Colombia se ha consolidado como uno de los principales hubs agrifoodtech de la región. ¿Qué factores explican esto?

Sergio Zúñiga: Colombia lleva 15 años construyendo un ecosistema viable para emprendimientos, particularmente para aquellos que tienen una base tecnológica o de innovación que les permite crecer de manera muy rápida, sostenible y generar empleos de calidad, lo que ha consolidado al país como un ecosistema clave en la región.

Asimismo, la producción agroalimentaria es el principal jalonador de la economía, por lo que tenía mucho sentido empezar a emprender en temas relacionados con el sector.

“El campo no es un lugar de sacrificio. Tenemos que verlo como un lugar de oportunidades”

¿Cree que Colombia pueda sostener esto en el mediano plazo?

S.Z.: Tenemos un ecosistema consolidado y en crecimiento, con nuevos actores e inversión. Sin embargo, esto va a depender no solo de que existan emprendedores, sino de que esas inversiones que se hicieron hace varios años empiecen a generar retornos a los inversionistas, lo cual genera un ciclo virtuoso de reinversión.

El sector ha captado cerca de 40 millones de dólares en inversión. ¿Qué cambió en la narrativa del agro para que hoy sea visto como una oportunidad de venture capital?

S.Z.: La tecnología colombiana que se aplica en la producción agroalimentaria ha ganado mucho reconocimiento en el mundo y puede exportarse incluso más rápido que el alimento, pues muchos países están buscando soluciones para el agro.

Además, el emprendedor colombiano es un muy buen trabajador y muy serio, lo cual ha generado mucho apetito por el país.

Más allá de las cifras, ¿cómo está impactando este ecosistema en la generación de empleo calificado y en la sofisticación del talento en Colombia?

S.Z.: El año pasado hicimos un mapeo de cómo está el ecosistema agrifoodtech en Colombia y vimos un gran crecimiento de las startups. Actualmente, generan más de 2.000 empleos sofisticados, tecnificados y con un gran nivel científico.

¿Cómo ven el tema del relevo generacional en el campo?

S.Z.: Vemos que ya hay un relevo generacional en el que los hijos de los productores quieren migrar a la ciudad. Sin embargo, la tecnología se empieza a convertir en una posibilidad para estas nuevas generaciones, pues pueden trabajar con un dron para monitorear los cultivos, una tablet para encontrar su sistema de riego o un tractor que distribuye los biofertilizantes de manera más inteligente, lo cual hace que un joven reconsidere la idea de moverse a la ciudad.

¿Qué resultados están viendo en productividad y rentabilidad con la adopción de estas tecnologías?

S.Z.: El impacto es enorme. Por ejemplo, estamos reduciendo el desperdicio de alimentos del 30 por ciento a menos del 10.

Además, la productividad puede aumentar hasta 70 por ciento y podemos evitar pérdidas por cambios climáticos predecibles hasta en un 90 por ciento. Cuando se implementa tecnología, puede haber retornos de diez veces lo invertido en diez años.

¿Cuál es el papel del Colombia Agrifood Innovation Hub en la conexión entre academia, empresa y Estado?

S.Z.: Es totalmente clave tener esta articulación. Hemos visto que las tecnologías más potentes se encuentran en las universidades y en los laboratorios, y hay que lograr que pasen rápidamente al campo, pues cuando el conocimiento se transfiere, puede generar muchísima más riqueza que cuando simplemente se guarda.

Las universidades ya están yendo al campo para hacer pilotos con pequeños productores, alcanzando tratos justos para poder usar la tecnología en los cultivos y volver escalables estos proyectos.

¿Qué le falta a Colombia para convertirse en un referente global del agrifoodtech y exportar estas soluciones al mundo?

S.Z.: Creemos firmemente en ese potencial y por eso hace dos años llegamos a invertir en los emprendedores que hacen tecnología para el agro y la producción de alimentos en Colombia, junto a diferentes aliados, con quienes hemos creado el Colombia Agrifood Innovation Hub, para seguir conectando a todos esos actores y apoyando de forma gratuita a los emprendedores que están haciendo la diferencia en el sector.

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Sin embargo, nos falta abrirnos mucho más a los mercados internacionales, ver qué está consumiendo el mundo, ampliar la canasta de productos que se exportan y disminuir la brecha tecnológica con países como China, Estados Unidos o los europeos.