Un estudiante puede hoy escribir un texto, resolver un problema, investigar un tema o desarrollar una presentación en cuestión de minutos con ayuda de inteligencia artificial. El resultado puede ser incluso mejor que el que habría producido por sí solo. Pero hay una pregunta que empieza a ser inevitable: ¿ese estudiante realmente aprendió?
Esta paradoja plantea uno de los grandes desafíos para la educación. Si la tecnología puede facilitar cada vez más tareas que antes exigían esfuerzo cognitivo, ¿qué sucede con las capacidades que justamente se construyen a través de ese esfuerzo?
En la Cumbre de Líderes por la Educación 2026, el taller acompañado por Colsubsidio “IA y el el costo de aprender menos” propone a directivos, rectores, coordinadores académicos, docentes y líderes del sector revisar críticamente el impacto de la IA en los procesos de aprendizaje. La cita es el próximo 23 de septiembre, a las 9:45 a. m., en la Sala 1A de Concepta, en el Cubo de Colsubsidio de Bogotá.
Regístrese en el taller “IA y el costo de aprender menos”. El evento es gratuito pero requiere inscripción previa mediante este enlace.
A través de una charla tipo TED, ágil y provocadora, el encuentro pondrá sobre la mesa tres ideas que están transformando la conversación educativa: un buen resultado ya no necesariamente demuestra aprendizaje; facilitarlo todo no siempre ayuda a aprender; y usar más inteligencia artificial no significa aprender mejor.
Como herramienta central se presentará el ÍNDICE FARO de Tec Alianza, un diagnóstico diseñado para identificar si el uso de la inteligencia artificial está ampliando las posibilidades de aprendizaje o reemplazando demasiado pronto capacidades que los estudiantes todavía necesitan construir.
FARO analiza cuatro dimensiones fundamentales: Fundamento, Autonomía, Razonamiento y Orquestación. Durante el taller, los participantes podrán utilizar este marco para reconocer fortalezas y alertas en sus propias instituciones y reflexionar sobre las decisiones que están tomando frente al uso de la IA.
El objetivo no es responder si la inteligencia artificial debe entrar o no al aula. La pregunta es mucho más profunda: ¿cómo se puede aprovechar sin delegar aquello que los estudiantes necesitan aprender por sí mismos?