SEMANA: Cuéntenos qué fue lo que pasó con su hijo.

Luz Marina Pérez: Mi hijo viajó a El Salvador el 28 de diciembre de 2021. Estuvo allá 15 días y exactamente el 11 de enero de 2022 desapareció. No volvió a responder llamadas y la última comunicación que tuve con él fue esa mañana. Desde ahí empezó esta dura realidad de no saber qué pasó con mi hijo. Comenzó una lucha incansable por tratar de encontrar respuestas y, hasta el día de hoy, sigo prácticamente en las mismas. Durante estos cuatro años he tratado de hacer todo lo humanamente posible para tener respuestas sobre mi hijo. He participado en marchas, he acudido a entidades del Gobierno y me han atendido, sí, pero todo se ha quedado en promesas vacías, porque nadie me ha ayudado realmente a saber qué pasó con él. Lo único que sé es que fue asesinado y tirado a una fosa común. Lo único que quiero es que me entreguen el cuerpo de mi hijo, o lo que hayan dejado de él, para poder darle sepultura. Él no merece quedarse allá como si no hubiera existido, como si no hubiera tenido familia o una mamá que lo espera. Desde el día en que desapareció, me hice una promesa: buscarlo hasta encontrarlo. Creo que eso sería lo único que podría darle descanso a mi corazón: que él vuelva a casa y pueda descansar en paz.

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SEMANA: ¿Qué ha pasado con el caso?

L.P.: La verdad, no mucho. Siempre me dicen lo mismo: que hay que esperar, que están trabajando en el caso, que están buscando soluciones. Hace poco me reuní con funcionarios de derechos humanos, pero nuevamente fue lo mismo: “Hay que esperar”. Pero ya llevo cuatro años esperando. Recuerdo que en su momento el presidente Gustavo Petro se pronunció sobre el caso de mi hijo, pero eso también terminó quedándose en una promesa vacía. Desde entonces sigo exactamente igual: esperando y esperando sin respuestas.

Luz Marina Pérez y Gustavo Petro Foto: Semana / Presidencia de la República

SEMANA: ¿Qué significó para usted que el entonces presidente Petro se pronunciara sobre el caso y que después todo quedara en nada?

L.P.: En ese momento fue una luz de esperanza. Sentí que por fin el caso de mi hijo se iba a mover y que tal vez podría recuperarlo. Pero al final quedé muy desilusionada y muy triste. Vi que retiraron el trino y sentí que todo volvió a quedarse en nada. Fue muy duro porque por un momento pensé que realmente me iban a ayudar.

SEMANA: ¿Qué le han dicho las autoridades de El Salvador?

L.P.: Lo mismo de siempre: que hay que esperar. Pedí que me permitieran participar, aunque fuera de manera virtual, en las audiencias relacionadas con el caso de mi hijo. Me pidieron documentos para poder hacerlo, me dijeron que sí, pero finalmente eso también quedó en veremos y nunca fue posible. Lo único que sé es que hubo personas detenidas, que confesaron el crimen y fueron condenadas. Pero, a pesar de eso, sigo esperando respuestas y sin poder recuperar a mi hijo. Llevo cuatro años esperando.

Luz Marina Pérez. Foto: SEMANA

SEMANA: Con la llegada del presidente Abelardo De La Espriella, ¿qué espera usted de este nuevo Gobierno?

L.P.: Tengo mucha esperanza. Sé que el presidente tiene buenas relaciones con el presidente Nayib Bukele y confío en que pueda poner los ojos sobre mi caso, que sí me preste atención y pueda ayudarme. Lo veo como una persona de buen corazón y espero que pueda tener en cuenta mi situación. Incluso hace poco tenía programada una visita a Montenegro, Quindío, donde vivo, y yo preparé una carta esperando poder entregársela personalmente para contarle mi historia y pedirle que me ayudara. Al final no pudo venir y, según tengo entendido, envió al vicepresidente José Manuel Restrepo, pero tampoco pude entregarle la carta. Pero mantengo la esperanza de que este nuevo Gobierno me escuche, ponga los ojos sobre mi caso y me ayude a encontrar a mi hijo.

SEMANA: ¿Cómo han sido estos cuatro años de espera?

L.P.: Han sido cuatro años de una angustia y un desespero que describo como una tortura. Uno no está preparado para perder un hijo de la noche a la mañana, que se esfumó, y que nadie me sepa decir qué pasó con él. Hasta el momento, no sé realmente qué fue lo que pasó. Lo que me dijeron las autoridades fue que lo asesinaron por una confusión relacionada con un tatuaje. Eso es todo lo que sé. Han sido cuatro años de dolor. Todos los días espero una llamada. A pesar de todo lo que me hayan dicho, yo sigo esperando que suene el teléfono y alguien me diga: “Ya lo encontramos, ya se lo vamos a devolver”. Son cuatro años de mucho sufrimiento, de angustia y de incertidumbre.

Luz Marina Pérez reclama para recuperar el cuerpo de su hijo, asesinado por las pandillas. Mientras tanto, las familias le piden al Gobierno nacional que interceda para conocer la situación de sus allegados. Foto: Revista Semana

SEMANA: ¿Ha recibido acompañamiento de alguna entidad del Estado?

L.P.: La Defensoría del Pueblo ha estado pendiente. Incluso me visitaron en la casa para contarme lo último que sabían del caso, aunque realmente era la misma información de siempre. La Defensoría del Pueblo de Armenia, que es la que tengo más cerca, ha estado en comunicación conmigo y sí me han brindado acompañamiento. También me han preguntado si necesito apoyo psicológico o algún tipo de protección; por ejemplo, si he recibido alguna amenaza o si necesito protección por alguna situación relacionada, que no es el caso. En ese sentido han estado presentes, pero la realidad es que sigo esperando respuestas sobre mi hijo.

SEMANA: ¿Su hijo sigue desaparecido o las autoridades ya identificaron un cuerpo?

L.P.: Según las autoridades, existe la posibilidad de que entre unos cuerpos hallados pueda estar el de él, pero sigo esperando una confirmación.

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SEMANA: Tras casi cuatro años desde que desapareció su hijo, ¿qué piensa de toda esta situación?

L.P.: Hablo desde el corazón de una madre que lleva cuatro años sufriendo por la pérdida de su hijo. Mi hijo era un joven que soñaba con tener un mejor futuro. Lo único que les pido a la gente y a las autoridades es que se pongan la mano en el corazón y me ayuden. Son muchos años de espera, de angustia y de desesperación. Solamente quiero traer a mi hijo de regreso, o lo poco que haya quedado de él, para darle cristiana sepultura. Quiero que pueda descansar en paz y estar junto con su familia. No quiero que su caso quede en el olvido. Quiero seguir haciendo todo lo posible para traerlo de regreso, porque siento que ese sería el momento en que yo también podría estar en paz. Mucha gente dice que ya pasó demasiado tiempo, que quizá ya no hay nada. Pero siento que él me está esperando. Siento que está esperando que lo traiga de vuelta para poder descansar en paz. Y hasta que eso ocurra, yo no voy a dejar de buscarlo.