Colombia avanza en la adopción de inteligencia artificial, pero el ritmo de uso todavía supera su capacidad para desarrollar estas tecnologías. La brecha también se refleja en América Latina y el Caribe: la región concentra entre 15 y 20 por ciento de las descargas mundiales de aplicaciones de inteligencia artificial, pero recibe apenas 1,12 por ciento de la inversión global. Así lo planteó Rodrigo Peñailillo, gerente regional del Norte Andino y Panamá y representante de CAF en Colombia, durante el foro ‘Inteligencia artificial: más allá del hype’, organizado por SEMANA y Dinero.
Antes de abordar el tema central, Peñailillo se refirió al reciente sismo. Señaló que CAF —banco de desarrollo de América Latina y el Caribe— destinó 500.000 dólares para atención inmediata y puso a disposición instrumentos financieros dirigidos a rehabilitación y reconstrucción. También explicó que el banco se sumó al trabajo de las agencias de Naciones Unidas para dimensionar los daños mediante imágenes satelitales y drones.
“Ya hemos destinado una ayuda humanitaria de medio millón de dólares para las acciones de atención inmediata”, señaló. Sobre el alcance de la emergencia, agregó: “Vamos a saber en 72 horas cuál es la dimensión del daño en todo el territorio nacional”.
América Latina y el Caribe es la tercera región del mundo en descargas de aplicaciones de inteligencia artificial y concentra entre 15 y 20 por ciento del total global. En contraste, capta apenas 1,12 por ciento de la inversión mundial. “En esta tecnología consumimos como una región grande, pero producimos como una pequeña”, afirmó Peñailillo. Y agregó: “Usamos estas herramientas mucho más rápido de lo que desarrollamos la infraestructura y las capacidades para producirlas y llevarlas a escala”.
La diferencia también tiene efectos sobre el crecimiento económico. Estados Unidos podría crecer 15 por ciento gracias a la inteligencia artificial, mientras que en América Latina y el Caribe ese efecto llegaría apenas a 5 por ciento.
Adopta la IA, pero la integra poco
En Colombia, la adopción también aumentó. En 2025, el 24 por ciento de los colombianos utilizó activamente herramientas de inteligencia artificial, el doble que en 2023. Sin embargo, la mayoría se reconoce como aprendiz y solo el 3 por ciento se considera usuario experto. “Es un indicio de que el país está adoptando la inteligencia artificial de manera individual y espontánea, sin que ese uso se traduzca todavía en dominio ni en cambios sustanciales en los procesos productivos”, señaló Peñailillo.
En 2025, Colombia ocupó el cuarto lugar de la región en el índice latinoamericano de inteligencia artificial, detrás de Chile, Brasil y Uruguay. Peñailillo aclaró que el índice no mide cuánto se utiliza la tecnología, sino con qué cuenta un país para desarrollarla: infraestructura y cómputo, talento, datos, investigación y gobernanza. “Los cimientos, por lo tanto, existen y son comparativamente sólidos dentro de la región”, afirmó. Frente a los países de la Ocde, sin embargo, advirtió: “Estamos bastante lejos”.
En las empresas, la situación es similar. El 42 por ciento de las compañías colombianas ya incorporó inteligencia artificial en alguna parte de sus operaciones, pero solo el 26 por ciento alcanzó un nivel avanzado de integración. “Estas cifras indican que el país avanza más rápido en incorporar las herramientas que en transformar el proceso que las rodea”, sostuvo Peñailillo. Por eso planteó que “la siguiente frontera de Colombia” es convertir esas herramientas en capacidad instalada de sus empresas e instituciones.
El cambio también genera temor porque “transformar procesos implica hacer ciertos cambios estructurales”, con efectos sobre las empresas y el mercado laboral. Para Peñailillo, la clave está en demostrar que la IA puede resolver problemas concretos. Para explicarlo, presentó tres casos.
