Este 19 de junio se cumplen 12 años de la proclamación de Felipe VI como Rey de España. Si algo ha definido este periodo es su esfuerzo por reconstruir la credibilidad de la Corona luego de los escándalos que marcaron los últimos años del reinado de Juan Carlos I.

La institución que recibió en 2014, a sus 46 años, estaba profundamente erosionada por una sucesión de controversias protagonizadas por su padre: desde la polémica cacería de elefantes en Botsuana en 2012, en plena crisis económica española y que terminó por acabar su reputación ante la opinión pública; pasando por el escándalo de su relación sentimental con la empresaria alemana Corinna Larsen; los 100 millones de dólares que recibió del rey Abdalá de Arabia Saudita, parte de los cuales terminaron en una cuenta vinculada a Larsen; las investigaciones sobre presuntas comisiones relacionadas con la adjudicación del tren de alta velocidad entre Medina y La Meca; y el descubrimiento de estructuras financieras opacas y fondos no declarados en el extranjero, sobre los que la Fiscalía concluyó que existieron movimientos patrimoniales no transparentes durante años.

A todo esto se sumaron las regularizaciones fiscales por varios millones de euros realizadas ante la Hacienda española, con las que el rey emérito buscó evitar eventuales responsabilidades penales derivadas de hechos ocurridos tras su abdicación.

La difícil tarea de recuperar la confianza

Fue en ese contexto, con una monarquía cuestionada y una confianza pública en mínimos históricos, cuando Felipe VI asumió el trono con la misión de modernizar la institución, reforzar la transparencia y recuperar parte del prestigio perdido por la Corona.

El rey Felipe VI de España y el rey Juan Carlos en el aniversario 30 de la llegada de España a la Unión Europea. Foto: Getty Images

Desde entonces, ha logrado estabilizar la institución mediante una imagen de austeridad, profesionalización y transparencia, además de impulsar la modernización institucional y la defensa del papel constitucional del Rey. Su objetivo también ha sido el de restaurar la confianza en la monarquía, aunque el debate sobre la utilidad de esta institución sigue abierto.

De hecho, gracias a Felipe VI, hoy la Casa Real publica información sobre transparencia, presupuestos, contratos, convenios y regalos institucionales en su portal web; además, mantiene una agenda controlada, un tono austero, menor exposición familiar y una mayor presencia institucional, en contraste con el estilo de su padre.

El Rey ha construido su imagen alrededor de la Constitución de 1978, la unidad del Estado y la neutralidad institucional. De hecho, la agencia Reuters destacó que desde su proclamación lo que ha buscado Felipe VI es proyectar unidad en un país tensionado por el separatismo catalán.

El talón de Aquiles

El discurso de Felipe VI emitido el 3 de octubre de 2017, dos días después del referéndum independentista, en el que acusó a las autoridades catalanas de haber vulnerado de manera sistemática las normas legales y legítimas, desató críticas y aplausos.

Por un lado, sus partidarios, especialmente los sectores constitucionalistas, resaltaron que defendió la Constitución y el Estado de derecho, actuando como un auténtico jefe de Estado. Sus críticos, en cambio, aseguraron que no mostró empatía hacia una parte importante de la sociedad catalana y lejos de promover el diálogo tomó partido en vez de actuar como mediador y llamar al entendimiento entre las partes.

El rey Felipe VI de España y la princesa Leonor en un evento en la Escuela Naval en Pontevedra. Foto: Getty Images

Otra piedra en el zapato del reinado del monarca español ha sido su distancia emocional, la escasa cercanía popular, espontaneidad y empatía con la ciudadanía, sumadas a la zonas grises en la transparencia que dice representar. Aunque ha habido avances, aún persisten cuestionamientos asociados al patrimonio de otros miembros de la familia real, inversiones y el alcance de algunas auditorías.

Lo cierto es que se ha convertido más en un gestor institucional que en una figura carismática, lo que le ha funcionado, en cierta medida, para recuperar la credibilidad de la Corona. Un gran gesto de transparencia, por ejemplo, fue publicar, en 2022 y por primera vez en la historia de la monarquía española, su patrimonio personal valorado en 2,6 millones de euros; además de renunciar a cualquier herencia vinculada a fondos de origen dudoso procedentes de su padre, retirar la asignación pública del rey emérito e impulsar normas de control financiero para la Casa Real.

Recientemente se le ha visto muy cercano a su hija, la princesa Leonor, en un intento por gestionar su sucesión y asegurar una transición ordenada. A todo esto responde que se haya involucrado tanto en la formación militar de la princesa de Asturias. De hecho, hoy se publicaron fotografías de su primer vuelo juntos en Murcia, a bordo de un avión Pilatus. Es la primera vez que este vuelo de instrucción entre padre e hija viene a cerrar la formación militar de la heredera al trono en la Academia General del Aire de San Javier.

Quizás su mayor legado en esta década no sea haber reinventado la Corona, sino demostrar que, en tiempos de desconfianza, la ejemplaridad puede ser una forma de liderazgo tan poderosa como el carisma.