Las redes sociales cambiaron la manera de crear contenido, relacionarse con las audiencias y construir marcas. Pero, para Lina Cáceres, el siguiente paso de esta transformación va mucho más allá de conseguir seguidores o alcanzar un contenido viral: consiste en convertir esas audiencias en comunidades y esas comunidades en negocios sostenibles.

Esa es una de las principales tesis de La economía de las comunidades. Cómo construir imperios digitales, su segundo libro, una hoja de ruta publicado por Grijalbo, de 254 páginas, en el que la CEO de Latin World Digital, autora y conferencista plantea una mirada estratégica sobre el futuro de los negocios digitales.

La propuesta parte de una realidad que, según Cáceres, todavía no se dimensiona completamente en Latinoamérica. Actualmente existen 66,6 millones de creadores de contenido en el mundo, pero apenas 3 por ciento, cerca de dos millones, logra vivir de esta actividad. La proyección hacia 2030 apunta a más de 100 millones de creadores y un mercado cercano a los 500.000 millones de dólares, pero el porcentaje de quienes consiguen convertirlo en una fuente de ingresos sostenible podría mantenerse alrededor de 2,5 3 por ciento.

La pregunta, entonces, no es solamente cómo conseguir más seguidores, sino qué hacer con la influencia construida. “Hemos pasado de la economía del creador a la economía de la comunidad”, sostiene Cáceres, quien plantea que el verdadero activo de un creador o de una marca no está en el número de seguidores, sino en la confianza, la conexión y la capacidad de generar sentido de pertenencia.

De seguidores a comunidad

Durante años, buena parte del ecosistema digital se concentró en una lógica transaccional: crear contenido, conseguir alcance y esperar que las marcas pagaran por publicaciones. Para Cáceres, ese modelo representa apenas una de las posibilidades de monetización.

Los creadores que consiguen construir negocios de mayor alcance desarrollan productos, servicios, propiedad intelectual y nuevas líneas de negocio alrededor de su influencia. De esta manera, el contenido deja de ser el objetivo final y se convierte en la puerta de entrada a un ecosistema.

“Las redes sociales no son el negocio, sino el punto de partida”, explica. “Los creadores más exitosos desarrollan productos, servicios, propiedad intelectual y comunidades. Construyen empresas alrededor de su influencia”.

En su libro, la autora plantea precisamente esa transición: pasar de pensar en métricas aisladas a construir relaciones de largo plazo con las personas que están detrás de esas cifras. Una comunidad participa, conversa, comparte, recomienda y se identifica con una visión; un seguidor puede simplemente consumir un contenido y desaparecer.

Ese cambio también modifica la relación entre las marcas y sus audiencias. La estrategia ya no consiste únicamente en estar presente en una plataforma, sino en comprender quién es la comunidad, cuáles son sus intereses y qué valor puede ofrecerle una marca de manera constante.

“Ya no gana quien más comunica, sino quien construye comunidades”: Lina Cáceres

AI como acelerador

La otra gran transformación que atraviesa el libro es la llegada de la inteligencia artificial. Cáceres reconoce que existe preocupación frente al impacto de estas tecnologías en el empleo, pero propone cambiar la perspectiva y concentrarse en las oportunidades que pueden abrir.

En sus conferencias y en los planteamientos de La economía de las comunidades, insiste en que la IA puede convertirse en una herramienta para automatizar tareas, optimizar tiempo y recursos y potenciar la creatividad.

“La inteligencia artificial no vino a reemplazar la creatividad humana, vino a potenciarla”, afirma Cáceres, para quien el desafío está en aprender a utilizar estas herramientas y aplicarlas de manera concreta a los negocios y al trabajo cotidiano.

En ese escenario, la tecnología permite que un creador tenga a su alcance herramientas para investigar, desarrollar ideas, analizar a su audiencia, diseñar estrategias o automatizar procesos que antes requerían más tiempo y recursos. La clave, sin embargo, no estaría en automatizarlo todo, sino en identificar qué procesos pueden optimizarse para que las personas concentren sus esfuerzos en aquello que requiere creatividad, criterio y pensamiento estratégico.

Para Cáceres, esta transformación también exige una actualización permanente. La formación profesional ya no puede entenderse como un proceso que termina con un título universitario: la velocidad del cambio tecnológico obliga a aprender continuamente.

