Lo normal es que la realidad alimente a series y películas. Pero lo curioso de este caso es que la ficción influyó en la vida real. El programa de HBO se basó en la renuencia de Murdoch de elegir entre sus hijos al que lo reemplazaría al frente de Fox News y News Corp, que incluye títulos como The Times y Wall Street Journal. De ahí el nombre de la serie, que narra cómo su alter ego, Logan Roy, muere sin definir quién ocupará su lugar en su empresa de medios y esto sume al clan en el caos.
Al ver que ese podría ser su caso, los hijos de Murdoch se asustaron, pues su padre ya pasaba de los 90 años. Así, la batalla judicial por la sucesión que no se dio en la pantalla, pasó en la realidad y fue una de las más sensacionales en su género. Todo por la avidez del patriarca en seguir direccionando al mundo más allá de la tumba.
Murdoch es el continuador de una dinastía que inició su padre, Keith Murdoch, pionero del periodismo sensacionalista y árbitro de la política en Australia. Títulos impactantes, mucho crimen y deportes, llevaron al éxito a sus periódicos, como le sucedería luego a su hijo.
Cuando murió, en 1952, Rupert tenía 20 años y su madre vendió casi todo el conglomerado que heredó. Luego, él compró algunos diarios y a las dos décadas ya era un barón de la prensa. En los años sesenta y setenta su fórmula amarillista prosperó en Reino Unido y Estados Unidos.
A fines de los noventa, Murdoch ya poseía un imperio de periódicos, estudios de cine, televisión y cable. Lo suyo no era mística periodística, sino búsqueda de poder real. Ascendió porque se alió con políticos complacidos con su sesgo populista de derecha, origen de un electorado que hoy tiene a Donald Trump en la Casa Blanca.
Tenía fama de siniestro por el corte de sus publicaciones, cuenta la serie Dinastía: los Murdoch, de Netflix. Justo cuando su esposa Anna, con quien tuvo a Liz, Lachlan y James, le insistía que se retirara para salvar su matrimonio, él la engañó con la china Wendi Deng, 37 años menor. Anna sabía que Rupert pondría a competir a sus herederos por la sucesión y no quería que eso los marcara.
En 1999 su remedio para ello fue negociar en el divorcio un fideicomiso por el que sus hijos y su hermana media, Prue, controlarían por igual la empresa a la muerte de Rupert. Succession se da un aire a los Murdoch en el perfil de los hermanos. Como Prue, Connor Roy es hijo del otro matrimonio de Logan y vive al margen de las empresas.
Kendall evoca a Lachlan, muy cercano a su padre. Roman refleja a James, cool y ambicioso, en tanto que Shiv se parece a Liz en lo brillante y progresista. A Rupert ella le parecía capaz, pero su misoginia, dicho por el propio James, la sacó del juego y la puja por el relevo se centró en sus dos hermanos.
Primero tomó la delantera James cuando revitalizó los negocios del clan en India. Lachlan se sentía relegado y tenía fama de flojo e “hijo de papi”. Cuando su padre los puso en la junta directiva de News Corp, la pugna era feroz en las reuniones.
James era visto como el único sucesor viable, pero Rupert desconfiaba al verlo congraciarse con la élite liberal, una bandera roja para él, que se proclama protector del conservadurismo en el mundo de habla inglesa. A pesar de sus diferencias con Lachlan, lo extrañaba cuando se fue a Australia.
En 2011 James capitaneaba los diarios en Reino Unido y le estalló en las manos el escándalo de News of the World. Resultó que las exclusivas sobre la realeza y el jet set que hicieron al tabloide el número uno, salieron de una empresa criminal de espionaje y hackeo. Rupert tuvo que cerrar la publicación.
Mientras James caía en desgracia, Lachlan se volvía atractivo por sus buenos números en Australia. En 2015 Rupert lo puso al frente de las empresas y su hermano enfureció por tener que reportarle. El patriarca reculó y los hizo directivos a ambos. Pero eso no evitó la guerra por la política. James era cada vez más de izquierda y Lachlan más de derecha, con la ventaja de llevar las riendas de Fox News y sus 2.000 millones de dólares de ganancias anuales.
El canal era la base de la influencia política de Rupert en Estados Unidos, “cada vez más imprudente, sin contención ni respeto. Solo importaba el rating”, según la serie de Netflix. La copa se le rebasó a James en 2017 por el cubrimiento de Fox de la cruenta manifestación de supremacistas blancos en Charlottesville (Virginia). Hasta le espetó a Trump que no hay buenos nazis. A los dos años se fue del grupo en malos términos con sus parientes.
En 2023 Rupert se retiró y dejó a Lachlan como su sucesor, pero tenía un problema: el fideicomiso. Él y su elegido temían que, tras el deceso del primero, James, Liz y Prue descabezarían a Lachlan y volverían los medios de izquierda. En efecto, estaban alarmados por el tinte extremista de Fox News.
Rupert anunció que cambiaría el fideicomiso, así fuera irrevocable, y se armó una pelea brutal. Una corte de Nevada acogió un juicio en el que todos declararon contra todos. Reporteros de The New York Times cuentan en el programa de Netflix que vieron miles de mensajes allegados al proceso, testimonio de cómo se desmoronó la familia. “Ya perdiste a un hijo, podrías perder a dos hijas por esto”, le dice Prue al papá en uno de ellos. En otro, el magnate le escribe a Liz: “James te está presionando y vas a ceder a su voluntad”.
“¿Crees que soy estúpida?”, respondió ella. En el estrado, Lachlan declaró que James lo traicionó. Este último manifestó, llorando, lo manipulador que era su padre, quien no lo quería, lo mismo que su hermano; y oyó preguntas hirientes como: “¿Alguna vez has logrado algo por ti mismo?”.
A finales de 2024 los tres disidentes ganaron. Su padre apeló y en medio del nuevo round, hubo acuerdo: El grupo mediático seguiría siendo de derecha al mando de Lachlan y el fideicomiso se disolvía. James, Prue y Liz, excluidos del negocio, recibieron 1.100 millones de dólares cada uno. Se creó un nuevo trust para Lachlan, Grace y Chloe, hijas de Rupert con Wendi, quienes le cedieron a él su voto en los negocios. Ambos bandos claman victoria, pero en los salones de la alta sociedad se comenta que todos perdieron el calor de los lazos de sangre.