Entre enero y julio de 2026, tres investigaciones elaboradas por instituciones distintas llegaron a una preocupación común. Aunque analizaron momentos diferentes del proceso educativo y utilizaron metodologías distintas, todas advirtieron que Colombia enfrenta un problema persistente: miles de niños no están desarrollando las habilidades lectoras que deberían adquirir durante los primeros años de escuela.
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Lo preocupante es que el problema no aparece únicamente al finalizar la primaria. Las investigaciones muestran que comienza mucho antes y que, sin intervenciones oportunas, termina reflejándose en el rendimiento académico, el rezago escolar y las oportunidades de aprendizaje durante el resto de la vida escolar.
Enero: la primera alerta
La primera señal del año llegó en el marco del Día Internacional de la Educación. La Fundación Instituto Natura presentó un análisis, apoyado en el Informe de Pobreza de Aprendizajes del Banco Mundial y en estudios sobre desempeño lector en Colombia, con una cifra que marcó el inicio del debate: uno de cada tres estudiantes de primaria no alcanza los niveles mínimos de comprensión lectora.
El análisis también advirtió que seis de cada diez estudiantes de colegios oficiales presentan niveles de comprensión lectora inferiores a los esperados para su edad.
La directora de la fundación, Olga Sánchez, insistió entonces en una idea que volvería a aparecer en los meses siguientes: saber leer palabras no significa necesariamente comprender lo que se lee. Aunque Colombia registra altas tasas de alfabetización básica entre la población adulta, ese indicador dice poco sobre la calidad del aprendizaje lector de los niños que hoy cursan la primaria.
Mayo: comprender por qué ocurre
Cuatro meses después, un análisis divulgado por la Universidad de San Buenaventura, sede Bogotá, y recogido por distintos medios, entre ellos CONtexto Ganadero y Noticias RCN, amplió la discusión desde una perspectiva pedagógica.
Según esas publicaciones, la investigación encontró que el 48 % de los niños no comprende textos simples al finalizar la primaria y que apenas el 29 % alcanza un nivel básico en matemáticas.
Más allá de las cifras, el estudio plantea una explicación estructural. Catalina Carrero, directora del programa de Educación Infantil, sostiene que los niños llegan hoy a la escuela con formas distintas de aprender, influenciadas por una mayor exposición a pantallas, cambios en la dinámica familiar y nuevas maneras de interactuar con la información, mientras muchos procesos de enseñanza continúan respondiendo a modelos tradicionales.
La investigación evita responsabilizar exclusivamente a los docentes y dirige la atención hacia la necesidad de actualizar las estrategias pedagógicas para responder a una generación con características diferentes a las de hace apenas una década.
Julio: anticiparse al problema
La tercera investigación del año dio un paso distinto. En lugar de medir las dificultades cuando ya son visibles, el Instituto de Evidencia Educativa (IEE) propuso una herramienta para anticiparlas.
Su estudio Comprender el riesgo, actuar con urgencia desarrolló el Indicador de Riesgo para la Alfabetización Inicial (IRA), diseñado para estimar cuántos niños de entre 6 y 8 años atraviesan los primeros grados de primaria en condiciones que pueden dificultar el desarrollo de la lectura. El indicador combina dos dimensiones: la privación escolar —niños fuera del sistema educativo— y la privación de aprendizaje entre quienes sí asisten a clases.
Con esa metodología, el estudio estima que el 51 % de los niños colombianos entre 6 y 8 años, cerca de 1,3 millones, enfrenta riesgos para desarrollar adecuadamente las habilidades lectoras.
Colombia registra la segunda incidencia más alta entre los seis países analizados, solo por detrás de Argentina (59 %). El informe ubica a ambos países en un mismo perfil: mientras Brasil y México enfrentan principalmente un desafío asociado al tamaño de sus sistemas educativos, Colombia y Argentina concentran una proporción especialmente alta de niños expuestos al riesgo.
Los autores aclaran que el IRA no mide el desempeño actual de los estudiantes. Se trata de una estimación de riesgo construida con información regional comparable —principalmente el estudio ERCE y el indicador Learning Poverty del Banco Mundial— cuyo propósito es identificar tempranamente dónde se concentran los mayores desafíos para intervenir antes de que el rezago se consolide.
Como explica Miguel Székely, director del Centro de Estudios Educativos y Sociales de México, “los bajos niveles de comprensión lectora observados al final de la primaria son, en realidad, la manifestación tardía de problemas que comienzan mucho antes, durante los primeros años de escolaridad”. A su juicio, el principal aporte del IRA es permitir identificar esos riesgos antes de que se transformen en rezagos permanentes.
Un mismo desafío, tres miradas
Aunque las tres investigaciones no estudian exactamente el mismo fenómeno, juntas ofrecen una radiografía más completa del desafío que enfrenta Colombia.
La primera evidencia las dificultades cuando ya son visibles en la comprensión lectora; la segunda explora algunos de los factores pedagógicos y sociales que ayudan a explicarlas; y la tercera propone una herramienta para detectar el riesgo desde los primeros años de escolaridad, antes de que el rezago se vuelva irreversible.
Más que repetir un mismo diagnóstico, los tres trabajos describen distintas etapas de un mismo problema. En conjunto, muestran que aprender a leer durante los primeros años de primaria no solo determina el desempeño en lenguaje, sino que condiciona la capacidad de seguir aprendiendo en todas las áreas del conocimiento y amplía —o limita— las oportunidades educativas futuras.
Este será uno de los ejes de discusión de la 13.ª Cumbre Líderes por la Educación, que se realizará el 23 y 24 de septiembre en Bogotá. El encuentro reunirá a expertos nacionales e internacionales para debatir cómo fortalecer la alfabetización inicial, mejorar la calidad del aprendizaje y responder a uno de los retos más urgentes del sistema educativo colombiano.