El éxito ha sido tal, que las salas IMAX han programado funciones a las dos, tres y seis de la mañana con lleno total. Otras lo habían vendido todo un año antes del estreno. Solo un cinema de Londres recogió 290.000 dólares en su primer fin de semana en cartelera, cuando la cinta recuperó su inversión de 250 millones de dólares con un recaudo mundial de más de 261 millones.
La clave de este hit abrumador, que narra el turbulento retorno a casa de Odiseo, rey de Ítaca, tras la guerra de Troya, tiene nombre propio: Christopher Nolan, su director.
Encuestas de PostTrack lo dieron como la primera razón de los espectadores para ver el filme, relegando al segundo lugar a su reparto de lujo conformado por Matt Damon, Anne Hathaway, Zendaya, Tom Holland, Robert Pattinson y Charlize Theron, entre otros. Nolan, el mismo de la trilogía de Batman, Dunkirk y Oppenheimer, entre otros títulos resonantes, se afianza así entre los pocos realizadores capaces de ser una marca comercial.
Colegas como Hitchcock, Tarantino y Spielberg ya han encarnado el fenómeno del director estrella. Ahora, el británico-estadounidense se une a la lista porque le enseñó al público a confiar de nuevo en el talento individual antes que en el desgastado modelo de las franquicias de cómics y secuelas.
La audiencia aprendió a apreciar su genialidad para el storytelling enfocado en el tratamiento de narrativas complejas no lineales. Cautiva también su obsesión con el detalle y la innovación y de ello habla el otro factor ganador de La Odisea: Es la primera cinta comercial rodada totalmente con tecnología analógica IMAX de 70 milímetros, que ofrece una experiencia visual y sonora inmersiva imposible de replicar en casa.
Esto obliga al espectador a verla en salas del mismo formato, para gozar a escala monumental las batallas, escenarios marinos y criaturas míticas que imaginó Homero. En la era del streaming, dijo The Hollywood Reporter, Nolan reivindica la proyección en cinema como un “evento cultural ineludible”, por el que la gente está dispuesta a pagar.
Filmar enteramente en IMAX fue en sí otra especie de odisea. La mayoría de las cintas solo usan el sistema para ciertas escenas, pues se trata de cámaras muy pesadas, incómodas y costosas, con un límite de rodaje continuo de tres minutos. En este caso se hizo más retador, dado que las locaciones naturales fueron océanos y desiertos.
El gran desempeño de La Odisea rompe esquemas en cuanto a la audiencia. Por un lado, descubrió a un público adulto desatendido listo para consumir productos complejos y ambiciosos.
Por el otro, refuta el cliché de que esta sería una película para los papás. Según Variety, el que 50 por ciento de los espectadores tengan entre 18 y 34 años indica que cautivó a la generación Z y a los millennials.
El pronóstico es que durará mucho en exhibición y superará los 1.000 millones de dólares en taquilla gracias a otros dos factores: el boca a boca positivo y el favor de la crítica, con porcentajes de aprobación de 96 por ciento en agregadores como Rotten Tomatoes y las máximas calificaciones en grandes medios como The New York Times y The Times, que no dudan en designarla como la película del año.