Nueva York y Fernando Botero trazaron una historia de triunfos y desavenencias, de momentos gloriosos y otros más intrincados, que de una u otra manera forjaron lo que sería su vida como uno de los pintores y escultores más importantes del siglo XX y como el hombre disciplinado e implacable que fue.

“Mi padre llegó a Nueva York a comienzos de los años 60 en la pobreza total: tenía 200 dólares en el bolsillo, no sabía el idioma y no conocía a nadie”, contó Juan Carlos Botero, su hijo menor, en una entrevista de la Fundación Botero a inicios de este año. “El arte que él proponía en ese momento era exactamente lo contrario de lo que estaba de moda”.

Luego, agregó Juan Carlos, llegaron a Nueva York la esposa del pintor, Gloria Zea, y sus hijos pequeños, tratando de recuperar su relación: “Veíamos a mi padre los viernes y él vivía en la pobreza total. No tenía con qué comer. No tenía dinero y no podía comprarnos nada”.

Botero in New York contará con las obras más selectas de sus inicios. Foto: Instagram de Sotheby's.

Muchos años después, en octubre de 1993, SEMANA publicaba una pequeña nota titulada “Botero se toma Nueva York”, detallando que en menos de un año el maestro se había tomado con sus obras dos de las ciudades más eclécticas y dispuestas para el arte global: París y Nueva York. Antes de descargar sus esculturas de bronce en Park Avenue, que pesaban entre 800 kilos y cuatro toneladas, Botero había expuesto también en los Campos Elíseos, convirtiéndose en el primer artista en presentar sus obras en la “avenida más hermosa” de París.

“Aunque hubo protestas por parte de algunos de los acaudalados vecinos”, explicaba el artículo, “Botero se salió con la suya. Al margen de la polémica, a partir de la semana pasada 14 gigantescos Boteros se convirtieron en un nuevo atractivo de la Gran Manzana”.

Una de las selectas obras que formará parte de la exposición de Sotheby's en Nueva York. Foto: Instagram de Sotheby's.

Y así fue. Mientras en la década de los sesenta un Botero neófito se aventuraba en la escena artística de Andy Warhol y Donald Judd con una propuesta abismalmente diferente, 30 años después un Botero consolidado intervenía uno de los sectores más ricos de Manhattan, generando protestas que seguramente poco o nada le importaron. Todo en un mismo lugar: Nueva York.

Ahora, y después de decenas de exposiciones en la ciudad y de instalar permanentemente algunas de sus esculturas, la lujosa casa de subastas británica Sotheby’s inaugura Botero in New York, una muestra de sus obras más selectas que examina “los años cruciales de Fernando Botero en Nueva York, de 1960 a 1973, un capítulo que marcó el surgimiento de su característico estilo volumétrico y comprensión espacial”, señalaron desde Sotheby’s.

Fernando Botero, uno de los más importantes artistas del siglo XX. Foto: Mondadori via Getty Images

En pleno verano, la exposición incluirá importantes obras cedidas por la Fundación Botero, además de una selección de obras a la venta. Esta es, además, la primera exposición dedicada a un solo artista en el edificio Breuer, donde durante años funcionó el Museo Whitney de Arte Estadounidense. La cita será del 22 de julio al 7 de septiembre.

“Botero en Nueva York llega en pleno verano, cuando la ciudad se convierte en un destino cultural clave para visitantes y coleccionistas internacionales, ofreciendo una oportunidad única para disfrutar de su obra en una de las capitales artísticas más vibrantes del mundo”, agregaron desde Sotheby’s.

Una monumental escultura del maestro Fernando Botero en Sotheby's 2016. Foto: Getty Images

Lo que más sorprende de esta nueva muestra son las obras creadas en sus comienzos, de gran valor tanto para apasionados como para coleccionistas. “Incluso en el contexto de sus contemporáneos (...), sus figuras monumentales, impregnadas de patetismo y un sutil sentido del humor, presentan contrapartes que desafían las distorsiones existenciales de Francis Bacon y la vitalidad gestual de Willem de Kooning”, concluyeron desde Sotheby’s.

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