Hay mujeres que llegan a diciembre sabiendo qué necesita cada persona de su familia. Tienen presentes los planes de sus hijos, los compromisos de su pareja, los gastos que vienen y hasta lo que hace falta arreglar en la casa, pero cuando alguien les pregunta qué quieren para ellas, necesitan un momento para responder.
A veces llevan tanto tiempo resolviendo lo urgente que sus propios deseos se han vuelto difíciles de escuchar. Ese curso que querían hacer puede esperar; la idea de negocio queda para cuando haya más tiempo; volver a estudiar será más adelante; tener una fuente de ingresos propia será cuando los niños estén grandes, cuando la casa esté organizada, cuando todo se acomode.
Y así pueden pasar los años. Siempre hay algo que parece más importante.
Cerca del cierre del año, cuando comenzamos a pensar en lo que viene, vale la pena preguntarnos ¿en qué momento nuestros sueños dejaron de entrar en los planes?
La maternidad puede transformar nuestras prioridades, pues amar a nuestros hijos nos lleva a hacer esfuerzos que antes ni imaginábamos. Sin embargo, también podemos acostumbrarnos a una idea injusta: que para ser buenas madres debemos estar disponibles para todos y aplazar indefinidamente lo que queremos.
Una mujer puede amar la vida que ha construido y, al mismo tiempo, querer algo más para sí misma. Puede disfrutar de su familia y extrañar una parte de su identidad. Puede sentirse agradecida con su pareja y desear tener su propio dinero. Esos sentimientos caben en una misma vida.
Querer ingresos propios merece una conversación sin culpa. El dinero tiene consecuencias muy concretas: permite tomar decisiones, atender una necesidad, invertir en una idea o prepararse para un imprevisto. También puede traer la satisfacción de ver que una habilidad, un conocimiento o una iniciativa propia tiene valor para otros.
Incluso dentro de una relación estable y amorosa, hay espacio para ese deseo de autonomía. Construir algo propio puede formar parte de los planes de una pareja que se apoya y quiere ver crecer a ambos.
Ahora bien, sería muy cómodo decirles a las mujeres que se atrevan a emprender sin hablar de todo lo que ya tienen sobre los hombros. ¿Con qué tiempo se empieza un negocio cuando una sola persona debe recordar las citas médicas, organizar las comidas, cuidar a los niños y responder por la casa?
Por eso, esta reflexión también incluye a los hombres. Apoyar el proyecto de una mujer implica asumir responsabilidades cotidianas y proteger juntos el tiempo que ella necesita para desarrollarlo. Implica que sus horas de estudio o de trabajo se tomen con la misma seriedad que las de su pareja y que el crecimiento de ambos tenga un lugar real en la agenda familiar.
También implica reconocer que comenzar puede ser más pequeño de lo que imaginamos. A veces el primer paso consiste en averiguar cuánto cuesta una formación, escribir una propuesta, ofrecer un servicio o sacar las cuentas de una idea. Otras veces empieza con una conversación pendiente: ‘Quiero hacer esto y necesitamos organizarnos para que sea posible’.
No todas las mujeres quieren emprender y cada una tiene derecho a construir su propio camino. Para alguna será retomar su profesión; para otra, aprender algo nuevo, buscar un mejor empleo o empezar a ahorrar. Lo importante es poder reconocer ese deseo y darle una oportunidad.
Al hacer la lista de metas del próximo año, miremos también cómo estamos repartiendo nuestro tiempo. Si un proyecto propio recibe únicamente los minutos que sobran después de atenderlo todo, será difícil sostenerlo.
Ahora bien, darle un lugar puede exigir acuerdos, ajustes y la aceptación de que algunas cosas tendrán que esperar. Esta vez, alguna de esas cosas puede ser la ropa por doblar, algún compromiso al que podemos decir que no, o una tarea que otra persona puede asumir.
No siempre tenemos que ser nosotras las que esperan.
Ojalá al pensar en el próximo año podamos imaginar, además de lo que queremos darles a quienes amamos, aquello que queremos vivir y construir. Y que cuando alguien nos pregunte qué queremos para nosotras, tengamos una respuesta a la que ya le estamos haciendo espacio.
Cuando hagas los planes del próximo año, asegúrate de que tu nombre también aparezca.
Tatiana Salazar Barrientos, directora operativa de Brutal Marketing SAS