia, tiene que buscar una alianza entre los diferentes sectores. A la gente no le importa si el político es de derecha o de izquierda; le interesa que le resuelvan los problemas.
Alcalde, ¿quiere agregar algo?
D.T.: Utilizo siempre la palabra desprecio, porque no puedo entender cómo la figura del alcalde, del gobernador –que estamos en contacto directo con los ciudadanos– no se tiene en cuenta. En este periodo de la alcaldía he ido cuatro veces a Bogotá: nadie te atiende, nadie da buenas noticias. Se perdió la gestión. Y en sus casi cuatro años, Petro es el presidente que más ha visitado Cartagena, pero el que menos ha hecho.
Cuando se baja del avión, la expectativa es: llegaron las buenas noticias. Llegó el mejor aliado para llevarle el agua a Tierrabomba, algo que se ofreció y nunca llegó. Era un compromiso del Gobierno nacional a través de una decisión judicial de obligatorio cumplimiento, y la gente de Tierrabomba en Bocachica me lo cobra a mí.
Lo que yo espero del próximo presidente –sea el que sea– es que primero reconozca que hay unos gobernantes en el territorio bajo el imperio de la democracia, y segundo, que haya un compromiso real con la región. El desarrollo de Bolívar y de Cartagena hoy lo están financiando los bolivarenses y los cartageneros con el pago de sus impuestos.
Gobernador, ¿cuánto le está costando el centralismo a Bolívar?
Y.A.: Necesitamos que la relación con el Gobierno nacional que venga traiga frutos y obras a Cartagena y a Bolívar. Yo era congresista en el gobierno pasado. En el Presupuesto General de la Nación aprobamos para Bolívar más de un billón de pesos en obras de infraestructura, sin contar el canal del Dique, que eran más de 3 billones.
Este Gobierno no llega al 20 por ciento de eso. Hacemos un plan de desarrollo alineado con el de ellos, y algunas metas se ven truncadas porque no hemos tenido su apoyo en la debida medida.
Y aún más triste para Cartagena: en el Gobierno pasado, la pésima relación con el alcalde hizo que llegara muy poco. Hoy es el Gobierno quien no recibe al alcalde de Cartagena. Van casi ocho años en los que poco invierte en la ciudad. Imagínense si llega un gobierno que nos ayude a sacar adelante lo que estamos soñando. Ahí completaríamos la frase de la superciudad y el superdepartamento.
Mañana vamos a reaperturar el parque Apolo, homenaje a Rafael Núñez –el único presidente cartagenero–. Lo digo para hacer referencia a que nosotros somos periferia y el centralismo es el que nos tiene en dificultades. Perdimos una gran oportunidad en la Constitución de 1991.
De cada cien pesos que enviamos a la nación, nos devuelven nueve o diez. Recogemos aquí una cantidad enorme de dinero –puertos, aeropuertos, parques naturales, fortificaciones, IVA– y nos devuelven solo nueve pesos. Mire el desajuste y el atropello con la región.
Alcalde, ¿cuál es la deuda más urgente?
D.T.: No ha habido forma de entender por qué no han autorizado un nuevo aeropuerto para la ciudad. Nuevas conexiones aéreas con Colombia y con el mundo, más visitantes. La primera impresión que se llevan es que somos una ciudad del mundo, estamos hablando de una superciudad, pero tenemos un aeropuerto de provincia.
¿Cómo entender que la operación portuaria de Cartagena es la mejor, la más eficiente, la más importante para la economía del país, y no se le da la atención debida? ¿Cómo entender que el proyecto de recuperación de la bahía de Cartagena, la restauración ambiental del canal del Dique y el proyecto que va a recuperar el parque natural Isla del Rosario están esperando un licenciamiento de la Anla porque una activista que fue ministra de Ambiente decidió suspender el proceso?
En algún momento han dicho que somos la ciudad de la codicia, pero es que la ciudad de la codicia produce empleo, produce ingresos, produce impuestos, y todo se revierte en la ciudadanía. Somos la ciudad industrial del Caribe, tenemos la mejor operación logística y comercial por nuestra cercanía con el canal de Panamá y somos la ciudad turística por excelencia de Colombia.
Los mejores números del Plan de Desarrollo Nacional frente al turismo los aporta Cartagena, y tenemos un año pidiendo que la ministra de Comercio, Industria y Turismo nos atienda. No nos ha atendido.
