El pasado 24 de junio, un doblete sísmico estremeció a Venezuela. Los movimientos de 7.2 y 7.5 grados de magnitud cambiaron por completo la historia del país. Ahora, un mes después de la tragedia, se desvelan las historias de quienes, por voluntad, decidieron acompañar al pueblo venezolano, que busca, desde los escombros, levantarse de nuevo y reconstruir la vida de quienes sobrevivieron a este inesperado fenómeno natural.
Una de las personas que decidió extenderle una mano a quienes lo perdieron todo en este trágico terremoto fue el médico cirujano Camilo Prieto, quien contó en SEMANA su experiencia en una serie de misiones que le permitieron ver la cara real de los hechos y de cómo ha vivido la gente en Caracas y La Guaira los estragos de este movimiento telúrico.
Prieto forma parte del equipo Misión Médica Colombia por Venezuela, una iniciativa formada por siete profesionales de salud de diferentes áreas, que han apoyado las labores de recuperación de quienes tuvieron consecuencias físicas y mentales en este mes derivadas del sismo. Sin embargo, para poder hacer una labor humanitaria de este calibre en una situación así, hay que sortear obstáculos propios de una situación atípica.
“La comunicación era muy difícil, pues solamente los médicos que estaban en Valencia tenían señal, entonces tocó dialogar con ellos para saber las necesidades de toda la zona. Conocíamos que necesitaban soporte médico quirúrgico, pero teníamos la dificultad de llevarlos. Debíamos evitar problemas para el ingreso al país por los aspectos migratorios y teníamos que resolver una duda: ¿cómo íbamos a viajar?”, explicó Prieto.
La búsqueda de insumos se vio rápidamente correspondida por los seguidores de los implicados en el proyecto. “Teníamos una meta inicial de 450 kg de donaciones y nos llegaron más de siete toneladas, entonces teníamos un problema de abundancia, no estábamos preparados para recibir esa cantidad de ayudas”, mencionó el cirujano.
Para sortear los inconvenientes logísticos, dos empresas apostaron por la misión humanitaria y prestaron los servicios de transporte: Avianca, que facilitó la movilización del personal, y Latam, que realizó el movimiento de los recursos desde Bogotá hasta territorio venezolano. “Fue muy importante el apoyo de la empresa privada, sin eso no hubiera sido posible”, señaló Prieto.
“El olor de la muerte”
En La Guaira, una de las zonas más golpeadas por el doblete sísmico, el equipo estuvo enfocado en la atención de pacientes con traumas físicos y en realizar diagnósticos de epidemiología de campo –que consiste en investigar y controlar problemas urgentes de salud pública como brotes de enfermedades–. Sin embargo, lo que más impactó a Prieto es algo que ni siquiera pudo describir de forma concreta.
“Lo que me impresionó de la primera visita fue el olor. Uno que no puedo describir propiamente, pero podría denominarlo como el olor de la muerte. A eso creo que huele la gran ausencia humana. Y es un olor muy penetrante, porque es la descomposición de miles de cuerpos al tiempo”, afirmó.
“Uno se queda con la idea de que se pudo hacer más”
En La Guaira, el médico vivió tres experiencias que marcaron para siempre su corazón. En la primera, una enfermera llegó avisando que había tres personas vivas en un edificio aledaño, estaban atrapadas entre los escombros y todavía podían escucharse gritar. Sin embargo, por el protocolo médico, Prieto tuvo que negarse a acompañarla. Sin embargo, pudo hablar con las autoridades competentes para activar un equipo de rescate. Nunca conoció el desenlace.
La segunda fue la historia de un soldado con antecedentes de epilepsia que dejó de tomarse los medicamentos por cuenta de la tragedia y empezó a convulsionar.
