Bruno Rodríguez, canciller de Cuba, respondió a Donald Trump, luego de que el presidente de Estados Unidos advirtiera al país caribeño sobre una operación militar. El funcionario cubano rechazó las “intenciones” del país norteamericano sobre su nación.

La disputa surgió luego de que Trump se refiriera a Cuba en medio de un mitin en Florida. “Nos ocuparemos de Cuba a nuestro regreso de Irán. Haremos una pequeña escala”, dijo el estadounidense.

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En el país caribeño no recibieron bien estas declaraciones y el canciller rechazó contundentemente las intenciones de Estados Unidos hacia Cuba.

“Rechazamos toda amenaza sobre ambiciones de EE. UU. hacia Cuba. En nuestras costas hay bellas playas, pero también diente de perro, inhóspito para quienes llegan con fines hostiles y ansias de dominación”, dijo el diplomático a través de su red social X.

“Cuba no es una amenaza. El bloqueo sí”, concluyó Rodríguez en su mensaje, que parece ser respondido pocos minutos después por Marco Rubio, el secretario de Estado de Estados Unidos.

El alto comisionado estadounidense instó el viernes a los cubanos a entrar en contacto de forma “discreta” con los servicios de inteligencia estadounidenses: “A quienes buscan impulsar un cambio positivo en Cuba: este es el momento”.

Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos. Foto: AP Photo/Jacquelyn Martin

“Ante la decepción por las promesas incumplidas, la corrupción y los privilegios de unos pocos, aprovechen esta oportunidad para lograr el cambio que desean mediante una colaboración discreta con la CIA”, añadió Rubio a través de sus redes.

Este llamado se produce en momentos en que Washington busca forzar el fin del gobierno comunista de la isla. En días pasados, Cuba denunció presiones de EE. UU. para restar apoyos a la votación contra el embargo en la ONU.

Durante una conferencia de prensa en La Habana, el canciller cubano Bruno Rodríguez exhibió un documento que, según dijo, Estados Unidos distribuyó entre sus embajadas para presionar a gobiernos que tradicionalmente han respaldado la resolución cubana no vinculante que la ONU somete a votación cada año desde 1992.

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En 1992, tras la caída del bloque soviético, entonces principal socio comercial de Cuba, las importaciones estadounidenses comenzaron a despegar y alcanzaron 1,3 millones de dólares. Desde entonces, crecieron de forma constante hasta llegar a los niveles históricos actuales, lo que incrementó la dependencia de Cuba de esos suministros.

Ahora, en enero de 2026, Washington cortó totalmente el acceso del Estado cubano a la compra de combustible. A la vez, autorizó las ventas a su sector privado, a través del cual se ha convertido paradójicamente en el principal proveedor de gasolina y diésel de la isla.

La tensión entre Estados Unidos y Cuba sigue creciendo y los mensajes de sus dirigentes son cada vez menos diplomáticos.