El concepto de Lina de descifrar el propio algoritmo parte de preguntas como: ¿qué apasiona a una persona?, ¿qué conocimiento puede compartir?, ¿qué problema puede resolver? y ¿qué tema podría abordar durante horas sin perder interés?. Foto: Lina Cáceres A.P.I.

Descifrar el propio algoritmo

Pero antes de pensar en plataformas, tendencias o herramientas de inteligencia artificial, la autora propone una tarea más básica: entender qué tiene cada persona para aportar.

Su concepto de “descifrar el propio algoritmo” parte de preguntas como qué apasiona a una persona, qué conocimiento puede compartir, qué problema puede resolver y qué tema podría abordar durante horas sin perder interés.

“Las personas que realmente logran construir una comunidad tienen claridad sobre aquello que les apasiona y sobre el valor que pueden aportar. Las redes sociales funcionan mejor cuando uno deja de ser eco y se convierte en voz propia”, explica la autora.

La premisa busca alejar a creadores y marcas de la persecución permanente de tendencias. Un contenido puede funcionar hoy y perder relevancia mañana; una identidad clara, en cambio, puede convertirse en el punto de partida para construir una comunidad.

De ahí que la autora también defienda una estrategia omnicanal. Una marca puede comenzar en TikTok, llevar a su audiencia a WhatsApp, desarrollar productos físicos, crear infoproductos o construir espacios propios de interacción. No se trata de estar en todas las plataformas, sino de identificar dónde está la audiencia y diseñar un ecosistema alrededor de ella.

De “mansiones prestadas” a ecosistemas propios

Uno de los conceptos que Cáceres utiliza para explicar este desafío es que “las redes sociales son mansiones prestadas”. La expresión resume un riesgo de depender completamente de plataformas que no pertenecen a los creadores ni a las marcas.

Un cambio de algoritmo puede modificar el alcance de una cuenta de manera significativa. Por eso, la autora plantea la importancia de construir canales propios y comunidades cerradas que permitan mantener una relación directa con las audiencias y conocer mejor a las personas que hacen parte de ellas.

“Un seguidor puede ver un contenido y desaparecer; una comunidad permanece, participa y se siente parte de algo. Ahí está el verdadero valor del mundo digital”, señala.

La construcción de comunidad exige, sin embargo, algo que ninguna tecnología puede reemplazar: constancia. Escuchar, responder mensajes, conocer los intereses de las personas, crear contenidos relevantes y generar conversaciones son parte de un proceso que requiere trabajo sostenido.

En ese punto aparece otra característica que Cáceres considera fundamental para el ecosistema digital: la colaboración. Las marcas y los creadores no necesariamente tienen que verse como competidores. Pueden convertirse en aliados para desarrollar proyectos, ampliar audiencias y generar nuevas oportunidades.

Economía que abre oportunidades

La trayectoria de Cáceres está ligada precisamente a esa transformación. Pasó de ser comunicadora social a convertirse en manager, conferencista, autora y líder de una compañía enfocada en la economía digital. Su experiencia la llevó a entender que la economía del creador no está limitada a quienes quieren convertirse en influencers.

Los casos que presenta —desde grandes creadores internacionales hasta referentes latinoamericanos— buscan demostrar que la influencia puede convertirse en empresas, productos, servicios y propiedad intelectual cuando existe una estrategia detrás.

Luisito Comunica, Calle y Poché y otros creadores mencionados por Cáceres representan, desde su perspectiva, modelos de cómo una comunidad puede convertirse en la base para desarrollar diferentes negocios.

La oportunidad también puede estar en quienes no producen contenido como actividad principal, pero tienen conocimiento, experiencia o una idea que puede convertirse en un proyecto digital.

Ese es, en últimas, el planteamiento de La economía de las comunidades: el futuro digital no se construye solamente acumulando seguidores, sino creando relaciones, desarrollando valor y convirtiendo el conocimiento y la creatividad en activos capaces de generar nuevas oportunidades.

Para Cáceres, la transformación apenas comienza. La combinación entre contenido, comunidades, inteligencia artificial y nuevos canales digitales está modificando la manera de emprender y de hacer negocios. El desafío para las marcas, los líderes y los creadores será entender ese cambio y construir ecosistemas propios que puedan crecer más allá de una plataforma o de una tendencia.

Porque, en la nueva economía digital, la influencia puede ser el punto de partida, pero la comunidad es la que puede convertirla en un negocio sostenible.