El sorteo de posiciones para las elecciones presidenciales de 2026 ha dejado sobre la mesa un escenario que Colombia no enfrentaba desde hace 32 años. Con 14 fórmulas inscritas, el tarjetón actual tiene una cantidad de opciones similar a las elecciones de 1994, lo que transforma un simple ejercicio de marcación en un desafío para el cerebro del votante.

Para Juan Carlos Moreno, experto en neuromarketing, el diseño del tarjetón actúa como un determinante conductual que no es neutro. Moreno advierte que el orden de los candidatos puede distorsionar entre un 4 % y un 15 % del resultado electoral debido a sesgos cognitivos como el primacy effect, donde las primeras posiciones gozan de una mayor recordación natural.

Según los estudios de eye-tracking mencionados por el experto, más del 70 % de los ciudadanos escanea la tarjeta en patrones tipo “F” o “Z”. Esta tendencia concentra la atención en el tercio superior y la zona izquierda, convirtiendo esas ubicaciones en activos estratégicos frente a las posiciones medias, que suelen ser víctimas de una menor fijación visual.

Con 14 fórmulas inscritas, el tarjetón actual tiene una cantidad de opciones similar a las elecciones de 1994, lo que transforma un simple ejercicio de marcación en un desafío para el cerebro del votante. Foto: Registraduría Nacional

Esta complejidad no solo preocupa desde la psicología, sino también desde el rigor institucional. Para Floralba Padrón Pardo, directora del Instituto de Estudios Constitucionales Carlos Restrepo Piedrahita de la Universidad Externado y directora del Observatorio Electoral Académico, observatorio de agenda legislativa y asuntos electorales del Externado, la saturación del tarjetón impone un reto democrático mayor.

“Desde el Observatorio analizamos que la claridad de la tarjeta es fundamental para garantizar el ejercicio pleno del derecho al voto”, señala Padrón Pardo. Para la académica, el diseño debe ser una herramienta que facilite la expresión de la voluntad popular y no un obstáculo que empañe la jornada.

Una saturación no vista en tres décadas

Desde la Misión de Observación Electoral (MOE), la perspectiva técnica de Diego Alejandro Rubiano aporta un matiz histórico necesario. El coordinador del Observatorio Político-electoral destaca que es necesario retroceder hasta el siglo pasado para encontrar una papeleta con tal abundancia de candidaturas. Aunque la MOE confía en que el esquema tradicional de la Registraduría es claro, Rubiano reconoce la urgencia de reforzar los mecanismos de pedagogía para evitar que la cantidad de organizaciones genere confusión.

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A diferencia de las alarmas, la MOE no prevé un aumento desmesurado del voto nulo. Para Rubiano, el reto principal radica en la capacidad de las instituciones para guiar al elector en un entorno informativo mucho más denso que en procesos anteriores.

Los tres segundos más importantes

El punto de fricción reside en el tiempo de decisión. Moreno sostiene que entre el 20 % y el 30 % de los indecisos toma su determinación en menos de tres segundos frente al tarjetón. En ese lapso, el cerebro no procesa propuestas programáticas sino variables no racionales como el color y la ubicación.

En esta perspectiva, la saturación visual de 2026 obliga a las campañas a simplificar su mensaje. En un entorno de alta fricción cognitiva, la capacidad de codificar una opción en una fórmula sencilla de “color y ubicación” podría ser el factor que defina, en una elección cerrada, quién logra el tiquete hacia la segunda vuelta.