Una de las carreteras con mayor índice de siniestralidad en América Latina continúa apareciendo como ruta sugerida en Google Maps, pese a su historial crítico de accidentes y a las advertencias de autoridades de transporte en Bolivia.

Se trata del Camino de Yungas, conocido internacionalmente como la “Carretera de la Muerte”, utilizado aún por comunidades locales y operadores turísticos que se dirigen a la zona de los Yungas.

La vía, que conecta La Paz con Coroico, conserva varios tramos originales construidos en la década de 1930 por prisioneros paraguayos, donde persisten precipicios de casi 1.000 metros, curvas sin visibilidad, secciones de apenas tres metros de ancho y zonas sin barreras de protección.

Durante los años noventa llegó a registrar hasta 300 muertes anuales, según datos de organismos bolivianos de seguridad vial.

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Aunque un desvío moderno alivió parte del tránsito vehicular, el tramo histórico sigue abierto y conserva sus características más temidas: sectores de apenas 3 metros de ancho, curvas ciegas, humedad constante, cascadas laterales y puntos sin barreras.

Ese contraste, entre modernización parcial y preservación del trazado antiguo, ha mantenido la incertidumbre sobre por qué continúa siendo una alternativa de tránsito.

Un autobús recorre la carretera que conecta la ciudad de La Paz con Coroico en los Yungas del Norte. Foto: Getty Images

A pesar de su reputación, el Camino de la Muerte sigue siendo utilizado por comunidades locales que dependen de su trazado para conectarse con los Yungas. Además, es una de las rutas preferidas por operadores turísticos que llevan grupos de ciclistas y viajeros que buscan experimentar el descenso. En zonas rurales sin opciones directas, Google Maps lo sigue registrando como un camino válido, aunque no necesariamente como el más seguro.

En algunos trayectos hacia Coroico, la plataforma todavía sugiere el tramo histórico, lo que genera sorpresa y alarma entre usuarios extranjeros que desconocen su pasado.

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La ruta tiene una longitud de 64 kilómetros. Un desnivel de 3.500 metros entre el punto más alto y el más bajo. Ancho en varios sectores de apenas 3 metros. Esta conecta La Paz con Yungas. Mientras que su construcción data de la década de 1930 por prisioneros paraguayos.

La carretera de los Yungas conecta a La Paz, Bolivia, con la selva amazónica. Foto: Getty Images

Ese relieve extremo, sumado a la neblina frecuente y al tránsito mixto entre bicicletas, camionetas y buses pequeños, convierte la ruta en un desafío incluso para conductores experimentados en montaña.

Dicho camino en general no es recomendable para quienes no conocen técnicas de conducción en caminos estrechos y húmedos. En temporada de lluvias, los desprendimientos son comunes y la visibilidad puede reducirse drásticamente.

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Dentro de las recomendaciones para cruzar la carretera está el revisar el clima y evitar días lluviosos. No conducir de noche ni con neblina espesa. Seguir las normas locales de adelantamiento. Usar vehículos ligeros y con sistemas de frenado en óptimas condiciones y en caso de hacerlo en bicicleta, optar por tours autorizados y con guías certificados.