El vallenato es mucho más que un género musical. Es una expresión cultural que ha narrado la historia, las tradiciones y la identidad del Caribe colombiano durante generaciones. Sin embargo, más de una década después de que la UNESCO lo declarara Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, el gran desafío sigue siendo el mismo: garantizar que esa riqueza cultural permanezca viva, conectada con las nuevas generaciones y respaldada por acciones concretas.

Con ese propósito, la Fundación Cocha Molina lideró un encuentro que podría marcar un antes y un después en la gestión cultural de Valledupar. En las instalaciones del Museo Cocha Molina nació el Pacto por la Ciudad, una iniciativa que busca convertir en acciones concretas los lineamientos establecidos en el Plan Especial de Salvaguardia (PES) del vallenato, mediante una articulación entre el sector público, la empresa privada, la academia y la ciudadanía.

La iniciativa fue presentada durante el conversatorio “A los 11 años de la declaratoria del vallenato como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”, que reunió a gestores culturales, artistas, académicos, líderes sociales y representantes de distintas entidades para reflexionar sobre el futuro de esta manifestación cultural.

“Hoy Valledupar deja de delegar su cultura y empieza a liderar desde las sinergias y las alianzas estratégicas. El Plan de Salvaguardia ya nos dijo qué hacer; este Pacto por la Ciudad define quién ejecuta y cómo lo vamos a cumplir”, afirmó Julieth Peraza, gestora cultural y cofundadora de la Fundación Cocha Molina y del Museo Cocha Molina.

Para la gestora cultural, la iniciativa surge en un momento clave, cuando la protección del vallenato no puede depender exclusivamente de esfuerzos individuales o institucionales aislados. Por el contrario, requiere una visión compartida que permita garantizar la transmisión de los saberes tradicionales, fortalecer los procesos formativos y consolidar nuevos escenarios de circulación cultural.

“Porque el patrimonio que dialoga, se conecta y evoluciona, es el patrimonio que permanece”, agregó Peraza.

Educar para salvar el vallenato

Una hoja de ruta para la salvaguardia

Durante el encuentro, los participantes coincidieron en que la protección del vallenato no puede depender exclusivamente de esfuerzos individuales o institucionales aislados. Por el contrario, exige una visión compartida que permita coordinar recursos, capacidades y responsabilidades.

En la jornada que contó con la participación de Juan Carlos Ospino, director del Carnaval de Barranquilla; Diana Molina, gerente del Fondo Bienestar; y Fabián Dangond, consultor de Economía Creativa, quienes destacaron la importancia de construir alianzas para fortalecer la sostenibilidad de los procesos culturales, también surgió una de las propuestas más relevantes del encuentro: la creación de un Hermanamiento Cultural entre el Carnaval de Barranquilla y el Festival de la Leyenda Vallenata, con el propósito de conectar dos de las manifestaciones culturales más emblemáticas del país y generar una ruta conjunta de salvaguardia.

“Cuando las instituciones, los artistas, las comunidades y las empresas trabajan alrededor de un propósito común, el patrimonio deja de ser una responsabilidad de unos pocos y se convierte en una causa colectiva”, destacó Peraza.

Como parte de la jornada, la Fundación también rindió homenaje al maestro Israel Romero, en reconocimiento a una trayectoria que ha contribuido a preservar y proyectar el vallenato en escenarios nacionales e internacionales. Lo acompaña: Julieth Peraza, gestora cultural y directora ejecutiva de la Fundación Cocha Molina (Izquierda) y Gonzalo Arturo “Cocha” Molina, acordeonero (derecha). Foto: Fundación Cocha Molina A.P.I.

Una gestión respaldada por resultados

La Fundación Cocha Molina llegó a este proceso con una experiencia acumulada que hoy respalda su liderazgo en materia de gestión cultural.

Entre sus principales iniciativas se encuentran la plataforma virtual Huellas del Maestro, que ha beneficiado a más de 4.500 estudiantes en seis países; la creación del Museo Cocha Molina, inaugurado en 2024 y visitado por cerca de 1.000 personas al año; y procesos de formación musical que han impactado a más de 2.700 estudiantes en diferentes regiones del país.

A esto se suman programas como la Cátedra Vallenata, proyectos de investigación y memoria cultural, iniciativas de turismo patrimonial como Caminitos del Valle y estrategias de difusión como el cortometraje Sueña en Grande, que superó los 3,5 millones de visualizaciones en redes sociales.

“Entendimos que preservar el vallenato también implica adaptarlo a los lenguajes y herramientas de las nuevas generaciones. La tecnología no reemplaza la tradición; la fortalece y la proyecta”, señaló Peraza.

Como parte de la jornada, la Fundación también rindió homenaje al maestro Israel Romero, en reconocimiento a una trayectoria que ha contribuido a preservar y proyectar el vallenato en escenarios nacionales e internacionales.

Para Julieth Peraza, el verdadero reto comienza ahora: convertir los acuerdos alcanzados en acciones concretas que generen impacto en el territorio.

“Hoy no estamos firmando un documento más; estamos tomando una decisión como ciudad. Pasamos de la intención a la acción para garantizar que el vallenato siga siendo un patrimonio vivo y un motor de desarrollo real”, concluyó.

Así, el Pacto por la Ciudad busca consolidarse como una plataforma de articulación capaz de movilizar voluntades, recursos y conocimiento alrededor de un objetivo común: asegurar que el vallenato continúe siendo una expresión viva de la identidad colombiana y una oportunidad de desarrollo cultural, social y económico para las futuras generaciones.