Lyda Johana Moreno se levanta a las tres de la mañana en su finca La Colina, en Guaduas, Cundinamarca. Junto a su esposo cocina las comidas del día para ambos y su hija menor, y luego sale de casa, aún en lo oscuro y con las botas bien puestas, a sacar adelante su cafetal: sembrar, fertilizar, recolectar, descerezar y secar. “Lo único que no hago es guadañar. De resto, lo que sea. Yo llevo el campo en la sangre”, dijo sonriente.

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El café la ha acompañado durante sus 44 años de vida. Y no solo por la gran influencia caficultora de su departamento, que hoy cuenta con más de 32 mil fincas cafeteras distribuidas en 69 municipios. Desde niña aprendió el oficio y hoy lo aplica en el terreno que heredó junto con sus hermanos en 2020.

“Les debo todo a mis papás. Trabajaron muchísimo para poder comprar este lugar y convertirlo en lo que es hoy”, recordó conmovida. La forma de honrarlos ha sido estudiar, aprender de expertos y aplicar ese conocimiento en los cultivos para hacerlos crecer.

El esfuerzo ha dado frutos. De hecho, actualmente participa en el programa Huella Positiva by Yara Champion, una iniciativa que busca reconocer a los productores que implementan estrategias de fertilización eficiente y agricultura regenerativa.

Café de la finca La Colina, ubicada en Guaduas, Cundinamarca. Foto: Cortesía Yara

“Gracias al acompañamiento técnico aprendí cosas nuevas que pude implementar en mi finca y cuyos resultados ha visto. Lo más valioso es que todo va de la mano con el cuidado del suelo y del medio ambiente”, dijo Lyda, quien desde el principio intuyó que el cambio de variedades y abono para sus suelos funcionaría.

Su producción pasó de tres o cuatro cargas de café a once, un indicio de que está apuntando a la dirección correcta. “Siento un orgullo enorme. El esfuerzo, la dedicación y las buenas prácticas sí dan frutos. Y ese crecimiento se refleja en el bienestar de mi familia”. Pero el cambio no solo se refleja en la productividad. También transformó su relación con la tierra: “Hoy entiendo que, si yo la cuido, ella me va a responder con una mejor productividad”.

En 2025, el trabajo colaborativo entre Yara, una red de más de 100 técnicos en campo y compañías aliadas permitió que las casi cinco mil fincas cafeteras acompañadas en Colombia aumentaran su productividad en un 35 por ciento y redujeran en un 32 por ciento su huella de carbono por kilogramo de café. “Los resultados evidencian que este acompañamiento genera un impacto real. En Yara creemos que producir de manera más sostenible significa producir mejor”, dijo Juan David Bernal, commercial manager en Yara. “No buscamos reemplazar la experiencia del caficultor. Queremos complementarla con conocimiento, ciencia y tecnología”.

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El acompañamiento los termina empoderando, mucho más a mujeres como Lyda que se sienten realizadas trabajando con azadón en mano. “Las mujeres representan cerca del 30 por ciento de los caficultores en Cundinamarca. Historias como la de doña Lyda reflejan cómo ese liderazgo femenino está contribuyendo a transformar la caficultura desde la innovación, el conocimiento y la sostenibilidad”, apuntó Bernal.

Lyda es una de las beneficiarias del programa Huella Positiva by Yara Champion. Foto: Cortesía Yara

Lyda sueña con alcanzar 18 cargas en la próxima cosecha. Y, a largo plazo, posicionar su producto. “Mi café es muy bueno, es de altura; crece a 1.800 metros sobre el nivel del mar. Ojalá después pueda tener una marca. Para eso trabajo duro junto a mi esposo y mi familia, porque hay que soñar en grande”.