En Colombia no es muy conocido el nombre de Rafa Zea, pero seguramente el de Michael Giovanny sí y todo gracias a la serie ‘El man es Germán’, protagonizada por el actor Santiago Alarcón, cuya repercusión fue máxima y quedó en la memoria de los televidentes colombianos, quienes resaltaron que era una producción familiar, blanca y con muchos mensajes sobre valores.
Zea interpretó a Giovanny, uno de los secuaces más fieles del protagonista y cuyo personaje fue uno de los más alabados, dada su peculiar personalidad tímida e ingenua y su gran corazón, que no solo se queda en la pantalla chica, sino también en el actor que lo interpreta, quien en una entrevista con Diva Rebeca reveló que ha tenido momentos oscuros en su vida y todo por culpa del alcohol.
Esta adicción, que no llegó a puntos tan críticos para beneficio del actor, se camufló muy bien entre lo organizado, responsable y estudioso que es Rafa, por lo que fue difícil identificarla y requirió una intervención externa para que el artista lograra reconocerse como un hombre con dicho problema y así tomar cartas en el asunto.
“Era tan ñoño, que aún en mi época de borracho me iba muy bien en el estudio. Hasta que una gran actriz de Colombia, que era mi profesora de la universidad, y que yo adoraba, me citó en un bar. Yo chupaba mucho y mis compañeros empezaron a darle quejas diciéndole que yo llegaba ‘borrachito’ a las clases de 9, a media caña”, reveló el actor en medio de su intervención.
Dicha cita con su mentora fue muy reveladora y aunque también hubo licor de por medio, sirvió para abrirle los ojos a Zea y así poder empezar a tomar acciones para “rehabilitarse”, pues él no solo estaba a punto de tirar su carrera a la basura por cuenta del alcohol, sino que allí también irían los esfuerzos que estaban haciendo sus padres para pagarle el estudio y apoyarlo en su sueño de ser artista.
“Nos fuimos a un ‘barcito’, llegamos, pidió dos cervezas para decirme que el trago se me estaba saliendo de las manos, que estaba bebiendo mucho, que el trago era una cosa muy delicada y que ella me hablaba con el alma porque me quería mucho. Y mientras me hablaba de la importancia de no beber nos pegamos una rasca. Terminamos llorando”, contó muy emocionado el actor.
Dicha charla fue el inicio de una conciencia que Rafa adquirió paulatinamente y se condensó cuando empezó a ver que su rutina diaria iniciaba con un trago de aguardiente y al final ya ni sabía cómo terminaba el día.
“Yo sabía que tenía que bajarle al trago. Yo creo que sí tuve problemas de alcohol. Uno no se da cuenta cuando se comienza a salir. Yo vivía con mis hermanos en esa época y había dos gajos de cebolla y media de aguardiente. Y con eso comenzaba mi día. Iba a salir de mi casa y me zampaba otro trago. Al final del día ya estaba hecho nada”.
Luego todo adquirió más sentido cuando voló a Buenos Aires para radicarse allí y en su primer mercado compró cuatro botellas de vino; dos de ellas se las bebió ese mismo día y ahí empezó el final del problema. “Allá el vino era superbarato. Pero, cuando llegué de nuevo a la habitación y vi el desastre, pensé en mis papás y los esfuerzos que estaban haciendo para que yo estudiara. Ese mismo día cogí las botellas que quedaban, las boté y no volví a tomar así. Ahora me tomo una o dos cervezas, o cuando estoy muy contento ocasionalmente”, añadió el actor.