El 17 de febrero de 2026 aterrizó en Colombia el primer libro de Gisèle Pelicot, la mujer alemana nacionalizada francesa que sobrevivió a más de diez años de violencia sexual por parte de su propio marido, Dominique Pelicot. El hombre de 73 años la sometió farmacológicamente para acceder a ella carnalmente, grabar las violaciones y permitir que al menos otros 50 hombres cometieran los peores vejámenes.

Gisèle publicó el libro casi un año después del juicio contra sus agresores. El 19 de diciembre de 2024, Dominique Pelicot fue condenado a 20 años de prisión, y el resto de los 50 hombres acusados, a condenas de entre 5 y 15 años, sentencias menos severas de lo esperado por la defensa de la víctima y colectivos feministas. Los detalles revelados por la mujer en Un himno a la vida: mi historia son perturbadores y exponen la mente maquiavélica de quien fue durante al menos 50 años su pareja, pero también su verdugo y abusador.

El inicio del horror

Gisele Pelicot. Foto: Getty Images

En 1971, Gisèle, que tenía apenas 19 años, conoció a Dominique. Dos años más tarde, el 14 de abril de 1973, se casaron y construyeron un hogar bajo el que nacieron David, Caroline y Florian. Luego de haber trabajado más de 30 años, la pareja decidió jubilarse y fue en ese momento cuando salió a la luz una de las primeras revelaciones sobre los planes de Dominique, quien habría escogido estratégicamente en dónde pasarían lo que sería el resto de sus días.

Así lo aseguró Gisèle en las primeras páginas del libro, pues afirmó que, según la investigación policial, su marido habría querido aislarla de su familia. El hombre quiso mudarse a Ariège, un departamento francés que limita al sureste con los Pirineos Orientales, a más de 800 kilómetros de París, donde viven sus hijos. Ese primer destino sugerido por Dominique quedó en el olvido gracias a que Gisèle se opuso.

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La pareja de 60 años escogió Mazan, un pueblo idílico en la región de Provence con solo 5.000 habitantes, reconocido por ser un paso obligado en el Tour de Francia. Allí, Gisèle añoraba pasar su tiempo libre paseando en bicicleta y realizando largas caminatas junto con Lancome, su bulldog francés. Se mudaron el primero de marzo de 2013, fecha en la que empezaría a gestarse el macabro plan de Dominique contra su esposa.

Sin embargo, la sumisión química ya había comenzado en 2011, cuando Dominique le habría suministrado pequeñas dosis de fármacos en cervezas y bebidas. Seis meses después de mudarse a su casa de retiro en Mazan, en septiembre de 2013, Gisèle ya había empezado a presentar episodios grandes de pérdida de memoria.

El modus operandi de Dominique era drogarla con su comida suministrándole mezclas de fármacos para tratar el insomnio y la ansiedad. Aparentando ser un esposo atento, la recibía luego de visitar a sus hijos y nietos en París con suntuosas cenas. Gisèle amaba el puré de papa con aceite de oliva y perejil, plato que Dominique nunca probaba con la excusa de que solo le gustaba con mantequilla.

Justamente después de que Gisèle se deleitaba con los platos, empezaba a perder el control sobre su cuerpo y la memoria. La valiente mujer también revela que durante más de una década pensó que sus episodios de pérdida de memoria se debían al alzhéimer o a un cáncer terminal, enfermedad que se llevó a su madre, Jeanne.

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Gisele Pelicot llega con sus abogados Antoine Camus (tercera derecha) y Stéphane Babonneau (segunda derecha) al juzgado de Aviñón el 19 de diciembre de 2024, mientras se espera el veredicto en el juicio de su exmarido. Foto: AFP

Sin embargo, existían síntomas que no coincidían: flujos vaginales extraños para una mujer mayor de 60 años y dolores puntuales en la zona genital. Tras el arresto de Dominique el 12 de septiembre de 2020 en un supermercado E.Leclerc en Carpentras, Francia, Gisèle tuvo que ser sometida a diversos exámenes. Su cuerpo no solo era el de una víctima, sino que también era prueba en el caso contra su esposo y el resto de violadores. Tuvo que someterse a pruebas de sangre, sífilis, VIH, herpes y gonorrea, entre otras enfermedades de transmisión sexual. La evidencia indica que varios de sus abusadores no usaron condón y al menos uno de ellos era VIH positivo.