Dentro de nuestro plan de desarrollo queremos construir un hospital. Para eso necesitamos un aval técnico del Gobierno nacional, y ese aval se demora ocho años; ni siquiera nos han hecho la primera revisión. El acueducto de Tierrabomba tiene dos años esperando ese visto bueno en el ministerio. El hospital de los Montes de María, igual.
La Universidad de los Montes de María tuvimos que aprobarla con recursos propios porque nos negaron los nacionales. El futuro tiene que indicar que un nuevo gobierno le dé a la región el trato que se merece.
¿Cómo está la seguridad? ¿La extorsión está creciendo?
D.T.: Los alcaldes hemos sufrido demasiado. Somos 32 en nuestra agremiación de ciudades capitales y hay dificultades en toda Colombia. Nosotros no le hemos negado a la Policía las condiciones de movilidad, tecnología e inteligencia que necesita. La principal causa de la muerte violenta en Cartagena está direccionada en un 90 por ciento al narcotráfico o microtráfico.
Cada vez que hay una incautación de droga que va a salir de la ciudad, automáticamente se genera una circunstancia de violencia. Y el cartagenero siente aún más el hurto y el raponazo. Últimamente está absolutamente desesperado en algunos sectores donde la extorsión está muy acentuada.
Si hacemos una encuesta privada, creo que nos califican bien hasta cuando llega la pregunta sobre seguridad. El ciudadano nos valora, pero ahí encuentra que hay mucho por hacer. Y en esto no solo es el alcalde, el gobernador o laPolicía: es el sistema judicial y, sobre todo, el sistema penitenciario, porque gran parte de los problemas de convivencia se generan en las cárceles.
El concepto que tenemos en nuestro plan de desarrollo es el de seguridad humana, que construyó la ONU hace muchos años: la seguridad es construir un buen parque, un buen colegio, impulsar comedores comunitarios, tener la posibilidad de que la cultura, el deporte y los símbolos de la ciudad te hagan sentir orgulloso del territorio en el que vives.
Así lo hacemos día a día. El general Peña, comandante de la Policía, me llamó anoche a decirme: “Ganamos el día”. Ayer pasamos en cero, en limpio. Pero a las doce y un minuto volvemos a arrancar.
Y.A.: Los problemas en el departamento son diferentes; por eso no lo interrumpí. Nuestra visión sobre seguridad es regional y ya no enfrentamos bandas criminales, sino organizaciones criminales. Volvemos al tema del centralismo: no tenemos policía de ciudad, no tenemos estructuras militares de departamento. Toda la fuerza pública está concentrada en el centro del país y para todo dependemos de instrucciones que vengan del Estado central.
No existe hoy en Colombia una política pública nacional de combate militar en contra de las organizaciones criminales. Yo voy al sur de Bolívar en helicóptero y me doy cuenta de dónde está toda la minería ilegal.
Bolívar ya no siembra coca porque esas estructuras encontraron un negocio un poco menos ilícito y que da mayores resultados: aquí todo se financia a través de la minería ilegal. Uno como ciudadano las identifica y se pregunta por qué la fuerza pública no puede intervenir, por qué no van, incautan o queman la maquinaria amarilla que se utiliza para explotar esas minas.
Hablamos de sostenibilidad ambiental, pero estamos deforestando todas las zonas donde hay minería ilegal. Y el oro, cuando se transforma, ya es muy difícil identificar que viene de una extracción ilegal. Con ese financiamiento del sur de Bolívar pagan todo el funcionamiento de las estructuras criminales que se refleja acá en la ciudad.
Se viene un fenómeno de El Niño. ¿Está preparada la región?
D.T.: No ha llegado el fenómeno de El Niño y Veolia ya tiene con el fenómeno de El Niño a la gente. Yo acabo de plantear un divorcio con Veolia. Eso se llama la tormenta perfecta: tenemos problemas sin el fenómeno de El Niño. Esta mañana escuché a la ONU diciendo que va a ser un reto mundial. No es un juego. Al segundo semestre ya no le dicen El Niño: le dicen el Súper Niño. Nosotros hablando de superciudad y hablando de Súper Niño.
Mi preocupación es el suministro del precioso líquido para la ciudad, porque no es solo para el consumo del hogar: la operación industrial y comercial de Cartagena depende en gran medida de eso. Acá tenemos lo que hemos denominado la crisis del éxito.
