Además de asumir posiciones de liderazgo en instituciones creadas por su abuelo y sus padres, especialmente en The Rockefeller University, el Museum of Modern Art (MoMA) y el Rockefeller Brothers Fund, fundado junto a sus hermanos en 1940, David Rockefeller ocupó un lugar privilegiado en la alta sociedad neoyorquina.

Junto a su esposa, Margaret “Peggy” McGrath Rockefeller, cultivó estrechos vínculos con algunas de las familias más influyentes de Estados Unidos. Entre ellas la de John F. Kennedy, a quien conoció durante sus años en Harvard; incluso mantuvo un breve romance con su hermana Kathleen Kennedy.

Tras la muerte de sus hermanos John D. III y Laurance, David se convirtió en la principal figura de la familia Rockefeller y dirigió desde el emblemático edificio GE del Rockefeller Center un entramado de negocios que abarcaba banca, inversiones, fideicomisos y energía.

Una vida entre obras maestras

Promotor del arte moderno y coleccionista de grandes maestros como Cézanne, Braque, Van Gogh, Gauguin, Monet, Matisse y Picasso, presidió el consejo del MoMA, institución que su madre ayudó a fundar. Su pasión por el arte fue tal que, antes de morir en marzo de 2017, donó 100 millones de dólares al museo.

Un año después, Christie’s subastó la colección de arte y mobiliario de David y Peggy Rockefeller, considerada la más valiosa jamás vendida. Entre las piezas se destacan cuatro Matisse, tres Picasso y dos Hopper. Sobresalieron “Muchacha con una cesta de flores”, de Picasso, vendida en 115 millones de dólares; “Nenúfares en flor”, de Monet, 84,7 millones de dólares, y “Odalisca tumbada entre magnolias”, de Matisse, que fue entregada por 80,8 millones de dólares.

La colección también incluía una vajilla de Sèvres elaborada para Napoleón Bonaparte en 1809 y un buda de bronce del periodo Kangxi. Otra de sus grandes pasiones fue la entomología. Su colección de 157.000 insectos, de los cuales unos 40.000 fueron capturados por él y su esposa, fue donada a la Universidad de Harvard.

Las mansiones de los Rockefeller

Casado con Peggy desde 1940 hasta que ella falleció en 1996, y padre de seis hijos, David llevó una vida marcada por el refinamiento. Solía ofrecer cenas en Pocantico, su legendaria finca familiar ubicada a 50 kilómetros de Manhattan. Era una residencia aristocrática, una especie de museo, centro de poder y laboratorio filantrópico. De hecho, la propiedad funcionó durante décadas como “una corte informal” de la diplomacia estadounidense.

Por sus salones pasaron los expresidentes como Richard Nixon, Lyndon B. Johnson y Gerald Ford, así como Nelson Mandela, Kofi Annan y el rey Hussein de Jordania.

David y Peggy también recibían invitados en Hudson Pines, su residencia privada en el condado de Westchester. La casa, diseñada en 1938 por el arquitecto Mott B. Schmidt, fue un discreto centro de poder donde se reunían líderes políticos, empresarios y artistas. Entre sus visitantes estuvieron Ronald Reagan, Jimmy Carter, Henry Kissinger, Mikhail Gorbachev, Marc Chagall y Andy Warhol.

Rodeada de jardines, bosques e invernaderos, la propiedad reflejaba el estilo de vida de una de las familias más influyentes del siglo XX y el legado de quien fue, hasta el final de sus días, el patriarca de la dinastía Rockefeller.

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