Era la primera vez que competía después de haberse convertido en mamá. La leyenda del bicicross Mariana Pajón, con 18 títulos mundiales y tres medallas olímpicas, se había alejado de las pistas desde 2024, después de varias lesiones, lo que hizo pensar a muchos que su retiro estaba cerca. Sin embargo, este año regresó y va en ascenso. La también empresaria y creadora de la Fundación Pedaleando por un Sueño, acaba de ganar medalla de oro en velocidad por equipos en ciclismo de pista, en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, un desafío distinto al BMX.

CÍRCULO DE MUJERES: ¿Qué significó volver a competir, incluso en una disciplina diferente?

Mariana Pajón (M. P.): Fue un reto enorme. Llevo toda la vida haciendo BMX y volver a la pista significó aprender y desaprender muchas cosas. Lo más bonito fue volver a sentir la emoción de no saberlo todo, de tener que trabajar fuerte para volver a ser competitiva. En el BMX compito contra otras corredoras; en la pista, hay una dimensión de equipo y también de competencia conmigo misma. Cuando estuve en el podio, sentí que todo el esfuerzo había valido la pena. Fue una forma de reinventarme y de recordar que siempre puedo aprender algo nuevo.

CÍRCULO DE MUJERES: Después de tantas caídas, miedos y dudas, ¿qué ha aprendido sobre la verdadera fortaleza?

M. P.: Una de las batallas más grandes ha sido aprender que no siempre tengo que ser fuerte. También he tenido miedo, dudas, muchísimo cansancio y momentos de preguntarme si iba a poder seguir. Ser fuerte no significa no caerse, no sentir inseguridad o tener el control de todo; significa levantarse, pedir ayuda cuando se necesita, volver a empezar sin sentirse derrotada y seguir creyendo en mí. Esa también ha sido una parte importante de mi resiliencia.

Mariana Pajón, tras su embarazo, volvió a ganar medalla de oro: espectacular victoria en los Juegos Suramericanos

CÍRCULO DE MUJERES: ¿Cómo cambió la maternidad su manera de entender la competencia y el éxito?

M. P.: Ser mamá cambió completamente mi manera de ver la vida y las competencias. Antes ganar era una prioridad, incluso una necesidad. Hoy sigue gustándome ganar, pero ya no define quién soy. Disfruto más el proceso, valoro cada entrenamiento, cada esfuerzo y cada vez que puedo representar a Colombia, porque sé todo lo que hay detrás de llegar a una competencia. Quiero que mi hijo vea en mí a una mujer que persiguió sus sueños sin dejar de estar presente para él. La maternidad no me quitó las ganas de competir; me dio una nueva motivación.

CÍRCULO DE MUJERES: ¿Qué les diría a las mujeres que la ven como referente y a esa niña que soñaba con llegar lejos?

M. P.: Más que una responsabilidad, ser referente es un privilegio. Si una niña puede verme y pensar: “Si ella pudo, yo también puedo”, todo mi esfuerzo vale la pena. Los sueños grandes requieren trabajo, disciplina, perseverancia y también caídas. Hay que luchar por la pasión, la tranquilidad y la felicidad; incluso, a veces, hay que ser un poco terca. Hoy entiendo que el éxito no son solamente las medallas: es mirar atrás y sentir que diste el ciento por ciento de lo que estaba en tus manos y construiste una vida que te hace feliz. Ya no estoy dispuesta a sacrificar lo que realmente importa por una medalla. La medalla debe ser una motivación, no el precio de la felicidad.