Cartagena está viviendo un gran momento, tiene esperanza, tiene buenas proyecciones, pero hay miles de solicitudes de agua y alcantarillado para proyectos inmobiliarios –más de cien mil unidades de vivienda de todos los estratos– y no tiene cómo atenderlos.
Si se viene un Súper Niño, la circunstancia se va a agravar. La semana entrante vamos a tener un encuentro de alcaldes de ciudades capitales precisamente para hablar de eso, y lo que vamos a plantear es: ¿qué va a tener que afrontar un gobernador, un alcalde y un Gobierno nacional que llega el 7 de agosto? Grave estamos, pero hablo del país: no hay planes, no hay protocolos.
Y.A.: El cuerpo de agua desde donde Veolia toma el líquido para suministrar las redes de la ciudad queda en el municipio de Arjona, departamento de Bolívar. Ya la crisis se está notando con el calentamiento global y los niveles bajos de los embalses, y empieza a afectar a Cartagena. Lo que viene ahora es de Arjona hacia el sur de Bolívar, donde toman agua Magangué, Arjona y Turbaco. Volvemos al círculo vicioso: vamos a quedar a expensas de que el Gobierno nacional nos ayude con proyectos de mitigación del riesgo.
Desde Bogotá sorprende ver a un gobernador y un alcalde trabajar así, en equipo. ¿Cómo lo lograron?
D.T.: Cuando yo estaba aspirando a la alcaldía, él se escondía para apoyarme por aquello de la doble militancia. Hay unas reglas que no las entiende nadie. En algún momento dijimos: “Ya no podemos seguir quejándonos”. En abril de 2024 decidimos encargarnos nosotros de hacer la tarea, sin esperar más. Al principio íbamos a Bogotá los dos.
El gran problema de Cartagena, desde 2023 hacia atrás, era una ciudad fracturada, distante, con historias de desarrollo y de política que le hicieron muchísimo daño. Hoy siento todo lo contrario: hay diferencias, hay observaciones como es normal, pero todos estamos jalando del mismo lado, empujando esto en beneficio de la ciudad que nos acogió, para que la próxima administración encuentre una ciudad distinta, transformada para bien.
Como alcaldía y gobernación estamos impulsando la inversión pública más grande que se haya hecho en la historia de esta ciudad. Sin antecedente. De manera horizontal, sin jerarquías, nadie más que nadie, todos hacemos un esfuerzo porque a esta ciudad le vaya bien.
Si no estuviéramos en esta unidad, creo que Cartagena estaría sufriendo muchísimo. El mensaje de nosotros como gobierno de la ciudad es: a pesar de las peloteras nacionales y las discusiones electorales, tenemos que mantener la frente en alto, el enfoque y mantenernos unidos en beneficio de esta tierra.
Y.A.: El gobernador necesita al alcalde para todo. Cuando llegué a la gobernación había un proyecto de un parquecito en Las Gaviotas que se llama Parque El Edén. Estaba aprobado, tenía recursos, llevaba siete meses y no se había podido empezar porque había un permiso esperando en la alcaldía. Llamé a Dumek y a las dos de la tarde lo tenía firmado.
Los cruceros llegaron a la gobernación; después de ayudar con todo el papeleo, me dicen: “Hay un solo problema: el alcalde pasado no nos quiso dar permiso para salir desde La Bodeguita”. Le dije: “No, espérate, que yo voy a llamar al alcalde de ahora, que ese nos resuelve”. Y en la tarde tenían el permiso. Imagínense si no estuviésemos unidos.
La unión lo que ha traído es desarrollo para la ciudad, sin egos ni afanes de protagonismo. A veces tenemos diferencias, pero las hemos resuelto. Tres peleas. Pero no hay nada más chévere y más fácil para gobernar que trabajar unido, y además con un excelente alcalde que tiene hoy Cartagena. La bendición de tener el mejor alcalde en la historia de la ciudad ha facilitado todas las intervenciones que hemos querido hacer acá.
SEMANA por Colombia Cartagena y Bolívar fue organizado por Foros Semana con la participación de Aguas de Cartagena, Alcaldía de Cartagena, Arquitectura y Concreto, Banco GNB Sudameris, Camacol Bolívar, Cotecmar, Cotelco Capítulo Cartagena y Bolívar, Egal, Gobernación de Bolívar, Grupo Puerto de Cartagena, Lulo Bank, Serena del Mar, Surtigas, Universidad Tecnológica de Bolívar. El Universal, el medio aliado.