Cruzar las puertas de Alquímico es vivir una experiencia inolvidable. El bar está situado en el corazón de Cartagena, en una casa diseñada a principios del siglo XX por el arquitecto francés Gastón Lelarge, un hombre con una historia bastante interesante.
Llegó a Colombia en 1890 y por un tiempo fue profesor de esgrima en Bogotá. Luego prestó servicio militar en Argelia y fue condecorado con la Medalla Colonial. Volvió a Colombia y construyó obras emblemáticas como el Castillo Marroquín o el Palacio de Lievano. En 1920 viajó a Cartagena para vivir sus últimos años en plenitud y el resto es historia.
Casi 100 años después, Jean Trinh, coterráneo suyo, llegó a Cartagena, vio la casa de Lelarge y se enamoró. Entonces fundó Alquímico, un bar que con el paso del tiempo se convirtió en el mejor de Colombia, según críticos internacionales.
Trinh es ingeniero de profesión, pero el magnetismo de Cartagena lo llevó a proclamar esa frase, instalada en el segundo piso del bar, que todo el mundo recuerda: ‘En Cartagena me quedo’. Y se quedó. “Vine a Colombia casi por intuición, pero Cartagena me dio un propósito”, afirmó.
Jet-set: Llegar a Cartagena no estaba en sus planes…
Jean Trinh (J.T.): No. Yo vivía en París, había estudiado ingeniería y trabajaba en proyectos relacionados con tecnología y hospitalidad, pero sentía que me faltaba algo más humano, más conectado con la vida real. Vine a Colombia casi por intuición. Cuando llegué a Cartagena sentí algo muy fuerte, la ciudad tenía una energía caótica, creativa, tropical y profundamente humana. Me recordó muchas cosas de Asia, de mi herencia vietnamita, pero también tenía algo completamente único.
En esa época Getsemaní todavía era muy auténtico. Caminabas y escuchabas música en cada esquina; la gente vivía en la calle, había una mezcla social muy fuerte. Me enamoré de eso. Y seis meses después ya estaba montando un pop-up bar sin imaginar lo que iba a pasar después.
Jet-set: Aunque debió preverlo, pues usted lleva en la sangre la tradición de hacer negocios…
J.T.: En efecto. Mis papás tenían negocios de comida en Francia y desde niño trabajé en cocinas lavando vasos, ayudando a emplatar, viendo cómo la hospitalidad podía transformar el estado de ánimo de las personas. Aun así, la ingeniería me ayudó a estructurar ideas y entender sistemas, pero la hospitalidad siempre estuvo dentro de mí. El nombre Alquímico nace justamente de esa mezcla. La alquimia transforma elementos simples en algo valioso y eso es lo que intentamos hacer todos los días: transformar ingredientes, encuentros, historias y emociones en experiencias humanas. Nunca quise abrir solamente un bar para vender cocteles, quería crear un espacio cultural, social y emocional.
Jet-set: El bar ya tiene una década de historia y ha ganado múltiples premios. ¿A qué atribuye el éxito de Alquímico?
J.T.: Creo que el éxito viene de la autenticidad. Nunca construimos Alquímico pensando en rankings o premios. Desde el inicio intentamos hacer algo honesto, conectado con Cartagena, con Colombia y las personas. También creo que el equipo ha sido fundamental. Alquímico no es una persona, es una comunidad enorme de bartenders, cocineros, agricultores, músicos, artistas y amigos. Y hay algo importante: el mundo hoy busca historias reales. Ya no basta con hacer un buen cóctel, la gente quiere entender de dónde vienen los ingredientes, qué impacto genera un lugar, qué valores existen detrás de la experiencia.
Jet-set: Precisamente uno de sus pilares ha sido trabajar con productos locales….
J.T.: Sí, ha sido un camino muy natural, pero también muy profundo. Cuando llegué a Colombia descubrí una biodiversidad impresionante, ingredientes que no existían para mí: frutas, hierbas, fermentos, semillas, aromas increíbles. Pero lo más importante fue descubrir a las personas detrás de esos productos. Con el tiempo entendí que trabajar local no podía ser solamente una tendencia estética o gastronómica, tenía que existir una relación real con agricultores, comunidades y productores.
Hoy trabajamos con muchas comunidades del Caribe y de otras regiones de Colombia. Intentamos crear relaciones de largo plazo donde todos crezcan juntos. Para mí, la hospitalidad moderna tiene que generar impacto social y ambiental, no solamente económico. Uno de los ejemplos más importantes de ese trabajo ha sido ASOCOMAN, la Asociación Agropecuaria Comunidad El Mango Macaján, en Montes de María. Es una comunidad campesina increíble con la que llevamos varios años trabajando de manera muy cercana.
Jet-set: ¿Por qué Cartagena y no otra ciudad de Colombia?
J.T.: Porque Cartagena tiene alma. Desde la primera vez que llegué sentí una energía muy especial. Es una ciudad con una fuerza humana y cultural increíble. Aquí la vida ocurre en la calle: la música, las conversaciones, la comida, el baile, la manera en que la gente se relaciona. Hay una calidez muy natural que te hace sentir bienvenido inmediatamente. También creo que Cartagena tiene algo muy magnético para la creatividad. Hay una energía espontánea, emocional y muy libre que te impulsa a crear cosas nuevas. Yo siento que Alquímico nació de esa energía. El proyecto no habría sido igual en otra ciudad. Cartagena le dio identidad, ritmo, sensibilidad y propósito.
Jet-set: A futuro, ¿cuáles son los planes?
J.T.: Seguir construyendo comunidad. Después de diez años de Alquímico siento que estamos entrando en una nueva etapa. Durante mucho tiempo el foco estuvo en construir el bar, el equipo, la identidad y las relaciones con productores y comunidades. Pero hoy el objetivo es ir mucho más allá de la barra.
Uno de los proyectos más importantes para nosotros es la escuela de hospitalidad de Alquímico, que inauguramos durante la celebración de los 10 años, en abril de 2026. Este proyecto representa muchísimo de lo que creemos como equipo. La escuela nace con la idea de crear oportunidades reales para jóvenes de Cartagena y de diferentes comunidades que muchas veces tienen talento, creatividad y sensibilidad humana, pero no siempre acceso a formación o espacios dentro de la industria.
Queremos enseñar hospitalidad de una manera diferente. No solamente técnica de bar o servicio, sino también agricultura, sostenibilidad, fermentación, cocina, música, arte, bienestar y desarrollo humano. Para nosotros la hospitalidad no es únicamente una profesión, es una herramienta de transformación social y cultural. También queremos que sea un espacio abierto al intercambio; que bartenders, cocineros, agricultores, artistas y personas de diferentes partes del mundo puedan venir a compartir conocimiento con la comunidad local.