Cuando uno piensa en el tenis moderno es imposible no recordar a leyendas como Rafael Nadal, Novak Djokovic, Andy Murray o las hermanas Williams, sin embargo, en la élite solo hubo uno digno de ser llamado “Su Majestad”. Así lo reconoció el Salón Internacional de la Fama del Tenis, que incluyó a Roger Federer en su selecta lista, convirtiéndose en el primer miembro de la “santísima trinidad” y el segundo suizo en lograrlo.

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Federer, conocido por su elegancia sobre el campo, fue 20 veces ganador de títulos de Grand Slam, incluidos ocho de Wimbledon, mostrando su particular experticia en las pistas de césped. En total, sumó 103 títulos a lo largo de 24 años, desde 1998 hasta 2022.

El suizo logró encumbrarse en el ranking ATP durante 310 semanas, siendo el segundo deportista en la historia con más apariciones en el número 1. Su legado es prácticamente imposible de igualar, porque entre 2004 y 2008 ostentó el puesto por 237 semanas consecutivas.

La ceremonia de homenaje se llevó a cabo en el museo del Salón Internacional, ubicado en Newport, Rhode Island, en un marco engalanado, digno de uno de los más grandes de la historia. Sin embargo, las miradas se las robó su esposa, Mirka Federer, quien fue la encargada de presentarlo antes de que recibiera oficialmente el reconocimiento.

Sus palabras llevaron al suizo a las lágrimas, porque desnudó los esfuerzos detrás de sus triunfos deportivos y de la persona que construyó su vida lejos de las canchas.

“Mucha gente alrededor del mundo conoce a Roger como uno de los mejores tenistas que han existido. Conocen sus títulos, sus récords, su elegancia, sus rivalidades, sus victorias y esos momentos que quedaron para siempre en la historia del tenis. Pero quienes conocemos de cerca a Roger sabemos algo aún más importante: los trofeos y los récords son extraordinarios, pero representan solo una parte de su legado. Lo que más me enorgullece no es todo lo que Roger consiguió cuando el mundo lo observaba, sino quién es él cuando nadie está mirando”, aseguró.

Adicionalmente, contó uno de los momentos que más marcó a la pareja: cuando esperaban a los gemelos Leo y Lenny en el 2013: “Cuando supe por primera vez que estábamos esperando gemelos, le dije a Roger que probablemente no viajaría más. Sin dudar ni un segundo, me dijo: ‘Entonces ya no juego más’. No estaba siendo dramático, lo decía en serio. Así es Roger: su familia es lo primero”.

Mirka Federer abrazando a su esposo, Roger, en la ceremonia de ingreso al Salón Internacional de la Fama del Tenis. Foto: Getty Images

Por su parte, el suizo habló de la relación que desarrolló con el deporte desde que era un niño. Más que limitarse a enumerar sus conquistas, recordó lo que significaba competir y crear nuevas formas de jugar. Explicó que el tenis fue mucho más que una actividad profesional. Fue el espacio en el que construyó amistades, conoció a personas fundamentales para su vida y desarrolló una identidad que continuó incluso después de abandonar las competencias.

El tenis significaba el mundo para mí. No solo jugar, no solo ganar, sino crear algo nuevo. Es una mentalidad que tengo. Solía jugar al servicio y a la volea, tenía un juego de transición, jugaba mucho más allá de la línea de base a veces, o encima de la línea de base. E incluso trataría de acercarme a mis oponentes a mi regreso, algunos lo llaman el SABR (Sneak Attack de Roger) hoy. Esto es lo que era importante para mí en la cancha, pero gran parte de lo que era realmente importante sucedió fuera del campo”, mencionó Federer.

Y aprovechó para hablar sobre lo que desea ver en el futuro del tenis: “Todos salimos de la cancha eventualmente, pero el deporte sigue evolucionando. A medida que el ritmo profesional se acelera, a medida que se vuelve aún más global, espero que mantenga parte de ese espíritu ⁠amateur, que se mantenga la camaradería entre los jugadores”.