Los exámenes serológicos confirmaron la presencia de una gran cantidad de bacterias y el virus del papiloma humano, que, de no controlarse, podía desencadenar un cáncer cervical. Ella fue tratada durante varios meses con fuertes antibióticos y, como lo relata, no se contagió de VIH “de milagro”.

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Foto: SUMINISTRADA A SEMANA API

A lo largo de las páginas del libro, Gisèle escudriñó en su pasado tratando de encontrar aquellas advertencias sobre su marido. La mujer evocó los años de sus tres embarazos, cuando su esposo se impacientó y tenía prisa por reanudar la vida sexual. También recordó que, viviendo en Mazan, Dominique le había pedido que se depilara completamente el cuerpo. Ella se negó ante los caprichos de un hombre que ya mostraba su perversión.

Desde el momento en que comenzó el caso del monstruo de Mazan, la vida de Gisèle, sus hijos y sus nietos dejó de ser normal. Caroline, su hija, tuvo una crisis de ansiedad luego de enterarse de que el caso se había filtrado ante los medios, por lo que tuvo que ser hospitalizada en un centro psiquiátrico durante una temporada. Esto se sumó a que la policía había encontrado fotos de ella en ropa interior en uno de los dispositivos de su padre. Aunque Dominique negó tajantemente que hubiera tocado a su hija, Caroline asegura que esas fotos demuestran que fue drogada al igual que su madre.

Un hombre sostiene un cartel que dice "Gracias por tu valentía, Gisele Pelicot" frente al tribunal de Aviñón, en el sur de Francia, el jueves 19 de diciembre de 2024. (Foto AP/Lewis Joly) Foto: AP

Mientras Dominique permanece en la cárcel, el tejido familiar se desintegró a medida que seguían saliendo detalles escabrosos. Él habría tenido comportamientos presuntamente sospechosos con uno de sus nietos y les había tomado fotos en el baño a sus nueras con un esfero o bolígrafo que tenía una cámara en su interior.

Mientras tanto, Gisèle seguía conociendo de boca de su abogada quiénes eran el resto de sus abusadores. Como lo narró en el capítulo once, uno de ellos la saludaba educadamente en la panadería de Mazan e, incluso, estuvo cerca de su casa con la excusa de “ver la mercancía” antes de violarla. Una de las revelaciones más perturbadoras data de 2018, cuando Gisèle y Dominique se quedaron en casa de su hija, Caroline, mientras esta estaba de vacaciones con su familia.

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En el apartamento de París, Dominique aceptó que un desconocido entrara a la casa de su hija, donde también vivía su pequeño nieto, y abusara de Gisèle. La violación se llevó a cabo en la habitación matrimonial mientras la víctima de 70 años vestía ropa interior negra. De regreso a su casa en Mazan, Dominique la habría vuelto a violar en un parqueadero. Para no dejar rastro de los crímenes, el hombre le practicó lavados vaginales a su esposa.

Dentro de los cientos de detalles que dejó el juicio, se conoció, además, que Dominique había hecho fotomontajes de su hija y su esposa, y los compartía en foros en internet en donde abundaban violadores.

Asimismo, se supo que su nombre estuvo involucrado con dos casos de violencia sexual y asesinato en París en los años 1991 y 1999, cuando dos mujeres fueron drogadas con éter y violadas; una de ellas fue asesinada luego de ser estrangulada y apuñalada. El caso se archivó luego de que la policía perdiera las muestras tomadas a la joven asesinada. Sin embargo, los agentes aseguran hoy que hay demasiadas similitudes en las agresiones para seguir investigando a Dominique.

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Estos detalles se conocen gracias a la fuerza inquebrantable de Gisèle para narrar esos años en los que vio a los ojos al diablo, pero también para enviar un mensaje de esperanza a miles de mujeres que, como ella, se han empezado a reconstruir. Un himno a la vida cierra con preguntas dirigidas a Dominique como ¿abusaste de nuestra hija?, ¿has matado? Respuestas que solo podrá responder el monstruo de Mazan a la cara de Gisèle cuando esta lo vea en la cárcel, visita que, según ella, “no será una debilidad, será una despedida, un paso indispensable para reconstruirme”.