“Cuando llegó, estaba en una situación crítica y todavía no se habían instalado los gases medicinales, no teníamos oxígeno ni contábamos con algunos elementos básicos de reanimación. Fue muy duro contrastar la diferencia entre tener los conocimientos para ayudar y los insumos para hacerlo. Es algo inolvidable, pensé que un muchacho tan joven no podría perder la vida. Por fortuna, se pudo remitir a un centro asistencial y quedó fuera de peligro”, relató el voluntario.
Finalmente, un grupo de cinco niños rescatados de los escombros iba en camino al punto móvil donde se encontraba en servicio Prieto, de hecho, los encargados tuvieron que adecuar el espacio para recibirlos, pero los menores nunca llegaron.
“Estábamos haciendo todo el montaje para recibirlos, y en esa preparación dicen: ‘No son cinco, ahora son cuatro’. El turno pasó y los niños no llegaron. No supimos si los sacaron y los llevaron directamente en un helicóptero o si los pudieron rescatar o no. Esa frustración es terrible porque uno se queda con la idea de haber podido hacer más”, concluyó el doctor.
La tragedia va mutando
Actualmente, la situación en el país no se resume únicamente en las imágenes de los edificios caídos o de las cifras de fallecidos y desaparecidos, la situación de quienes lograron sobrevivir ha cambiado enormemente, y el entorno ya no es el mismo que el de mayo de este mismo año.
“En Caracas visitamos múltiples hospitales, pero también aprovechamos para visitar los albergues y conocer algunas de las necesidades que está teniendo la población. Por ejemplo, se ha presenciado el desarrollo de problemas infecciosos, el deterioro de la salud mental, restricciones al acceso a agua potable, pánico o el exceso de pacientes con enfermedades crónicas por falta de medicamentos. Todo esto nos da a entender que la tragedia va mutando y las complejidades se van expresando de manera diferencial a medida que van pasando las semanas”, concluyó Prieto.
Ola de solidaridad
A pesar de lo complicado de la situación, el doctor Camilo Prieto fue enfático en señalar las cosas buenas que se han hecho desde cada corazón que ha aportado, de manera voluntaria, un granito de arena para los hermanos venezolanos. Destacó, sobre todo, el valor de la confianza entre seres humanos y que lo bueno, en conjunto, puede ayudar a alivianar las dificultades.
“Iniciamos una campaña de recolección de donaciones. Nos pusimos una meta de 150 millones de pesos y llegamos a más de 360 millones. Quiero destacar la confianza de las personas; es algo invaluable”, afirmó el médico cirujano.
“A pesar del sentimiento de impotencia enorme por lo que no se pudo hacer en una tragedia como esta, pudimos ver cómo se expandía una enorme ola de solidaridad y de confianza que nos animaba. Y nos ha venido alentando. Entonces, en la segunda visita, entregamos en Caracas los equipos que habíamos podido conseguir para fortalecer las unidades de cuidados intensivos y también las unidades de radiología”, agregó.
Adicionalmente, a través de sus redes sociales, Prieto ha compartido constantemente las facturas con los movimientos monetarios, con el fin de darle trazabilidad a las donaciones y reafirmar la confianza de quienes apostaron por la misión.
Prieto concluyó mencionando que su balance de este mes “se concentra en ver cómo, cuando los humanos le damos oportunidad a confiar en el otro, crece rápidamente un tejido conectivo de solidaridad que permite cuidar la vida”.
¿Quiénes forman parte de la Misión Médica Colombia por Venezuela?
El equipo de siete médicos está conformado por el pediatra Miguel Bayona, la enfermera Silvia Hernández, las especialistas en epidemiología, Zulma Cucunubá, María Alejandra Ortega y Natalia Martínez, y los especialistas en labores quirúrgicas, Cristina Ángel y Camilo Prieto. Adicionalmente, cuentan con el apoyo de la Fundación Movimiento Ambientalista Colombiano, la Fundación TAAB, la Fundación Venezolanos en Barranquilla y Jóvenes por el Clima de Venezuela.