Miles de papas permanecen inmóviles en una bodega de Tunja, en Boyacá. A simple vista, nada parece ocurrir. Sin embargo, detrás de esa aparente quietud se esconde una de las decisiones de negocio más estratégicas de Comestibles Ricos: una apuesta que demuestra cómo la sostenibilidad deja de ser un discurso para convertirse en una solución concreta a los desafíos del negocio de pasabocas, frituras y snacks.
La historia comenzó en 2022, cuando la compañía, dueña de las marcas Super Ricas y Todo Rico, entre otras, enfrentó un reto: depender del mercado diario para comprar papa, con precios impredecibles, intermediarios y una cadena vulnerable al clima.
Por eso, para resolver este problema y entendiendo que la mejor forma de cuidar el negocio era pensar en toda la cadena productiva, optaron por aprovechar el ciclo natural de este tubérculo construyendo bodegas en Tunja, cerca de los cultivos. Así, la compañía logró abastecerse de manera más eficiente y crear un proyecto climáticamente inteligente.
Para Adriana Bermúdez, ingeniera agrícola del Centro de Investigación Agrícola de Comestibles Ricos y oriunda de una familia papicultora, la iniciativa parte de una premisa sencilla: la sostenibilidad debe generar valor para el negocio. “El proyecto muestra que ese propósito solo se alcanza cuando agricultores, equipos técnicos y directivos construyen soluciones de forma conjunta”, aseguró.
De acuerdo con Valeria Silva, jefe de Sostenibilidad de Comestibles Ricos, dentro de las bodegas, las papas permanecen entre cuatro y cinco meses bajo condiciones controladas. “No es para detener la naturaleza. Es para acompañarla. Una estrategia climática que entiende la naturaleza como un habilitador principal del negocio”, explicó.
Agregó que fue un desafío, debido a que en Colombia se producen cerca de 700.000 toneladas de papa y alrededor del 20 % se pierde, lo que equivale a 270.000 millones de pesos. “Nuestra visión y tecnología mitigan ese riesgo mediante compras anticipadas, contratos, almacenamiento y asistencia técnica”, puntualizó Silva.
Como resultado de esta estrategia, Comestibles Ricos generó entre 2024 y 2025 eficiencias cercanas a los 12.000 millones de pesos. “Esto demuestra que gestionar el riesgo climático y fortalecer la cadena de abastecimiento también crea valor económico”, detalló la jefe de Sostenibilidad de la empresa.
Silva además contó que este plan les ha dejado el aprendizaje de que, con menos desperdicio, se logra una mayor estabilidad en el abastecimiento y que las relaciones de largo plazo confirman que la sostenibilidad es el verdadero motor para tomar mejores decisiones.
Así mismo, Silva reveló que el director financiero recorrió los cultivos en Boyacá y conversó con los productores y tras esas labores, como compañía entendieron que “si los proveedores están bien, el negocio también. Más que en unas bodegas, se invirtió en previsibilidad y tranquilidad”.
Silva concluyó que con ese trabajo lograron transformar la forma de entender la sostenibilidad. “En Comestibles Ricos comprendimos que esta empieza al tomar mejores decisiones de negocio que generan confianza y hacen a la organización más resiliente frente a un entorno cada vez más incierto. Hoy esas bodegas demuestran que una estrategia de adaptación al cambio climático también genera valor económico. La sostenibilidad no retrasa los resultados. Los hace posibles”.