El reconocido periodista, productor y escritor colombiano Rafael Poveda ha vuelto a poner sobre la mesa los riesgos del ejercicio informativo en las zonas de conflicto en Colombia. En una reciente entrevista en el podcast La Sala de Laura Acuña, Poveda detalló dos episodios críticos en los que su vida estuvo en peligro inminente debido a su labor cubriendo el orden público y los procesos de paz para medios nacionales e internacionales.
Uno de los momentos más impactantes del relato de Poveda se remonta a una cobertura en La Y de Aguas Claras, en el departamento de Cesar. Según explicó el comunicador, en aquel entonces se reportaba un paro campesino que, tras sus indagaciones en el terreno, resultó ser una acción presionada por grupos paramilitares. Al reportar esta situación ante las cámaras, Poveda se convirtió automáticamente en un detractor de las estructuras ilegales de la zona.
Años después, a través de una investigación realizada por uno de sus colaboradores, Kevin Pinzón, Poveda logró contactar a quien tuvo la orden de asesinarlo: alias ‘Picúa’.
“Él creía que yo era guerrillero porque los vuelven así: que si tú eres de derecha eres malo o de izquierda o lo que sea”, relató Poveda, enfatizando cómo la polarización del conflicto distorsionaba la imagen de la prensa.
El encuentro, ocurrido más de dos décadas después de los hechos, sirvió de base para su libro El día que me iban a matar. En este espacio, el periodista no solo confrontó su pasado, sino que permitió un ejercicio de memoria sobre la vulnerabilidad de los reporteros que no cuentan con esquemas de protección en las regiones más apartadas del país.
El segundo episodio crítico narrado por Poveda se sitúa en el año 2002, tras la ruptura del proceso de paz en el Caguán durante el gobierno de Andrés Pastrana. En aquel entonces, Poveda se desempeñaba como corresponsal de la cadena internacional Telemundo y presentador en RCN Televisión.
El periodista relató que, debido a su estilo frontal y a coberturas previas de secuestros donde no fue “complaciente” con la guerrilla, las Farc lo declararon objetivo militar. La señal de alerta más cercana ocurrió de manera fortuita en el sector del Parkway, en Bogotá. Un vendedor informal, a quien Poveda solía ayudar, le advirtió que hombres armados lo estaban esperando para “quebrarlo”.
“Rafita, ábrase... esos manes lo van a quebrar”, fueron las palabras del informante improvisado que, según Poveda, le permitieron reaccionar y buscar refugio en un CAI cercano.
La gravedad de la situación fue confirmada al día siguiente por las directivas de RCN. Poveda recordó una reunión con, el director de noticias y el jefe de seguridad de la planta. Allí le informaron que inteligencia interna había recibido datos sobre un plan para atentar contra su vida, similar al que en su momento rodeó a la periodista Claudia Gurisatti.
Este testimonio subraya una época oscura para la libertad de prensa en Colombia, donde el ejercicio del periodismo de campo implicaba una exposición constante a represalias de ambos bandos del conflicto. Rafael Poveda, con una trayectoria que abarca desde la creación de Testigo Directo hasta la producción de documentales de impacto internacional, utiliza ahora estos relatos no solo como anécdota personal, sino como un homenaje a los periodistas locales que, a diferencia de él, enfrentan estas amenazas sin el respaldo de grandes corporaciones mediáticas.