Cada revolución tecnológica ha estado acompañada por una misma reacción: la incertidumbre frente al cambio. Desde la llegada de las primeras máquinas hasta la inteligencia artificial, la humanidad ha tenido que adaptarse a nuevas formas de producir, trabajar y relacionarse con nuevas herramientas.

Para Jaime Alonso Restrepo Carmona, director ejecutivo de Rotorr-Motor de Innovación, este fenómeno responde a un ciclo que se repite en la historia: primero aparece la resistencia, luego llega la adaptación y finalmente surge el progreso. La clave está en comprender que la tecnología no debe verse como una amenaza, sino como una oportunidad para enfrentar los grandes desafíos de la sociedad.

Jaime Alonso Restrepo Carmona, CEO de Rotorr-Motor de Innovación. Foto: Rotorr-Motor de Innovación-API

“Los japoneses plantean precisamente dejar de competir con las máquinas, dejar de verlas como un enemigo y centrar todos aquellos desarrollos tecnológicos en las personas”, explicó Restrepo al referirse a la transformación que plantea la Industria 5.0.

La historia demuestra que cada revolución tecnológica abrió preguntas sobre el futuro del trabajo. La mecanización, la electricidad, la computación y la automatización modificaron la manera en que las sociedades producían y dieron paso a nuevas capacidades humanas. Hoy, la inteligencia artificial, la robótica y los datos abren una nueva etapa de transformación.

Sin embargo, para Restrepo, la discusión no debe centrarse únicamente en si las máquinas podrán asumir más tareas, sino en cómo estas herramientas pueden ampliar las capacidades humanas y generar valor para la sociedad.

“Las tecnologías no solamente se usan para aumentar la productividad de las industrias, sino para resolver problemas básicos de salud, de educación e inclusive de empleabilidad”, señaló al explicar que la innovación debe tener un enfoque social.

Esta visión dialoga con dos conceptos que han marcado la discusión sobre el futuro tecnológico: la Sociedad 5.0, impulsada por Japón, que plantea poner la tecnología al servicio de las personas, y la Industria 5.0, promovida por la Comisión Europea, que busca una relación más equilibrada entre tecnología, talento humano y sostenibilidad.

En ambos casos, el objetivo es superar una visión exclusivamente productiva de la tecnología y utilizar las herramientas avanzadas para construir sociedades más resilientes, donde la innovación contribuya al bienestar de las personas y responda a los desafíos ambientales.

“La base es la resiliencia y la sostenibilidad; buscamos que desde la industria trascendamos a la sociedad”, afirmó Restrepo al explicar que la tecnología debe superar el enfoque exclusivamente productivo y generar transformación social.

Desde esta perspectiva, la innovación sostenible requiere conectar conocimiento, empresas, instituciones y territorios. Para Rotorr-Motor de Innovación, uno de los grandes retos es fortalecer la relación entre universidad, empresa y Estado para que las ideas puedan convertirse en soluciones aplicadas.

La tecnología adquiere mayor valor cuando logra salir de los laboratorios y responder a las necesidades reales de las comunidades. Esto implica reconocer los desafíos sociales, ambientales y productivos de cada territorio, y construir soluciones que mejoren la calidad de vida.

Esta transformación también requiere un cambio cultural. Innovar implica experimentar, aprender, corregir y entender que los errores hacen parte del proceso de creación. En una sociedad acostumbrada a buscar la perfección, la capacidad de adaptarse será una de las habilidades más importantes para enfrentar los cambios del futuro.

“Necesitamos aprender a equivocarnos, a levantarnos, a entender que el error hace parte del proceso de innovación”, aseguró Restrepo al referirse a la necesidad de transformar la cultura alrededor de la innovación.

Llevar la tecnología al territorio significa también reconocer el conocimiento que existe en las comunidades. Las soluciones no pueden construirse únicamente desde los escritorios o los centros de investigación; deben partir de las realidades sociales y ambientales de cada contexto.

El nuevo modelo de desarrollo no surge en los escritorios: Rotorr lo impulsa desde el territorio. ¿De qué trata?

El futuro dependerá de encontrar un equilibrio entre tecnología, personas y sostenibilidad. El desarrollo no estará definido únicamente por la creación de máquinas más inteligentes, sino por la manera en que la sociedad decida utilizarlas para generar bienestar y construir soluciones duraderas.

“Buscamos que el ser humano siempre en el centro encuentre la tecnología como una gran aliada”, concluyó Restrepo al plantear una visión de innovación orientada al bienestar, la sostenibilidad y la transformación social.