Un edificio puede sobrevivir a un terremoto y, aun así, quedar inservible. Las columnas siguen en pie, pero las tuberías se soltaron, los rociadores no responden y el gas no tiene cómo cerrarse. Por eso, hablar de reconstrucción solo en términos de concreto y acero se queda corto.

Colombia ya hizo las cuentas de lo que dejó el sismo de magnitud 7,4 del 10 de agosto. Camacol calcula que entre 220.000 y 230.000 viviendas deberán reconstruirse, rehabilitarse o repararse, y eso ocurre en un país que ya arrastra un déficit cercano a cinco millones de hogares. Un nuevo gobierno, con la ambición de construir más de un millón de viviendas en cuatro años, coincide con un reto que ningún programa ordinario de vivienda había enfrentado.

La era que empieza, entonces, no debería medirse solamente por cuántas casas se levanten, sino por cuántas sean capaces de resistir la próxima vez.

Lo que no se ve es lo que primero falla. En una emergencia sísmica, los elementos no estructurales, como tuberías, soportes, conduit, ductos y sistemas contra incendio, pueden definir si una edificación sigue siendo habitable, si un hospital puede continuar atendiendo o si un incendio posterior al sismo puede controlarse a tiempo. La NSR-10 lo contempla y NFPA 13 exige arriostramiento sísmico para los sistemas de rociadores. Pero una norma solo protege cuando realmente se cumple en obra.

Y cumplir en obra exige decisiones que no siempre son visibles para quien habita una edificación. Exige un diseño y una especificación conforme a la norma, y no una adaptación de las exigencias técnicas al presupuesto. Exige productos certificados. UL y FM no son un sello decorativo: son la diferencia entre un soporte que ha sido probado y uno que simplemente se supone que funciona. Y exige instaladores calificados y supervisión técnica real, porque incluso el mejor diseño puede perder su efectividad cuando se ejecuta mal.

Hay, además, un enemigo que no aparece en los planos: la informalidad.

Venezuela tembló. ¿Colombia está preparada?

Camacol advirtió que, si la oferta formal no alcanza, el déficit se llenará con soluciones por fuera de la norma. También ha señalado que la política ordinaria de vivienda debe mantenerse y no quedar absorbida por la reconstrucción. Una vivienda informal levantada hoy puede convertirse en la próxima emergencia de mañana.

Llevo décadas viendo cómo funciona esta cadena desde adentro, desde el proveedor que entrega la tubería hasta el ingeniero que valida la instalación. Por eso sé que reconstruir rápido y reconstruir bien no son enemigos. El verdadero desafío está en conseguir que ambas cosas ocurran al mismo tiempo.

Y eso se decide desde el principio: con especificaciones claras, proveedores responsables y una cadena que no se salte pasos cuando el cronograma empieza a apretar.

Porque en una reconstrucción, la velocidad importa, pero también importa aquello que queda oculto detrás de las paredes y que solo recordamos cuando algo falla.

Colombia está construyendo su próxima era sobre un terreno que ya nos demostró lo que puede hacer. La pregunta ya no es cuánto vamos a construir, sino cuánto de lo que construyamos va a seguir de pie y funcionando cuando vuelva a temblar.

La industria no para.

Y esta vez, tampoco puede improvisar.

Mónica Delgado Castaneda, CEO Estratégica — Fluidpack e IQD / Fire Sprinkler Center