Aunque ya han pasado 29 años de su muerte, el mundo no olvida a Diana de Gales. Su historia como princesa, su cercanía con el público y la forma en que convirtió la moda en una herramienta de expresión lograron que su imagen trascendiera a la familia real. Incluso sus prendas y códigos de estilo siguen siendo tendencia entre las nuevas generaciones.
Desde aquel 31 de agosto de 1997, cuando un accidente de tráfico en las calles de París le arrebató la vida con solo 36 años, su figura pasó de ser un referente de la moda y la libertad a convertirse en un ícono de la feminidad en el mundo. Su historia ha protagonizado documentales, libros, películas, series, exposiciones y pasarelas.
Una de las facetas más recordadas de Lady Di es la evolución en su estilo. Cuando llegó a la familia real su vestuario estaba marcado por jerséis, camisas, faldas, blazers, estampados y prendas de inspiración preppy, nada fuera de los cánones de la época. Sin embargo, construyo una identidad propia, disruptiva y empoderada.
En 1981 posó con un jersey rojo de Warm & Wonderful decorado con varias ovejas blancas y una sola oveja negra. La prenda terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de su estilo durante los primeros años de su vida como integrante de la familia real.
La princesa Diana tuvo un vínculo muy estrecho con la diseñadora Catherine Walker, quien confeccionó algunos de sus vestidos más elegantes, como el que llevó al Festival de Cine de Cannes de 1987, un vaporoso de chifón inolvidable.
O el vestido-abrigo de seda color durazno con estampado de lunares y de doble botonadura, con el que atendió hasta cuatro salidas reales entre 1988 y 1991.
Después de su separación de Carlos en 1992, Lady Di comenzó a experimentar con prendas más arriesgadas y a reflejar con mayor claridad su personalidad.
El episodio más recordado de esa nueva etapa fue el denominado “Revenge Dress”, que lució en junio de 1994 durante una gala de Vanity Fair en Londres. El diseño negro de Christina Stambolian, con escote bardot y una silueta ajustada, rompió con la imagen más conservadora que había acompañado a Diana durante sus años en la realeza.
El legado de Lady Di también está presente en prendas mucho más cotidianas. Sus combinaciones de sudaderas amplias con shorts deportivos, jerséis de punto, pantalones de tiro alto, blazers, botas ecuestres y prendas de inspiración campestre aún son tendencia entre diseñadores, celebridades y consumidores.
Siempre se destacó su capacidad de convertir prendas que originalmente tenían un carácter funcional en elementos reconocibles de su identidad. Los looks informales, lejos de las exigencias del vestuario oficial, terminaron formando parte de la imagen con la que el público la recuerda.
Incluso dentro de la familia real su influencia permanece. Kate Middleton, esposa del príncipe William, y Meghan Markle, esposa del príncipe Harry, han recuperado en diferentes ocasiones códigos asociados al estilo de Diana, por ejemplo los lunares, cuadros, siluetas estructuradas y algunas de las joyas que pertenecieron a la princesa.
Sin embargo, más allá de sus vestidos, Diana logró hacer de la moda uno de sus mejores métodos de comunicación. Cada elección reflejaba el momento que atravesaba, su estado emocional y su transformación personal. Esa capacidad para transmitir su esencia a través del vestuario permitió que décadas después sus looks continúen siendo un referente.