El primero fue Kilimo, una compañía argentina que combina datos meteorológicos, imágenes satelitales e inteligencia artificial para indicarle a cada productor cuánto y cuándo debe regar. Opera en siete países de América Latina y cuenta con más de 4.000 productores activos. Según la empresa, su plataforma permitió ahorrar 70.000 millones de litros de agua en tres años.
El segundo ejemplo está en Dinamarca. El servicio de emergencias de Copenhague incorporó un modelo de reconocimiento de voz que analiza las llamadas al número de emergencia y alerta al operador cuando detecta un paro cardiaco. La sensibilidad de detección pasó de 72,5 por ciento a 84,1 por ciento y el tiempo de reconocimiento bajó de 54 a 44 segundos. “Esa diferencia de 10 segundos puede ser decisiva para lograr recibir instrucciones de reanimación”, señaló Peñailillo.
El tercer caso está en el sistema financiero. En América Latina y el Caribe, 53,4 por ciento de los adultos pidió dinero prestado durante 2024, pero solo 28,5 por ciento lo hizo a través de una entidad financiera.
Como ejemplo mencionó a la fintech mexicana Konfio, que utiliza fuentes alternativas de datos, como el pago de servicios públicos, el flujo de caja del negocio y el pago a proveedores, para construir modelos de calificación crediticia. Según las cifras presentadas, Konfio desembolsó más de 850 millones de dólares entre 2024 y 2025 a cerca de 80.000 pequeñas empresas.
En los tres casos hay una secuencia similar: “Un problema bien definido, un proceso rediseñado y una medida del resultado”. Solo cuando ese resultado aparece, se movilizan alianzas y financiación para ampliar la solución. “Ese orden es el que separa a un piloto de una verdadera transformación”, sostuvo.
Más financiamiento para Colombia
CAF busca complementar estos esfuerzos y contribuir a cerrar estas brechas. Peñailillo explicó que el banco puede financiar habilitadores como conectividad e infraestructura digital, fortalecer las capacidades de instituciones y empresas para estructurar proyectos y movilizar recursos hacia soluciones que hayan demostrado resultados.
En esa línea, recordó el compromiso adquirido con el Gobierno colombiano hace tres semanas en Medellín: un piso de financiación de 9.000 millones de dólares para los próximos cuatro años. El 60 por ciento será sin garantía de la nación y estará dirigido a empresas públicas y privadas y Gobiernos subnacionales. El 40 por ciento restante estará destinado a apoyo presupuestal y a proyectos y programas de inversión del Gobierno.
Con ese compromiso, la cartera de CAF en Colombia aumentará cerca de 40 por ciento, al pasar de 5.000 millones a 7.000 millones de dólares en los próximos cuatro años. Peñailillo recordó, además, las cumbres de CAF y la Unesco en Santiago, Cartagena y Montevideo, que culminaron en una hoja de ruta de inteligencia artificial ética para la región.
En la parte final de su intervención, llevó la conversación a problemas concretos de Colombia: los diagnósticos tardíos en salud, la deserción educativa que puede predecirse, la baja productividad, los efectos del clima sobre el agro, el crédito informal y el tiempo perdido en los trámites del Estado.
Sobre productividad, Peñailillo advirtió que Colombia también enfrenta una fuerte brecha territorial. La productividad del Caribe colombiano, dijo, es apenas un tercio de la de Bogotá, mientras que la de la capital equivale a un tercio de la de Estados Unidos. “Tenemos un problema, además, territorial muy fuerte”, afirmó. Para el alto directivo de CAF, la discusión ya no es si la inteligencia artificial llegará al país, sino qué hará Colombia con ella.
“Hace un par de décadas, la discusión era si esta tecnología iba a llegar. Hoy es qué hacemos con ella”, planteó. Y cerró con una pregunta: ¿Nos subimos al tren o nos quedamos abajo? Porque el tren va a seguir su rumbo.