En la IX Cumbre de Sostenibilidad de SEMANA y Semana Sostenible, realizada en El Cubo Colsubsidio, Ani Dasgupta, presidente y director ejecutivo del Instituto de Recursos Mundiales (WRI), planteó ante empresarios, funcionarios y líderes de la sociedad civil que el mundo atraviesa un momento de cambio extraordinario que, lejos de ser solo motivo de alarma, abre una oportunidad histórica para construir el modelo de desarrollo que Colombia y el planeta necesitan.

El directivo, oriundo de India y con una carrera de más de dos décadas en el Banco Mundial antes de llegar a WRI —organización con presencia en 60 países dedicada a llevar evidencia científica a la toma de decisiones de gobiernos, empresas y comunidades—, inició su intervención en inglés reconociendo la magnitud de los desafíos actuales.

Puso como ejemplo a Alemania, donde dijo haber estado recientemente y donde el país debate simultáneamente un aumento de 120.000 millones de dólares en gasto militar, el futuro de sus plantas nucleares, la crisis de su industria automotriz frente a la electromovilidad y si debe seguir financiando el desarrollo de otros países.

“Estas cuatro conversaciones —seguridad, transición energética, desarrollo e industria— antes parecían temas separados; hoy son, en realidad, una sola conversación”, afirmó.

Una transición que va mucho más allá del clima

Dasgupta explicó que la economía actual, construida durante 200 años sobre combustibles fósiles, ha sido la más próspera de los 10.000 años de historia de la civilización humana, pero hoy está dando paso a un nuevo sistema energético.

Sostuvo que el cambio de modelo energético ya está en marcha, pero aclaró que la principal fuerza detrás de ese proceso no es ambiental. “No es el cambio climático lo que principalmente está impulsando esta transición”, afirmó. Según explicó, son tres factores económicos los que están acelerando ese cambio: el avance tecnológico, el crecimiento de la demanda de energía en las economías emergentes y las nuevas consideraciones geopolíticas sobre la seguridad energética.

La primera es tecnológica. La energía solar, la eólica, las baterías y la electromovilidad han reducido sus costos y ganado mercado mucho más rápido de lo previsto. Citó que el costo de las baterías cayó cerca de diez veces en los últimos tres años y que el 25 % de los automóviles vendidos en el mundo el año pasado ya fueron eléctricos.

ESPECIALL | IX Cumbre de la sostenibilidad Transición para el desarrollo:

La segunda es el crecimiento de la demanda energética en las economías emergentes. Como ejemplo, señaló que India e Indonesia pasaron de tener 17 millones de aires acondicionados en 2017 a cerca de 300 millones en la actualidad.

La tercera es geopolítica. De los 200 países del mundo, 160 no cuentan con combustibles fósiles propios, lo que ha convertido la seguridad energética en una prioridad estratégica para la mayoría de las naciones.

Como evidencia de que esta transformación ya no depende exclusivamente de la voluntad política, contrastó dos casos.

En Estados Unidos, pese a una política federal poco favorable a las energías renovables, el 92 % de los 400.000 millones de dólares invertidos el año pasado en nueva infraestructura energética se destinó a proyectos renovables, impulsados por capital privado que busca rentabilidad estable.

En Pakistán, en cambio, hogares y empresas instalaron paneles solares chinos hasta alcanzar una capacidad equivalente a cerca del 25 % del sistema energético nacional, simplemente porque era la alternativa más económica disponible.

La naturaleza como infraestructura económica

Uno de los ejes centrales de la intervención fue cuestionar la idea de que crecimiento económico y protección ambiental sean objetivos incompatibles.

“Durante mucho tiempo vimos el sistema natural como una decisión que había que tomar: o crecemos, o cuidamos el clima. Esa decisión ya no es viable, y nunca lo fue realmente”, sostuvo Dasgupta, recordando que la humanidad ya ha sobrepasado siete de las nueve fronteras planetarias identificadas por la ciencia.

Para ilustrar por qué la naturaleza debe entenderse como infraestructura económica y no solo como un activo ambiental, utilizó el caso del Amazonas. Explicó que el 97 % de la agricultura brasileña —principal motor económico y mayor fuente de exportaciones del país— depende de las lluvias reguladas por el sistema de nubes que genera el propio bosque.

