Una mujer llega vestida de manera impecable; se ve exitosa. Sonríe para la foto, convencida de que nadie descubrirá lo que está viviendo por dentro. Todos la admiran y le repiten: “Quisiera tener tu vida”. Pero su mundo cambia cuando se sienta frente a Zaidy Mora, y dice: “Estoy cansada de fingir que estoy bien”. Ese instante, cuenta Zaidy, nunca deja de conmoverla.
Es una escena que repite una y otra vez en los auditorios donde convoca a Mujeres Empoderadas, el movimiento que lidera. Por su corazón han pasado historias de matrimonios restaurados, madres que se reconcilian con sus hijos, mujeres que vuelven a sonreír después de años de depresión emocional y otras que recuperan las ganas de vivir.
Todo nace de un paradigma muy arraigado: creer que una mujer empoderada produce más, demuestra más, resiste más, nunca cae y nunca llora. Pero… ¿Qué pasaría si en lugar de perseguir esa idea el mundo comenzara a valorar a las mujeres por su tenacidad para enfrentar las heridas y decidir que ya no gobernarán su vida?
Ese, precisamente, es el propósito de Zaidy Mora: levantar la voz de quienes están cansadas de aparentar fortaleza mientras su corazón sigue roto y deciden quitarse la máscara. Con presencia en los 32 departamentos del país, Mujeres Empoderadas se ha convertido en un refugio donde mujeres de todas las edades encuentran el valor para enfrentar el rechazo, el abandono, el desamor, la culpa, el desprecio y esa permanente sensación de no ser suficientes. Allí descubren que el éxito no da necesariamente identidad ni sana las heridas.
Aunque Zaidy es abogada, doctora en Derecho Público y Derecho Privado y presidenta del grupo empresarial Colmundo, eso no define toda su historia. Lo verdaderamente importante es que ella también tuvo heridas, decidió sanarlas y entendió que ningún logro puede llenar un vacío emocional.
Por eso, detalló Zaidy, a sus conferencias llegan mujeres de todos los rincones del país convencidas de que el siguiente ascenso, el próximo reconocimiento o un nuevo título académico les dará lo que buscan. Sin embargo, descubren que sus heridas solo aprendieron a disfrazarse de perfeccionismo, hiperproductividad, necesidad de controlar todo o agendas incapaces de dejar espacio para sí mismas.
“Tuve el valor de reconocer que yo también necesitaba sanar”, resumió Zaidy sobre el origen de Mujeres Empoderadas. Ella comprendió que el verdadero problema no es quién nos hirió, “sino permitir que esa herida siga escribiendo el resto de nuestra historia”. El movimiento ha llegado a miles de mujeres en Colombia y otros países, forjando espacios para identificar la raíz de su dolor y entender “que nunca es tarde para llenarse de valentía y recuperar su valor”.
Los resultados se viven, son reales y se reflejan en familias, relaciones y generaciones enteras. Según Zaidy, “cuando una mujer sana, cambia la manera en la que ama, lidera y educa. Rompe con esas cadenas que llevaba años arrastrando de generaciones que la antecedieron”.
Así y todo, Mujeres Empoderadas no promete fórmulas extraordinarias. Solo ofrece un espacio para dejar de esconderse, enfrentarse a la verdad y recuperar la identidad. Al final, el verdadero milagro no consiste en demostrar que una mujer puede con todo, sino en descubrir que nunca necesitó hacerlo para ser suficiente.
*Contenido elaborado con el apoyo de Cruzada Estudiantil.