Mi vida empresarial de los últimos años ha estado profundamente ligada a la economía circular. He visto materiales que muchos consideran residuos convertirse nuevamente en materia prima, en productos, en empleo y en oportunidades.
Esa experiencia me enseñó algo que hoy trasciende el mundo de la economía circular; transformar no es solamente cambiar la forma de un material. También es cambiar realidades.
Y esa transformación comienza cuando dejamos de mirar los problemas únicamente desde un escritorio.
Colombia es un país de territorios. Las oportunidades, los servicios y el conocimiento no llegan de la misma manera a todas partes. Hay mujeres que deben desplazarse durante horas para acceder a servicios de salud, orientación psicológica, formación o, simplemente, a información que podría cambiar una decisión importante en sus vidas.
Entonces empecé a hacerme otra pregunta:
¿Y si, en lugar de esperar a que las mujeres lleguen a las oportunidades, llevamos las oportunidades hasta ellas?
De esa reflexión nace Ecomujeres, Ruta Rosa, una iniciativa que busca acercar, a través de una unidad móvil que recorre diferentes territorios, programas de salud, prevención y empoderamiento a las mujeres.
La visión es sencilla, pero ambiciosa: que una mujer pueda encontrar en un mismo recorrido herramientas para cuidar su salud y herramientas para construir su autonomía.
Porque hablar de bienestar femenino no puede limitarse a una sola dimensión. a
La prevención y detección temprana del cáncer de mama, la salud sexual, la vacunación contra el VPH, las citologías o la alimentación consciente son fundamentales. Pero también lo son la salud mental, la prevención de las violencias, la educación financiera, el emprendimiento y la capacidad de una mujer para generar sus propios ingresos.
He llegado a entender que la autonomía económica también puede ser una forma de prevención.
Una mujer que conoce sus derechos, entiende sus finanzas, tiene herramientas para emprender y cuenta con redes de apoyo tiene mayor capacidad para tomar decisiones sobre su propia vida.
Por eso creo que el siguiente paso de la responsabilidad empresarial y social debe ser pasar de las buenas intenciones a modelos capaces de llegar realmente a los territorios.
No necesitamos únicamente grandes discursos sobre equidad. Necesitamos mecanismos que conviertan esos discursos en acceso.
Un vehículo que llega a un municipio puede parecer solamente infraestructura. Pero si dentro de él una mujer accede a una detección temprana, recibe orientación frente a una situación de violencia, aprende a organizar sus finanzas o encuentra herramientas para comenzar un negocio, entonces ese vehículo deja de ser simplemente una unidad móvil.
Se convierte en una puerta.
Y quizás ahí está una de las grandes oportunidades para quienes hacemos empresa en Colombia: entender que nuestra capacidad de transformar no termina en las puertas de nuestras compañías.
También podemos poner conocimiento, innovación, alianzas y capacidad empresarial al servicio de problemas que llevan décadas esperando soluciones.
He aprendido del reciclaje que aquello que parecía haber llegado al final de su ciclo puede convertirse en el comienzo de algo nuevo.
Tal vez con las oportunidades ocurra exactamente lo mismo.
El verdadero legado de una empresa no siempre estará en sus balances, en los edificios que construyó o en los productos que vendió.
También estará en las personas que tuvieron una oportunidad porque alguien decidió llevarla hasta ellas.
Porque una empresa puede vender productos. Puede generar utilidades. Puede crecer.
Pero cuando además utiliza su capacidad para transformar realidades, empieza a construir algo mucho más difícil de medir en un balance: un legado.
Y quizás algún día entendamos que eso también era parte del negocio.
Verónica Vásquez Echeverri, CEO Ecomujeres