¿Qué es Rotorr-Motor de Innovación?
Jaime Alonso Restrepo Carmona: Es una iniciativa de la Universidad Nacional de Colombia que funciona como una entidad descentralizada. Un grupo de académicos, entre ellos físicos nucleares, trabajamos en identificar el mejor vehículo para llevar el conocimiento que se produce en la academia a regiones y territorios con el fin de generar desarrollo.
¿Por qué el nombre Rotorr?
J.R.: Rotorr es un motor de innovación. Se lee igual hacia adelante que hacia atrás, lo que denota que está en movimiento perpetuo. En la fórmula, la última ere simboliza el exponente, por lo que Rotorr se eleva a la “errésima” potencia. Inicialmente, creíamos que la ere significaba revolución. Sin embargo, entendimos que lo que realmente representa son relaciones. Cuando universidad, empresa, Estado, sociedad civil y comunidades se asocian para compartir saberes y desarrollar iniciativas, se obtienen resultados exponenciales y se desencadena la transformación social y territorial.
¿Qué es para ustedes la innovación?
J.R.: Para nosotros, innovar es transformar conocimiento en riqueza. Y eso implica aprender algo que en la academia no sabemos hacer bien: generar dinero. Si se nos entrega un negocio a los académicos, probablemente lo quebraremos. Los empresarios sí saben hacer negocios, por lo que debemos aprender de ellos. Creemos que lo primero que tenemos que propiciar es la generación de empleo mediante proyectos público-privados simples y viables; y en este propósito la innovación es un vehículo.
¿Están haciendo empresa?
J.R.: Estamos transitando ese camino. Cuando la rectora anterior me encomendó llevar el conocimiento del laboratorio a los territorios, entendimos que no estábamos aprendiendo del sector corporativo ni de la banca. Ahora estamos trayendo esos saberes a nuestros escritorios para sistematizarlos y potenciarlos entre todos.
¿Cuál es el objetivo de este enfoque?
J.R.: Construir ideas, identificar las potencialidades territoriales y hacer ejercicios prospectivos con las capacidades que tenemos en la academia. Junto con los empresarios, lograr detonar el desarrollo de manera solidaria y colaborativa, predistribuir la riqueza generando empleo de calidad, aportar impuestos y mejorar la economía y la calidad de vida en las regiones.
¿Qué rol desempeña la tecnología?
J.R.: Cuando hablamos de tecnología, todo el mundo piensa en inteligencia artificial, en big data o en cloud computing. Nos enredamos con los anglicismos y al final olvidamos lo más importante del concepto que estamos trabajando desde la Universidad Nacional: la sociedad 5.0. Se trata de poner todas las tecnologías al servicio de las personas, y no a la inversa. Empezamos un piloto en la Contraloría General de la República a través del programa de transformación digital y ahora queremos llevar esa experiencia al territorio.
¿Qué realidad están viendo en los territorios?
J.R.: Tenemos cinco laboratorios de paz. Hemos hecho presencia en Simití y en Catatumbo; ahora estamos en Nariño. Queremos vincularnos a los procesos de construcción de paz, porque esta debe gestionarse como un encadenamiento productivo. ¿Y qué nos hemos encontrado? Intolerancia, frustración en nuestros jóvenes, desconfianza y desesperanza. Necesitamos generar confianza, articulando universidad, empresa, Estado y sociedad civil.
¿Puede darnos un ejemplo específico de ese trabajo en algún territorio?
J.R.: Normalmente, donde llegan los ricos, salen los pobres. Por ejemplo, en la administración del alcalde Turbay, en el norte de Cartagena, identificamos que eso no está ocurriendo, porque se ha habilitado suelo para integrar a las comunidades de La Boquilla, Tierra Baja, Pontezuela, Bayunca, Punta Canoa y Lomita de Piedras. Se ha logrado un proceso de integración importante y queremos vincularnos con grupos empresariales para impulsar una iniciativa llamada Campeones del Norte. De hecho, ya existe un convenio firmado con Doral Cartagena para impulsar una cantera de deportistas de alto rendimiento.
