El cofundador del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Erick Valencia Salazar, se declaró culpable ante un tribunal de Estados Unidos por cargos relacionados con narcotráfico, en un caso que vuelve a poner en evidencia el alcance internacional de estas redes criminales.
Según informó el Departamento de Justicia, Valencia Salazar, conocido como el 85, admitió su participación en la distribución de cocaína con destino al mercado estadounidense. En concreto, aceptó responsabilidad por el envío de al menos cinco kilogramos de droga hacia ese país. La sentencia será definida el próximo 31 de julio y podría oscilar entre los 10 años de prisión y la cadena perpetua.
El narcotraficante había sido capturado por primera vez en México en 2012, pero posteriormente recuperó la libertad. Años más tarde, en 2022, fue detenido nuevamente y finalmente extraditado a Estados Unidos en febrero de 2025, en un contexto de mayor presión de ese país contra organizaciones criminales internacionales.
Valencia Salazar tuvo un papel clave en la evolución del crimen organizado en México. En sus inicios, formó parte del Cartel del Milenio, bajo el mando de Óscar Orlando Nava Valencia. Tras la caída de varios líderes de esa organización, participó en la creación del CJNG, uno de los grupos criminales más poderosos de la actualidad.
Entre sus aliados estuvo Nemesio Oseguera Cervantes, alias el Mencho, quien durante años lideró el cartel y se convirtió en uno de los hombres más buscados por las autoridades. Su muerte en febrero, durante un operativo militar en México, desató una ola de violencia en distintos estados, evidenciando la capacidad de estas organizaciones para desestabilizar regiones enteras.
Un fenómeno que impacta a nivel global
El caso de Valencia Salazar refleja una problemática que trasciende fronteras. Aunque Estados Unidos es uno de los principales destinos de drogas ilícitas, el narcotráfico es un fenómeno global que involucra redes complejas de producción, transporte y distribución.
Desde América Latina, donde se concentra buena parte de la producción de cocaína, hasta Europa y Asia, donde el consumo ha ido en aumento, el negocio de las drogas mueve miles de millones de dólares cada año. Esta dinámica no solo fortalece a organizaciones criminales, sino que también alimenta la violencia, la corrupción y la inestabilidad institucional en múltiples países.
En los últimos años, grupos como el CJNG han mostrado una expansión significativa, diversificando sus operaciones y consolidando rutas internacionales. Esto ha obligado a los gobiernos a reforzar la cooperación entre países, así como a implementar estrategias más agresivas en materia judicial y de seguridad.
En este contexto, el proceso judicial contra el 85 se convierte en un nuevo capítulo dentro de una lucha mucho más amplia: la de contener un fenómeno que continúa evolucionando y que representa uno de los mayores desafíos de seguridad a nivel mundial.