Alguna vez nos hablaron de ‘la soledad del líder’ y con los años he entendido mejor lo que significa. Quienes construimos empresa conocemos bien esa sensación: puedes tener un gran equipo, personas extraordinarias a tu lado y buenos consejeros, pero hay decisiones que inevitablemente terminan llegando a tu escritorio. Y nadie puede tomarlas por ti.

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Han sido días difíciles. De esos en los que todos los problemas parecen llegar al mismo tiempo y las responsabilidades empiezan a pesar más de lo normal. Yo también dudo, también me canso, también vivo momentos en los que no tengo inmediatamente la respuesta.

Durante mucho tiempo pensé que ser fuerte era cargar más: resolver, aguantar y seguir. Hoy pienso diferente. También se necesita fortaleza para reconocer cuándo algo pesa demasiado.

Este fin de semana tuve algunas conversaciones que no solucionaron mis problemas, pero hicieron algo quizá más importante: me ayudaron a conectar respuestas que ya estaban dentro de mí.

Y entendí que a veces, cuando llevamos años construyendo, confundimos perseverar con permanecer. Permanecemos en estructuras, relaciones, formas de trabajar, maneras de liderar y responsabilidades que alguna vez fueron necesarias. Pero construir también implica saber cuándo cambiar porque lo que nos permitió llegar hasta aquí no necesariamente es lo que necesitamos para llegar al siguiente nivel. Y eso puede significar tomar decisiones incómodas, pedir ayuda, reconocer errores.

A veces hay que cambiar de dirección y soltar. Hay momentos en los que la vida nos obliga a dejar de cargar aquello que ya no nos corresponde. Las crisis duelen, cansan y asustan. Pero ¿pueden también convertirse en una oportunidad para mirar lo que no estábamos viendo y decidir qué hacemos a partir de ahí?

Esta mañana, cuando el día ya había comenzado, algo me hizo detenerme. La luna seguía ahí: hermosa, brillante, en medio de la claridad. Le tomé una foto y pensé: Hasta a la luna la está iluminando el sol. Y quizá necesitaba verla justo hoy.

Hoy entendí que necesito moverme y tomar algunas decisiones. Debo asumir mis errores, soltar algunas cosas y reconocer que ya llegó la hora de continuar caminando con menos peso.

Para subir un nuevo peldaño, a veces necesitamos tener las manos libres para recibir lo que viene. No sé exactamente cómo será el siguiente peldaño, pero sí sé cómo quiero llegar: quiero llegar más liviana, más consciente y más preparada para construir lo que sigue.

Siempre he dicho: El sol sale para todos. Hoy entendí que a esa frase le faltaba algo: El sol sale para todos, pero somos nosotros quienes tenemos que decidir movernos para encontrar su luz.

Nataly García, fundadora y CEO de Accesspark