“No es solo que el Amazonas sea el pulmón del mundo; es que, sin el sistema meteorológico que produce ese bosque, la agricultura brasileña simplemente no existiría”, afirmó al referirse al estudio Not Just Carbon.

También compartió el caso de tres empresarias en las afueras de Nairobi, Kenia, que trabajan con 10.000 agricultores sembrando árboles de macadamia en tierras degradadas. Además de generar ingresos y empleo, estos árboles recuperan agua en el subsuelo y almacenan carbono, mientras la empresa ha logrado ser rentable sin depender de financiación externa.

“Este es el tipo de motor económico que necesitamos multiplicar por miles en todo el mundo”, señaló.

La transición generará empleo, pero exigirá nuevas habilidades

Según Dasgupta, un estudio reciente de WRI, realizado junto con GIZ y Systemiq, concluye que la transición energética podría generar más de 350 millones de nuevos puestos de trabajo durante la próxima década.

Sin embargo, advirtió que el verdadero desafío no será únicamente crear empleos, sino preparar a las personas para ocuparlos. Explicó que hoy existen cerca de 3.000 millones de empleos en el mundo y que alrededor del 20 % del mercado laboral —unos 600 millones de empleos— requerirá nuevas habilidades, por lo que la formación será determinante.

“Esas habilidades no las van a desarrollar los gobiernos solos; se desarrollan en conjunto con las empresas”, afirmó. Añadió que buena parte de esos empleos estarán relacionados con la adaptación al cambio climático, la agricultura y las soluciones basadas en la naturaleza.

Como ejemplo de cómo la colaboración entre el sector público y el privado puede transformar un mercado, recordó la compra conjunta de más de 5.000 buses eléctricos realizada por cinco estados y ciudades de India. Esa operación modificó la economía del sector hasta el punto de que hoy resulta más barato operar un bus eléctrico que uno diésel.

El reto del financiamiento

Sobre los recursos necesarios para sostener esta transformación, Dasgupta fue directo: mientras los países desarrollados y China cuentan con capacidad para financiar su propia transición, el resto del mundo necesitará alrededor de 1,3 billones de dólares en financiamiento externo durante la próxima década.

De esa suma, explicó, apenas entre 300.000 y 400.000 millones de dólares provendrán de financiamiento concesional —como la banca multilateral y la cooperación internacional—. El resto deberá provenir del capital privado.

“El año pasado esa cifra llegó apenas a 40.000 millones de dólares. Necesitamos cerca de 800.000 millones: veinte veces más de lo que hoy está fluyendo”, afirmó. Insistió en que los inversionistas no buscan rentabilidades extraordinarias, sino reglas claras y políticas públicas estables que les permitan invertir con confianza.

Como ejemplo, citó el caso de IKEA. Desde que la compañía se comprometió en 2016 a alcanzar la neutralidad de carbono, incrementó sus utilidades en un 30 % mientras reducía su huella de carbono en un 26 %, entre otras medidas gracias a un programa de recompra y reutilización de colchones, que permitió sustituir materias primas vírgenes por materiales reciclados de menor costo.

“No creo que las empresas sean sostenibles porque sean santas; tenemos que crear las condiciones para que sean rentables siendo sostenibles”, afirmó.

Un nuevo tipo de liderazgo

Dasgupta concluyó con una reflexión sobre el liderazgo que demanda este momento histórico. Contó que, tras documentar 60 casos de transformación exitosa en un libro publicado recientemente, encontró un patrón común: ninguno fue resultado del trabajo de una sola organización ni de una única política pública, sino de la articulación entre gobiernos, empresas, financiadores y sociedad civil.

“El liderazgo que necesitamos no consiste solo en saber liderar; también implica saber ser un buen seguidor de una solución. Si todos queremos ser líderes, nunca vamos a lograr un cambio orquestado”, afirmó.

Finalmente, expresó su confianza en que Colombia tiene las capacidades para liderar esa transformación gracias a la articulación entre el Estado, el sector privado y la sociedad civil. También hizo un llamado a construir de manera deliberada el futuro y a aprovechar el momento de transformación que vive el mundo para impulsar un modelo de desarrollo que beneficie simultáneamente a las personas, la economía y la naturaleza.