En el video Bring Your Love, de Madonna y Sabrina Carpenter, aparece un colombiano entre los más de cuarenta bailarines internacionales que acompañan a las dos artistas. La producción se realizó en un estudio de grabación en Los Ángeles, Estados Unidos, donde las luces, cámaras y movimientos estuvieron perfectamente coordinados bajo la dirección del colectivo creativo Torso, encargado de construir una coreografía que recreaba distintos momentos de una fiesta. Se trata del antioqueño Juan Miguel Posada, de 28 años, quien se integró a esta pieza audiovisual que reunió a dos figuras del pop contemporáneo en una misma escena.
La convocatoria para este proyecto le llegó como una propuesta para participar en un casting privado: sin nombre del artista. Una audición a ciegas dentro de los protocolos habituales de la industria. La descripción inicial hacía referencia a una “female pop star”, una fórmula utilizada para mantener en reserva el desarrollo de producciones musicales de alto perfil.
Juan Miguel recibió la información básica para participar sin mayores referencias: indicaciones de horario y logística. Nada más. Solo hasta el momento en que ingresó al estudio descubrió el proyecto en el que estaba participando. “No sabía ni para quién era, ni para qué, pero sabía que era un video musical para una artista pop americana”, recordó. Su ingreso al proyecto estuvo respaldado por una trayectoria previa que incluyó trabajos con artistas como Beyoncé, Kali Uchis, Kanye West y Sam Smith, entre otros.
Fueron dos días de grabación. La primera jornada transcurrió entre ensayos en el set y ajustes coreográficos que definieron la estructura del video, bajo instrucciones precisas del equipo de dirección. En una de las escenas centrales se incluyó la elevación de Madonna con un arnés, como parte de un dispositivo visual que articulaba el movimiento colectivo. El segundo día estuvo Sabrina Carpenter, lo que amplió la escala del rodaje dentro del mismo espacio de producción y añadió una nueva capa narrativa al video.
Volver a su tierra
En noviembre del año pasado, este paisa llegó a Colombia para ser parte del proyecto escénico de J Balvin en el marco de Ciudad Primavera, una serie de conciertos que marcó el regreso del artista a escenarios nacionales. En ese contexto, asumió el rol de capitán de baile, encargado de coordinar la selección de 56 bailarines colombianos que se integraron a otros más provenientes de Los Ángeles.
El proceso de convocatoria se desarrolló a través de un casting abierto que reunió bailarines de Medellín, Bogotá, Cali, Cartagena, Bucaramanga y otras regiones del país, junto a la participación de colectivos como el Balcón de los Artistas del barrio Manrique, en Medellín.
La dirección creativa del proyecto estuvo a cargo de The Squared Division, un colectivo especializado en espectáculos de alto nivel. El montaje del show se estructuró a partir de formaciones colectivas donde el cuerpo funcionaba como unidad sincronizada. El primer montaje en Medellín requirió tres semanas de ensayos intensivos, seguidas de ajustes técnicos según cada escenario de la gira. El trabajo de Juan Miguel se centró en la coordinación del grupo, la supervisión de ensayos y la adaptación del espectáculo a distintos formatos de presentación.
La gira se extendió a escenarios internacionales en Ciudad de México, Guadalajara y Chicago, donde parte del grupo colombiano vivió su primera experiencia en Estados Unidos dentro de un festival de gran formato en Grant Park, Chicago.
Esta gira implicó la adaptación constante de coreografías a escenarios de distinta escala, desde formatos 360 hasta estructuras frontales en festivales. En ese proceso, Juan Miguel desempeñó funciones de articulación entre el equipo creativo internacional y los bailarines locales, asegurando la continuidad del show en cada una de sus versiones.
Su rol como capitán de baile se consolidó como un punto de conexión entre la visión artística y la ejecución en escena. “Yo quería que este trabajo también le abriera puertas a los bailarines de acá, que pudieran vivir lo que yo he vivido afuera”, explicó al recordar el origen del proyecto. Y añadió: “Más que un show, era la posibilidad de que muchos de ellos sintieran que sí se puede vivir de esto y construir una carrera real en el baile”.
Cumplir un sueño
En paralelo a estos proyectos surgió Distrito Dance, una iniciativa que nació de su regreso a Colombia con el propósito de crear una plataforma de formación, encuentro y circulación para bailarines del país. El proyecto se desarrolló junto a su primera profesora de baile en Medellín, Mariana Tobón, y su esposo, Luis Escalante.
Se estructuró como un festival que integró competencias, talleres y procesos de audición. La primera edición se realizó el pasado mes de junio en Medellín con la participación de más de 200 bailarines provenientes de distintas regiones.
El festival incluyó la entrega de tres becas de formación internacional: dos de ellas para estudiar en Idyllwild Arts Academy en California, institución donde Juan Miguel realizó parte de su formación desde los 14 años, y una beca adicional para un campamento de verano. “Para mí, el baile también se trata de abrir puertas que a mí me abrieron y que ahora puedo ayudar a que otros crucen. Me mueve la idea de que alguien en Colombia pueda vivir lo que yo viví afuera, sin tener que esperar tanto tiempo para entender que sí es posible”, dice Posada.
Las beneficiarias fueron tres jóvenes bailarinas de Medellín, seleccionadas a partir de su desempeño en el evento. La iniciativa incorporó además espacios de formación sobre audiciones, construcción de portafolios profesionales y comprensión de la industria del baile a nivel internacional.
Distrito Dance se consolidó como una plataforma de conexión entre la escena local y circuitos globales, con la participación de coreógrafos y bailarines con experiencia en producciones internacionales. El evento integró academias y colectivos de distintas ciudades de Colombia con el objetivo de fortalecer redes de circulación artística en el país.
Durante su trayectoria, Juan Miguel Posada ha convertido su oficio de bailarín en una forma de representación que se proyecta hacia el mundo. Desde los escenarios de la industria global hasta los espacios de formación en su ciudad de origen, su trabajo ha estado atravesado por una intención constante de abrir puertas, conectar trayectorias y hacer visibles caminos que antes parecían lejanos. En esa construcción, la danza se ha vuelto para él un puente entre experiencias y oportunidades, un lugar desde el cual su propia historia dialoga con la de otros bailarines colombianos que hoy encuentran en ese mismo recorrido la posibilidad de cumplir sus sueños.